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Notas sobre el difícil camino de la redención en Venezuela

Juan Pablo II - Wikiquote

 

Artículo 15. La Sociedad tiene derecho a pedir cuentas de su gestión a cualquier Agente público. Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. París 1789 

Artículo 16. Una Sociedad en la que no esté establecida la garantía de los Derechos, ni determinada la separación de los Poderes, carece de Constitución. Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. París 1789 

“Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de Derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Hoy se tiende a afirmar que el agnosticismo y el relativismo escéptico son la filosofía y la actitud fundamental correspondientes a las formas políticas democráticas y que cuantos están convencidos de conocer la verdad y se adhieren a ella con firmeza, no son fiables desde el punto de vista democrático, al no aceptar que la verdad sea determinada por la mayoría o que sea variable según los diversos equilibrios políticos. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto como demuestra la historia” Juan Pablo II (Centesimus annus,46)  

 

Venezuela deambula entre la perplejidad, la desfiguración y el espejismo. Deviene en un Estado desrepublicanizado, desconstitucionalizado, desinstitucionalizado, desconvencionalizado y sujeto a tutela política y militar desde una extraña suerte de protectorado ejercido por los Estados Unidos de América. 

Opone su población, no obstante, una expectativa mayoritaria que cree que mejorará la situación más allá de una crisis compleja que condujo al país hacia la pobreza, el atraso, la disfunción general de las prestaciones públicas, el daño antropológico y la perdida de autonomía y soberanía. 

Paralelamente, sin embargo, la incertidumbre racional persiste y la emoción se sostiene, como un renovado animo que se funda en la esperanza acorde con nuestro misticismo. La gente cree que arribará otro escenario mas temprano que tarde y apuesta que el país entrará pronto en un período de transformación y progreso.  

Empero, cambiar las cosas luego de 27 años de una experiencia caótica con nombre de revolución, no es tarea sencilla, ni faena por acometer sin un genuino y vigoroso compromiso espiritual, ético y moral, que sirva de avío en la travesía. Más aun, cuando quienes dirigen el ejercicio de poder y mando son los mismos que crearon y alimentaron la crisis que sofoca al país.  

Una circunstancia no puede ser obviada. El hegemón del norte impone una estabilización fundada en sostener a Delcy Rodríguez y a ella se adhieren precisamente aquellos que dirigieron el deletéreo proceso que nos trajo hasta aquí.   

A la distancia se perciben  entretanto ademanes tímidos de parte de la clase política gobernante en la dirección de corregir algunos entuertos. La vicepresidente encargada intenta conciliar, no sin dificultad, propósitos que traen consigo una aporía; pasar de un extremo a otro para sobrevivir y, agradar al mismo tiempo a sus nostálgicos compañeros de ruta, al protector imperial igualmente y ello, sin dejar de ser ante quienes, como ella, son la rémora contumaz del orden ideológico a superar. 

Una prueba de ello es la Ley de Amnistía, que no resuelve, sin embargo, la tendencia a criminalizar la conducta crítica ciudadanía, y especialmente se mantiene reacia a aceptar el reclamo pluralista y una base de alteridad. Mientras no se deroguen las leyes represivas no habrá retorno a la democracia y al respeto a los derechos humanos. 

Que Perkins Rocha siga y, no solo él, privado de libertad, se acerca a la situación que anticipaba la Catedra de Derecho Constitucional de la UCV que advertía que la interpretación de esa ley de amnistía sin completar la necesaria abrogación de otros instrumentos traería discriminación y continuidad de la persecución. 

La superación pues, de esta agonía que lastra las verdaderas posibilidades de dar el salto cuántico que necesitamos y construir un verdadero cambio para mejor, estriba en entender que todos deben aportar desde sus espacios. Nadie tiene la fuerza para alzar la pesada losa que la fallida revolución colocó sobre nuestras espaldas. Ni el mutante chavomaduristamilitarista que nos sigue gobernando, ni la oposición más popular pero inorgánica que reúne a la insatisfecha mayoría ciudadana. 

No hay una varita mágica ni energía acumulada en manos de la nación misma. Los que gobiernan deben dar la vuelta e iniciar el despeje de la ecuación. Tienen y deben asumir la responsabilidad histórica. Carecen de legitimidad y la legalidad de que disponen es precaria, no es sustentable en el tiempo y sugiere abrir las compuertas para que el país vaya saneándose orgánicamente y curándose las heridas de todo tipo que hoy lo afligen. La salida es pugnar por depurar la contaminada y adulterada legalidad con el remedio de la legitimidad constitucional y legal. ¡Atrévanse! 

 

Nelson Chitty La Roche, nchittylaroche@gmail.com@nchittylaroche  

 

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