Editorial: Hacia el apagón definitivo del castrismo
El régimen procura sobrevivir entre dos presiones: la que lo obliga a sentarse a conversar con su peor enemigo y la que ejercen día tras día las protestas populares.

En Venezuela no existían militares cubanos, aunque luego se vio que sí. Y con Washington no existían conversaciones, aunque ahora resulta que sí se conversa.
Las bajas militares anunciadas por EEUU y la repatriación de cadáveres desde Caracas derribaron las mentiras del régimen de Cuba sobre su participación en Venezuela. Y desde hace semanas, después de las declaraciones del presidente Donald Trump, ese mismo régimen pudo haber reconocido que dialogaba. Pero prefirió empeñarse en su vieja costumbre de mentir a la opinión pública. Mintió cuando, en vista de las declaraciones desde Washington, resultaba innecesario ya acogerse al secreto diplomático.
Reunido ayer con el Buró Político, el secretariado del Comité Central y el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, Miguel Díaz-Canel reconoció finalmente que existen conversaciones con el Gobierno de EEUU. Y esta mañana, en comparecencia televisiva, repitió sus mismas palabras sobre ese tema para extenderse luego en pormenores acerca de lo que su administración realiza para garantizar el suministro eléctrico.
Se espera que del diálogo con Washington salga el fin de eso que Díaz-Canel llama «bloqueo energético». Sin embargo, los apagones cubanos vienen desde mucho antes de que EEUU decidiera sobre el suministro de combustible a la Isla y, de atenernos a lo explicitado por Trump, el diálogo con La Habana va en pos del apagón definitivo del régimen castrista.
Dentro de la Isla, las caceroladas en protesta llevan celebrándose desde hace una semana, pese a las detenciones y la represión. Y sabemos con entera certeza ya que el régimen procura sobrevivir entre dos presiones: la que lo obliga a sentarse a tratar con su mayor enemigo y la que, día tras día, ejercen las protestas populares.
Reconocido el diálogo Washington-La Habana por ambas partes y establecidas a diario las protestas dentro de la Isla, el panorama empieza a estar más claro, aun pese a los apagones. «No queremos luz», grita la gente en Cuba, «queremos libertad».