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Ana Cristina Vélez: Misofonía y ruidos molestos

 

Sé que el término no es muy conocido, pero la experiencia, sí. Muchas personas sienten rabia, otras sienten irritación, ansiedad o disgusto al oír los sonidos, ya sean chasquidos, sorbos, inhalaciones o exhalaciones fuertes, que emiten algunas personas al comer. Nadie reporta tener una experiencia similar con las mascotas, es como si la aversión solo se diera con otros seres humanos. La palabra misofonía significa odio al sonido.

En general, los ruidos son molestos para casi todo el mundo, pero hay personas cuya experiencia realmente los perturba. Estas sienten una clara irritación para empezar, seguida por sentimientos de rabia, para terminar —los más afectados— con pérdida del control. La pérdida de control se manifiesta en la incapacidad de resistir el estímulo, en la reacción en forma de gritos, y por último, llegando a emprender una agresión física contra el emisor o yéndose contra objetos.

Se han reportado otros tipos de aversión al ruido: al carraspeo, al de teclear, al de golpear un objeto contra otro; por ejemplo, un lapicero contra la mesa, o, incluso, a la sacudida silenciosa o balanceo incesante de una pierna cruzada sobre la otra, que algunas personas nerviosas presentan (a esta aversión se le llama misocinesia, que significa odio al movimiento).

El problema de la misofonía puede ser leve, moderado, grave y extremo según: el tiempo que se resista frente a la experiencia molesta, el grado de interferencia que la misofonía tenga en el funcionamiento social, el nivel de ira experimentado, el control para no reaccionar, y el grado al que se llega para evitar las situaciones de ruido producidas al comer.

Algunas personas con hipersensibilidad al ruido se irritan también con los ladridos de un perro, con el sonido de la aspiradora, con el tic tac de un reloj. Parece que la capacidad de modular, organizar y discriminar las entradas sensoriales producen, en algunos, respuestas inadecuadas con patrones emocionales y conductuales disruptivos.

Los síntomas de la misofonía comparten características con otros trastornos, como los de la fobia social, el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno límite de la personalidad, el trastorno de personalidad antisocial y el trastorno del procesamiento sensorial, pero ninguna de estas categorías de diagnóstico se ajusta al patrón de síntomas de la misofonía.

El odio al ruido no es tan raro; de hecho, la mayoría de la gente lo siente en un grado leve con el chirrido que produce la tiza contra el tablero o con el de unas manos manipulando piezas de icopor. Alegamos que estos sonidos “destemplan los dientes”.

Somos complejos. Al estudiar las aversiones humanas se encuentra que las hay para todos los sentidos. Para el tacto, hay personas que no resisten tocar materiales específicos, como algodón, lana o terciopelo; para el olfato, hay personas que vomitan con el aroma de los perfumes más finos; y con la visión, es tan amplio el tema, que quizá sea bueno recordar que hasta en la ficción novelística se ha llegado a asesinar debido al deslumbramiento causado por el sol de un verano invencible.

Los teléfonos celulares amplifican ciertos ruidos. Así que es recomendable no hablar mientras comemos papitas de paquete y roscas si al otro lado está un misofónico.

 

 

 

 

 

 

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