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Antonio Caño: La suerte está echada

«Por tercera elección, la derecha demuestra tener el respaldo de más del 50%, Sánchez no es dique sino promotor de esa mayoría»

La suerte está echada

Ilustración de Alejandra Svriz

 

El predominio electoral de la derecha en España es ya a estas alturas una realidad incontestable, pendiente únicamente de ratificarse en unas elecciones generales. La derecha, la suma de Partido Popular y Vox, representa más de la mitad de los electores en este país y anula cualquier posibilidad de mayorías alternativas. Lejos de ser el dique que Pedro Sánchez ha prometido ser, el líder socialista se ha convertido en el gran impulsor de la mayoría conservadora más amplia de la historia democrática española.

La suerte está echada en la política española: la derecha es mayoría. Y si Sánchez se resiste a convocar las elecciones que exige la lógica democrática por su minoría en el Parlamento y su incapacidad de aprobar Presupuestos es simplemente porque es consciente de esa realidad y prefiere apurar sus últimas horas en el poder, aun en condiciones tan anómalas desde el punto de vista del código de una democracia.

Castilla y León confirmó ayer lo que habíamos visto antes en Extremadura y en Aragón y lo que veremos pronto en Andalucía y en toda España: que la izquierda está en retirada, que Sánchez no cuenta con el respaldo popular y que si el PSOE aún resiste y no cae hasta cifras ridículas —cosa que puede llegar a ocurrir— es solo porque aglutina todo el voto del resto de la izquierda, cuya situación es todavía más miserable. Ríanse de un dato: Se Acabó La Fiesta dobló en votos a Podemos en Castilla y León.

Ganó el Partido Popular en esa comunidad y lo hizo con mérito. Conquistó un par de escaños después de llevar gobernando ese territorio desde hace casi 40 años. Consiguió, además, contener ligeramente el imparable ascenso de Vox, que aumenta un poco —un escaño—, pero no confirma las expectativas que ellos mismos habían alimentado ni continúa la estela de crecimiento espectacular que había mostrado en las anteriores autonómicas. Vox empieza a sentir que algunos errores se pagan y que, si el PP no se equivoca tanto como suele, su éxito no es tan seguro. Ojalá que parte del motivo por el que Vox ha visto contenido su crecimiento sea por su vinculación con Donald Trump. Sería justo que un partido que se ha convertido en la sucursal del trumpismo en España fuese castigado por los votantes a los que Trump perjudica cada día con sus decisiones.

Para desgracia de la Moncloa, el PSOE ha comprobado en Castilla y León que es mejor competir con un candidato de la tierra con menor proximidad a Sánchez que con una ministra de su Gobierno. Los votantes odian más al Gobierno que al PSOE. Dicho de otra forma, es posible que quede alguna simpatía por otro PSOE, pero eso apenas compensa el rechazo a Sánchez. Ni Hodio ni ‘no a la guerra’ ni otros inventos: Sánchez solo es visible en los mítines, no puede pisar la calle, ha perdido por completo la conexión con los ciudadanos y ni siquiera un buen candidato en Castilla y León ha sido capaz de crecer lo suficiente para darle a su partido una victoria que ha abortado la política del Gobierno.

Para el PP ya es suficiente éxito seguir creciendo después de tantos años de Gobierno y a pesar del ascenso de Vox. Es cierto que se ve favorecido por la desaparición de Ciudadanos, pero lo que es indiscutible es que, por tercera elección consecutiva en apenas tres meses, Alberto Núñez Feijóo y el Partido Popular son la única y clara alternativa de poder.

 

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