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Manuel Felipe Sierra: “Las transiciones no se decretan ni se programan”

Entrevista de Macky Arenas

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-“El que será sustituido da signos de agotamiento y ello facilita el paso hacia otro modelo”

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-Corrientemente, la gente habla de transición como si se tratara de un cambio definitivo y hasta inmediato. ¿Qué podríamos llamar, con propiedad, transición política?

– Piensan que es un cambio de gobierno, que es otra cosa. Una transición es cuando un modelo se desplaza hacia otro, lo cual puede ser un proceso traumático. Otro asunto es un cambio de gobierno. En las transiciones existe un acuerdo, no explícito, entre el factor que va a ser sustituido y el que viene. El que será sustituido da signos de agotamiento y ello facilita el paso hacia otro modelo. Por supuesto, siempre que ocurra sin traumas, es decir, que no sea producto de la violencia. Las transiciones son conocidas por eso.

 ¿Cuáles podríamos reconocer en Venezuela?

-Tres. La primera ocurrió a la muerte de Gómez, lo cual planteó cómo sustituir ese régimen que implicó luchas y enfrentamientos militares, invasiones. La muerte de Gómez facilitó un proceso de normalidad hacia un régimen distinto, entre otras cosas porque salía del propio seno del gomecismo que venía dando muestras de agotamiento, no desde el punto de vista del ejercicio del poder, sino desde el punto de vista de su proyecto. Un factor importante fue que el paso se diera con factores que venían del propio gomecismo. Todo ello, condicionado por lo que venía ocurriendo en el mundo. Desde el año 36 ocurrían hechos en Europa que obligaban a un replanteamiento, que se dio a través de López Contreras y que abrió camino para un regreso a la democracia.

Pero esa transición no fue inmediata…

-No, requirió de un proceso de facilitación lento, de acceso a la democracia a través de los años de López Contreras y de Medina Angarita, siendo los del primero más difíciles, pues tuvo que enfrentar al gomecismo, el cual, curiosamente, no se activó pues no hubo resistencia, revancha, ni mayores muestras de fuerza. Pero sí de los factores que estaban naciendo en el país: los partidos políticos no existían y comenzaron asociados a las tendencias mundiales. La izquierda tuvo participación. Todo, en medio de una Venezuela sumida en el atraso total, lo cual hacía necesario un cambio importante que venía estimulado por el petróleo que proveía un ingreso al Estado venezolano, no a la economía del país. Allí comenzó el famoso Programa de Febrero de López Contreras, que buscaba la modernización de Venezuela.

–  ¿De dónde viene esa famosísima frase de López Contreras, de la que echamos mano con ocasión y sin ella, “Calma y cordura”?

– En su primer mensaje en la radio la dijo. Era como la respuesta a una incógnita. En esos momentos no se sabía qué podía ocurrir. Se sabía que sobrevendría un cambio, pero se ignoraba si sería traumático, violento. Las fuerzas del gomecismo auténtico sabían que no se mantendrían, pero había un factor importante en su entorno, aquellos que apostaban por conservar  el poder, lo cual no parecía posible. Ante esa incertidumbre, López Contreras predicó la “calma y cordura”.

– ¿Hubo antes un proceso similar que les permitiera un marco referencial para gerenciar la coyuntura?

– No, se trataba de un proceso inédito. Por eso hay que tener presente el contexto del mundo y de la propia América Latina. Europa había salido de la I Guerra Mundial y estaba al borde de la II. Había aparecido el nazismo, la Guerra Civil española, y por este lado, los cambios en México. El momento era tremendo. Cuba era como una extensión de la guerra española, nació el anarquismo que derrotó a los militares por la presión popular. Cuba ya, desde el año 27, conocía lo que era la autonomía universitaria y parte de la resistencia venezolana se había desplazado a esa isla, sobre todo la más radical, y había participado en todo ese proceso cubano. Ello asomaba una situación compleja.

– ¿Qué hizo  López Contreras para manejar la transición?

-Primero se planteó cambiar el país, las instituciones, la Ley del Trabajo, el sistema de salud, la Educación -creando el Instituto Pedagógico Nacional-, ese tipo de cambios. Pero pocos en política, porque temía que se complicaran las cosas, ya que el gomecismo no había sido derrocado. A partir del 28, cuando se produjo la rebelión estudiantil, Pedro Manuel Arcaya, jurista e ideólogo del gomecismo, introduce en la Constitución, artículo 32, el Inciso 6to, que establecía que algunos venezolanos, por sus ideas, no podían tener acceso a cargos públicos y debían ser perseguidos. Eso le sirve a López Contreras, para aplacar la posibilidad del cambio político, pues esgrime esa disposición para limitar la participación política de ciertos factores que podían poner en riesgo la tranquilidad de la transición. Ese inciso impedía la legalización de partidos políticos, permitía la represión en algunos casos, y se llegó a expulsar a dirigentes políticos que aupaban la democracia. Pero, en paralelo, desde el punto de vista institucional, el país estaba cambiando por las reformas que se ponían en marcha. Ello caracterizó ese período, que luego se prolonga con la escogencia de Medina Angarita. Pero hay que diferenciar: mientras López Contreras se centró en reestructurar el Estado, sin mayores cambios políticos, Medina facilitó la democratización eliminando el Inciso, legalizando partidos, abriendo la libertad de prensa. Es por ello que podemos decir que la transición gomecista ocurrió en dos etapas.

– ¿Qué pasaba en las fuerzas militares?

– Igualmente, los jóvenes militares, influenciados por las guerras europeas donde eran protagonistas, comenzaron también a contaminarse con las ideas políticas y plantean la geopolítica, que hasta ese momento no se conocía como concepto. Y esos militares modernos – herederos del gomecismo- plantean que la modernización debe impregnar la política. Ya los partidos estaban cobrando otra fuerza y entra a jugar un papel importante Acción Democrática. Rómulo Betancourt había optado por la vía socialdemócrata de Haya de La Torre de sumarse a los cambios en el mundo, pero conservando el perfil latinoamericano. Así como los militares estaban asumiendo su nuevo rol, los partidos, paralelamente, pasan a ser instrumento social, no puramente políticos. Y se crea una plataforma de sectores, que luego serían gremios y sindicatos, que buscaban el ascenso social y el partido era su vocero, promotor y representante político. Ello se canaliza a través de AD.

-¿Qué rescatarías de esas transiciones, como inspiración para nuestra realidad hoy en Venezuela?

-Ante todo, que las transiciones no se decretan ni se programan. Fundamentalmente son una interpretación de la realidad política y de los cambios sociales. Se cabalga sobre las nuevas tendencias pues se supone que las transiciones son para ir a mejor. El 18 de octubre no fue transición sino golpe de Estado, combinando ambos factores. Los nuevos militares que se estaban formando -el caso de la Unión Patriótica Militar- tenía necesidad de liquidar la vieja estructura militar para sobrevivir. Debían acabar con los “chopoepiedra”, que no tenían formación académica y obedecían a un caudillo con una visión absolutamente primitiva. Ello contrastaba con los militares que ya visualizaban una institución militar moderna, y con los partidos que ya no cultivaban el liderazgo de un caudillo sino que se esforzaban por entender la realidad social. Esos dos factores se unen y produjeron el golpe de Estado, pero apuntando a situar al país en los nuevos tiempos, aun cuando se trató de un hecho de fuerza. Hecho que era parte del posgomecismo, pero la versión moderna de ese proceso. Se escoge a Rómulo Gallegos, que era el símbolo de la civilidad en Venezuela. En esos tres años se dan importantes cambios políticos que se complementan con los reajustes institucionales que promueven López Contreras y Medina Angarita. Finalmente, el trienio de Gallegos se complementa con los cambios políticos faltantes.

 Allí se ejemplifica claramente la diferencia entre transición y cambio de gobierno…

– ¡Claro! El Trienio tampoco fue transición, sino el choque entre la visión democrática civil de Betancourt y la -también democrática- que traía la institución militar. Los del 18 de octubre eran los mismos del 24 de noviembre. No querían regresar a una dictadura, sino avanzar en sus proyectos. Uno de los lideres destacados en el golpe del 18 de octubre era Delgado Chalbaud, quien consideró que había que corregir ciertas desviaciones ocurridas en el gobierno de Gallegos. Allí siguió la llamada “dictablanda”, pues no era dictadura en toda regla, sino que exhibía presencia militar.

-¡Pero abrió el campo a la dictadura de verdad, la de Marcos Pérez Jiménez!

– Sí, derivó en esa dictadura militar y política. Allí entra a jugar el factor militar, pero sin compartir con civiles, ni nada parecido. El componente civil es despreciado. La dictadura se explica, de nuevo, por el factor petrolero. Venezuela pasa a ser el gran exportador pues la devastación de Europa por la guerra requiere el petróleo venezolano. Pérez Jiménez impuso un modelo desarrollista que implicó una transformación indudable para el país, pero en el marco de las viejas dictaduras. Se plantea la obvia necesidad de rescatar los valores democráticos, ya en ese momento compartidos como fundamentales en el mundo. Pero la posibilidad de rescatarlos suponía enfrentar a la dictadura y se produce la necesidad de un cambio transicional. La dictadura se niega y comienza un duro proceso que conduce al derrocamiento de Pérez Jiménez.  Y es allí que ocurre la verdadera transición en 1958 cuando entra la Venezuela democrática.

– ¿Qué escollos presentó ese proceso?

– La dictadura cayó, pero el perezjimenismo permanecía intacto, y ello produjo altibajos en la transición. Tenían fuerza militar y generaron intentos de golpes de estado y rebeliones. Los sectores civiles también se radicalizan. Fueron 10 meses de gobierno de Larrazábal, con momentos de mucha tensión y confusión. Pero se facilita una transición y esa es la que dura.

-Aun con Betancourt la transición seguía pues el país no se había aplacado. Recordemos la guerrilla urbana y los distintos episodios de insubordinación militar…

– Por supuesto, se añadieron otros factores como la izquierda radical, pero el militarismo se mantenía.

– ¿Y lo de Chávez qué fue?

– Una transición que él no buscó, sino que coincidió con el agotamiento del modelo puntofijista, y emerge esa opción que pudo ser cualquier otra, pero siempre producto del resquebrajamiento del sistema. Él gana las elecciones, pero con un planteamiento contrario a la democracia. No obstante, fue una transición pacífica, electoral, porque la democracia le permitió un triunfo legítimo. La transición no fue explícita, pero se creó algo completamente distinto a lo que había.

– Qué está planteado ahora?

– Hay un agotamiento de la propuesta original del chavismo y el madurismo, y factores que apuntan a un cambio moderno que no es vuelta al pasado, pues las transiciones se alimentan de nuevas realidades. En el caso de Venezuela es lo que creo que está planteado. El propio factor que será desplazado, para sobrevivir, admite la necesidad de un cambio, admite facilitar el proceso, que es lo que ahora hacen representados en Delcy Rodríguez. Expresamente lo están haciendo, y de la manera más brutal, que es negociando con el enemigo que te impuso sanciones. No vendrá una nueva versión del socialismo del siglo XXI, pero esto podría derivar en una junta de gobierno cívico-militar, otro gobernante, o lo que sea, pero en esencia no será más de lo que había. Con lo que está pasando con la industria petrolera, ya el chavismo colapsó. Está abierta al capital internacional. La mayoría de las fincas expropiadas están siendo regresadas a sus dueños. Por ejemplo, la Goodyear, que había sido eliminada, reabre en Valencia: 1.000 trabajadores directos y 4.000 indirectos; incluso producirán cauchos para bicicletas y no sé cuántas cosas más. Ya es la recuperación de la economía, y capitalista. Ya no es el socialismo chavista.

Aun cuando siempre los militares han jugado un rol en los acontecimientos políticos, visto lo visto, ¿hará falta hoy su concurso para un cambio?

-El chavismo insurgió, inicialmente, para decapitar la cúpula militar y, de paso, al poder civil. Por eso, una de sus primeras tareas fue acabar con la estructura militar, tal y como estaba concebida. Allí estuvo la mano de Fidel Castro. Por su consejo, Chávez armó su propia estructura militar. Los militares quedaron sin fuerza en el proceso.  Se rediseñó la enseñanza misma y el concepto de las fuerzas armadas. Les inculcaron valores distintos y perdieron la capacidad tecnológica. Antes, existía una diferencia entre civiles y militares. Hoy, uno puede ser militar y también ministro. Hoy, los milicianos -que no son militares- forman parte de la fuerza militar. La cubana tenía una raíz ideológica, esta es meramente mercantilista. Hoy venden pollos. Desnaturalizaron la esencia militar, colapsó la disciplina y se presentan como un gobierno cívico-militar. Este conglomerado militar no se parece a ningún otro. Hoy, ellos ya no son la fuerza, tal vez los mandos medios mantengan alguna capacidad, pero perdieron su fuerza, su esencia.

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