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Antonio Pasquali, maestro eximio de las comunicaciones

A los noventa años de edad, el profesor Antonio Pasquali cruzó el umbral hacia la eternidad en Reus (Cataluña, España). Tranquilo, productivo hasta su último aliento, partió hacia la gloria. Nacido en Italia, en 1929, Venezuela le acogió durante siete décadas exactas, y a ella le dedicó toda su energía como científico social, comunicólogo primigenio, filósofo de la moral y, sobre todo, alfarero fundacional de iniciativas que sin su genio y espiritualidad no habrían sido oportunamente concebidas.

Academias de todas las latitudes le han reconocido como teórico de la comunicación, pero su obra siempre estuvo cimentada en la esencia nacional. Desde la creación del Centro Nacional Audiovisual del ministerio de Educación en 1958, hasta su notable participación en el cuerpo de propuestas en el área de comunicaciones del “Plan País” (“Transición hacia una nueva Venezuela”), presentado en Caracas en julio de este año.

Esa obra de honda huella la condensó en 15 títulos y 18 ensayos. Su ópera medular, Comunicación y Cultura de Masas, publicada en 1964, ha corrido con la ventura de 18 ediciones. Su última producción editorial apareció en 2011 bajo el título “La Comunicación Mundo”.

En la UCV, Antonio Pasquali desarrolló toda su actividad académica, hasta su jubilación en 1978. En esa casa de estudios fue profesor en la escuela de Filosofía, director de la escuela de Letras, fundador del departamento de Audiovisual de la escuela de Periodismo y del Instituto de Investigaciones de la Comunicación (Ininco).

En 1974 concibió y coordinó el Proyecto RATELVE sobre políticas de radiotelevisión pública, cuyas pautas fundamentales continúan vigentes.

Durante once años trabajó en la Unesco, la agencia de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia, la Cultura y la Comunicación, con sede en París. Consecutivamente se desempeñó allí como subdirector adjunto en Comunicación y Cultura; luego como Director General del Sector Comunicación; y, hasta su jubilación en 1989, desde Caracas, en el cargo de Coordinador Regional para América Latina y el Caribe.

En esa etapa, fuertemente asaeteada por los últimos estertores de la Guerra Fría Este/Oeste, Antonio Pasquali alcanzó la más alta posición ejecutiva que haya logrado algún venezolano en la Unesco. Manejaba seis divisiones y 300 especialistas en el área de las comunicaciones. Entonces se discutía el llamado Nuevo Orden Mundial de la Información, cuyas resoluciones (“Un país, un voto”) motivaron el retiro de Estados Unidos de la organización.

Sus aportes teóricos y su gran experticia le permitieron convertirse en referente internacional, columnista en varios medios, en socorrido consultor.

Cuando se discutió y aprobó en la Asamblea Nacional (2000) una nueva Ley de Telecomunicaciones, Pasquali logró que se incluyera en sus disposiciones la preservación de espectro radioeléctrico para servicios comunitarios de radio y televisión. Asimismo, cuando fue discutida y aprobada en la Asamblea Nacional Constituyente una nueva Constitución Nacional (1999), se opuso rotundamente a la noción de “información veraz y objetiva”, que dispone el Artículo 58 (“Siempre mantuve que la información veraz y objetiva solo la tendríamos el día que baje Dios a la Tierra a abrir una agencia de prensa”).

En la última década, entre otros, actuó como experto en el caso del cierre de Radio Caracas TV, discutido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (2015), y en el caso de las demandas penal y civil que emprendió un señor llamado Diosdado Cabello contra El NacionalTal Cual y La Patilla (2016).

En las últimas dos décadas, la actividad intelectual de Antonio Pasquali estuvo ligada al estudio del desastroso desempeño del régimen en cuanto a su concepción, uso y abuso de las comunicaciones en Venezuela. Este mismo año ha advertido a los comunicadores sociales (a todos, a los que soportan y enfrentan a la dictadura dentro del país, y a quienes forman parte de la diáspora), que “el primer escollo a vencer en materia de políticas públicas en materia de comunicación se vincula con los líderes que “amanecerán” en el Palacio de Miraflores al momento de la transición, pues de ellos dependerá brindar al país un modelo sustentable y digno de servicio audiovisual”.

 

Foto cortesía/Nicola Rocco/El Universal

 

 

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