DeclaracionesDictaduraPolíticaRelaciones internacionales

EE.UU. advierte a Cuba de que los cambios anunciados no son suficientes

Marco Rubio admite que se han exigido a La Habana un cambio de corte político inmediato, tras la asfixia económica por el recorte de energía

Abajo el bloqueo imperialista. Donald Trump arremete una vez más contra Cuba

 

Los cambios anunciados por Cuba «no son lo bastante drásticos» y no van a arreglar nada. Con esa frase, pronunciada por el secretario de Estado, Marco Rubio, junto a Donald Trump, la Casa Blanca dejó este martes una advertencia que va más allá de la crítica económica y apunta directamente al corazón del régimen: Washington considera que el sistema cubano ya no se sostiene, que no puede corregirse con ajustes menores y que necesita un relevo político de fondo.

«Tienen que cambiar drásticamente», dijo el secretario de Estado. Y remató con una idea todavía más clara: «Tienen que poner a gente nueva al mando».

No fue una observación aislada. Trump dejó entrever que prepara nuevos movimientos sobre la isla. «Cuba ahora mismo está en muy mala situación», dijo el presidente, antes de añadir que la Administración está centrada en ese frente y que «haremos algo con Cuba». No quiso concretar qué medidas estudia, pero Rubio sí fijó que el embargo sigue ligado a un cambio político en la isla y la apertura anunciada por La Habana no altera ese cálculo en Washington.

Ese mensaje llega en un momento de extrema debilidad para el régimen cubano. Miguel Díaz-Canel admitió recientemente que su Gobierno mantiene conversaciones con representantes de la Administración Trump para «buscar soluciones» en medio de la asfixia económica que vive la isla. Lo hizo después de semanas de silencio oficial y de filtraciones sobre contactos ya en marcha.

La Habana había evitado confirmar esas gestiones, pese a que Trump había dejado entrever varias veces que existía diálogo. Finalmente, Díaz-Canel reconoció públicamente que los intercambios existen y que se desarrollan, según su versión, sobre bases de «igualdad y respeto» entre ambos Estados.

Cuba atraviesa una crisis histórica agravada por el colapso energético. Díaz-Canel admitió que durante más de tres meses no había entrado combustible en el país y describió unas condiciones «muy adversas», con impacto directo en la vida diaria de la población. La falta de gasolina y diésel ha paralizado el transporte, agravado los apagones, alterado la actividad escolar y disparado el malestar social. Desde hace días, en distintos puntos de la isla se repiten cacerolazos nocturnos que retratan una situación cada vez más insostenible.

Guerra en Irán

«Creo que la OTAN está cometiendo un error muy estúpido»

El Gobierno cubano anunció la liberación de 51 presos con mediación del Vaticano, un gesto que recuerda al patrón de 2014, cuando el restablecimiento de relaciones entre Barack Obama y Raúl Castro vino acompañado por la excarcelación de decenas de presos y ciertas aperturas económicas. También han surgido indicios de que Washington podría permitir al sector privado cubano importar petróleo directamente desde Estados Unidos, una medida de enorme calado si se confirma.

En la comparecencia, junto al primer ministro irlandés, Micheál Martin, Trump volvió a convertir la guerra con Irán en un ajuste de cuentas con la OTAN y con varios aliados europeos. No lo planteó como una simple decepción táctica, sino como una prueba de fondo para la alianza atlántica. Dijo que los socios de la OTAN compartían que Irán era una amenaza real y que la ofensiva estadounidense había sido necesaria, pero aun así no quisieron implicarse.

«Me sorprendió ver que la OTAN, aunque estaba totalmente de acuerdo en que era algo muy importante, no quisiera ayudar», vino a decir. Y endureció el reproche con otra frase: «Creo que la OTAN está cometiendo un error muy estúpido». Trump insistió además en una vieja sospecha suya: «Llevo mucho tiempo preguntándome si la OTAN estaría ahí para nosotros». Para él, esta crisis es «una gran prueba» para la alianza: «No los necesitamos, pero deberían haber estado ahí».

Volvió a presentar como ejemplo del desequilibrio que, a su juicio, define la relación entre Estados Unidos y sus aliados. Reprochó a Joe Biden haber gastado «cientos de miles de millones de dólares» en apoyar a Ucrania y sostuvo que Washington no tenía obligación de implicarse tanto. «No teníamos por qué estar en Ucrania», dijo. Según Trump, Estados Unidos está «probablemente metido en eso por 400.000 millones de dólares».

Pero su queja no era solo por el dinero, sino por la falta de reciprocidad, que Washington ayuda a otros y, cuando pide apoyo, no lo recibe. «Nosotros los ayudamos y ellos no nos ayudaron a nosotros», afirmó, antes de rematar que eso «es muy malo para la OTAN». Más adelante llevó aún más lejos ese argumento al asegurar que, sin el armamento estadounidense, «Ucrania habría caído en un día».

Con China, en cambio, el tono cambió por completo. En medio de una comparecencia áspera con Europa, Trump quiso transmitir normalidad con Pekín. Anunció que la reunión con Xi Jinping se está reprogramando y que podría celebrarse «dentro de unas cinco semanas» o «cinco o seis semanas». No hubo ahí reproches ni amenazas, sino voluntad de recomponer. «Estamos trabajando con China y les parece bien», dijo.

También aseguró: «Tengo ganas de ver al presidente Xi», y añadió que la relación bilateral atraviesa un momento razonablemente bueno: «Tenemos una buena relación con China». Incluso se mostró satisfecho en el terreno económico: «China se ha vuelto económicamente muy positiva para nosotros, muy positiva, muy distinta de lo que era antes». Mientras hablaba de la OTAN en términos de frustración y de Ucrania como una carga heredada, con China quiso dar una imagen de relación encauzada y útil.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba