Boric entrega el mando de Chile con la peor evaluación desde el retorno a la democracia
El presidente chileno traspasa el poder al derechista José Antonio Kast este miércoles

El presidente saliente de Chile, Gabriel Boric, junto al entrante José Antonio Kast, en el Palacio de la Moneda. (EFE)
El experimento frenteamplista en Chile no terminó bien. Tras cuatro años en el poder, el presidente Gabriel Boric entregará este miércoles el mando al republicano José Antonio Kast, ubicado en sus antípodas ideológicas, cargando, además, con una de las peores evaluaciones de la reciente democracia.
Pese al esfuerzo del Gobierno estos últimos tres meses por destacar las obras de la Administración, lo cierto es que Boric y su equipo ven hoy frustrados sus sueños refundacionales y entregan el país con preocupantes índices en materia fiscal (déficit estructural del 3,6% del PIB) y desempleo del 8,3%, así como de inseguridad y corrupción.
Algunos de los recientes sondeos de opinión lo colocan entre los mandatarios menos populares de los últimos decenios, con un respaldo cercano al 30% Este índice se ha mantenido inalterable durante todo el mandato y responde a una base incondicional que el sábado se reunió en la plaza de La Constitución, frente al palacio presidencial, para despedirlo y agradecerle su gestión.
«Puedo decir con tranquilidad y convicción que me voy con la frente en alto y con las manos limpias», defendió Boric ante sus simpatizantes a modo de despedida.
Aunque el mandatario asegura haber entregado lo mejor de sí, lo cierto es que no pudo implementar su programa original en su totalidad. Por el camino se vio obligado a abandonar profundas reformas postuladas para varias instituciones. Entre ellas, la Policía, pensiones, tratados comerciales y la agencia tributaria.
Inexperiencia
La inexperiencia es el factor que todos los analistas señalan como el común denominador de este tropiezo, así como sostener un proyecto ideológico identitario que no respondía a las necesidades reales de la ciudadanía. De ahí que el primer golpe de realidad lo sufriera a mediados de su primer año en La Moneda, cuando los chilenos rechazaron por un 62% la primera propuesta constitucional que iba dar sustento a sus políticas.
«Puedo decir con tranquilidad y convicción que me voy con la frente en alto y con las manos limpias», defendió Boric ante sus simpatizantes el sábado
Al rescate de los frenteamplistas fueron dirigentes de la socialdemocracia, cuyo rostro emblemático fue la exministra del Interior Carolina Tohá. Apoyado en ellos, Boric se vio obligado a manejar una agenda impuesta por el país y centrada en el combate de la delincuencia y crimen organizado, el control de inmigración y el crecimiento económico, todas materias ajenas al mundo de la izquierda.
El joven mandatario, que deja el poder con 40 años y queda instalado en el carril presidencial con miras al 2030, puede contar entre sus logros importantes reformas como la ley de las 40 horas laborales, el aumento del salario mínimo y el término del copago en el sistema público de salud. Pero la más significativa, la reforma de las pensiones, sólo profundizó la participación de los entes privados en el seguro social.
En la carpeta de pendientes quedan otras como el fin del Crédito con Aval del Estado (CAE), que mantiene a miles de estudiantes universitarios endeudados, el pago de impuestos por los superricos o una nueva Constitución que pusiera fin a la impuesta por el dictador chileno Augusto Pinochet.
En lo político, Boric tampoco logró conformar una gran coalición de centroizquierda que fuera desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista y el Frente Amplio. Su sueño se truncó hace algunas semanas al exponerse las divergencias que tienen en temas como seguridad ciudadana. Esta ruptura quedó de manifiesto con la no concurrencia de algunos partidos a su cónclave de cierre realizado el viernes.
Aunque en lo electoral, tanto la derecha como la izquierda quedaron empatados en el Congreso, lo cierto es que la candidata presidencial oficialista, la comunista Jeanette Jara, obtuvo el peor desempeño de su sector desde 1990; la derecha radical y el populismo avanzaron y Boric entregará la banda presidencial a José Antonio Kast, un férreo detractor.