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Aragón confirma el giro a la derecha: el PP gana las elecciones pese a bajar y Vox se dispara

El PSOE retrocede cinco escaños e iguala su peor resultado histórico, mientras Podemos desaparece de las Cortes

 

 

Aragón confirma el giro a la derecha. El PP gana las elecciones pese a bajar dos escaños, con el 98 por ciento del voto escrutado, y Vox duplica su representación de los siete a los catorce diputados. Esta noche electoral ratifica que lo sucedido en diciembre en Extremadura no fue una excepción, un renglón suelto en el horizonte electoral, sino una tendencia que parece consolidarse. Los populares mantienen el tipo y son la fuerza más votada —con un PSOE que se hunde incluso con una ministra-candidata—, pero un partido a su diestra disfruta más las mieles del éxito. La formación de Santiago Abascal, de nuevo, es la principal vencedora.

El paralelismo con Extremadura es evidente. Un adelanto electoral decretado por un barón popular, con la perspectiva de crecer lo suficiente para soltar la mano de Vox o, al menos, reducir drásticamente la dependencia de un partido que no ha dado ninguna estabilidad. María Guardiola fue la primera en llamar a las urnas antes de lo que tocaba, deseosa de desprenderse de una alianza que nunca le entusiasmó y anhelante de una mayoría absoluta que no se concretó. Pero mientras ella puede revalidar su mandato con una abstención de los derechistas, su homólogo aragonés necesitará su voto favorable en la investidura.

Jorge Azcón, presidente de Aragón y candidato a la reelección, tendrá ahora que negociar con un Vox reforzado y a las puertas de otras elecciones autonómicas: las de Castilla y León se celebran el 15 de marzo. La mejor noticia para el PP no es su victoria, agridulce, sino el descalabro del PSOE, que encadena debacles a cada paso por las urnas. Ni siquiera Pilar Alegría, portavoz y ministra hasta la llamada del deber, los comicios aragoneses, ha sido capaz de capear un temporal que presagiaba desastre para el socialismo desde el arranque de la campaña. El PSOE se queda en dieciocho escaños e iguala su peor resultado histórico, el del año 2015, cuando tocó suelo por la irrupción de un Podemos insuflado por el descontento del 15-M.

Pero lo cierto es que Guardiola subió —aunque menos de lo esperado— y Azcón baja ahora. Génova deberá analizar si el PP se mantendrá en cifras similares a las del 2023 mientras su potencial aliado se dispara o si el retroceso en Aragón es un aviso a navegantes de lo que puede suceder en otras regiones ante el empuje de los de Abascal, a los que nada parece afectarles. Al contrario que en Extremadura, donde desde el inicio los dos partidos de la derecha se pelearon a cara de perro los quince días de campaña, esta comenzó sin fuego cruzado, pero terminó con ataques a degüello, tras publicar ABC unos audios de altos cargos de Vox en Aragón en los que criticaban, en 2024, la decisión de Abascal de abandonar los Gobiernos que compartían con el PP. Vox imputó la filtración al PP y la candidatura de Azcón se revolvió.

Tras la tempestad, debería llegar la calma. Pero los precedentes no invitan al optimismo y Vox venderá caro su precio para investir a Azcón, sea dándole apoyo externo o gobernando en coalición como hicieron tras las elecciones regionales del 2023. Entre los dos partidos de la derecha suman cuarenta escaños, cinco más que entonces, pero con una relación de fuerzas que se inclina favorablemente hacia la candidatura de Alejandro Nolasco, quien fue vicepresidente de Azcón hasta que Bambú tomó la decisión estratégica de abandonar todos los Ejecutivos autonómicos por haber aceptado el PP la acogida de menores extranjeros no acompañados procedentes de Canarias.

La abstención de Vox no es suficiente para la investidura de Azcón, que necesitará su voto a favor para ser presidente

En el lado opuesto de la balanza, la única noticia positiva para la izquierda es Chunta, formación regionalista cuyo candidato, Jorge Pueyo, ha aprovechado sus dos años en el Congreso como trampolín en la política autonómica. Con una campaña de marcado carácter regional, muy casera y con alto uso de redes sociales, Pueyo ha conseguido doblar la representación de su partido de los tres a los seis escaños. «Somos el único partido que ha resistido el auge de la extrema derecha», clamaba anoche. El panorama a su alrededor es desolador. Izquierda Unida mantiene su única diputada tras su coalición con Sumar, Podemos desaparece de las Cortes y la regionalista Aragón Existe pierde uno de los dos asientos que tenía. Tampoco el centro-derecha regionalista sale bien parado: es la primera vez en democracia que el PAR se queda fuera del Parlamento autonómico.

 

         Pilar Alegría, compareciendo después de la debacle EFE

Segundo batacazo socialista

El desembarco de Alegría en Aragón no impide un segundo batacazo socialista consecutivo. El PSOE se deja cinco escaños y cinco puntos porcentuales —24% del voto— después de caer en Extremadura a su peor resultado histórico. Esta vez, el candidato no sirve como pretexto. Miguel Ángel Gallardo está imputado, a la espera de juicio, en la causa por el supuesto enchufe en un puesto público al hermano del presidente del Gobierno, David Sánchez. Pero Alegría, por contra, es un perfil de la máxima confianza de Pedro Sánchez y una de sus apuestas por aprovechar el tirón de su Consejo de Ministros para resistir en los territorios. Igual que sucederá próximamente con María Jesús Montero (Andalucía), Diana Morant (Comunidad Valenciana) y Óscar López (Comunidad de Madrid).

 

Aragón sigue el camino de Extremadura con Castilla y León y Andalucía como próximas paradas en el camino

 

Quien no ha cumplido sus expectativas es Se Acabó La Fiesta (SALF), la plataforma antisistema del eurodiputado ‘Alvise’ Pérez, investigado por financiación ilegal, que se queda a cero en su puesta de largo en unas elecciones autonómicas. Los resultados no varían por provincias. En Huesca, Zaragoza y Teruel el PP es la primera fuerza, el PSOE la segunda y Vox la tercera. Chunta saca cuatro de sus escaños por Zaragoza y dos por Huesca; IU-Sumar, el suyo por Zaragoza; y Aragón Existe, ambos por la que lo vio nacer: Teruel.

Con los comicios a la vuelta de la esquina en Castilla y León y en Andalucía, esta segunda victoria consecutiva de la derecha lanza un claro mensaje en clave nacional. Y es que Aragón ha sido tradicionalmente la autonomía que mejor ha ‘adelantado’ los resultados que llegan después en las elecciones generales y para el PSOE no se vislumbran pronósticos halagüeños. Al contrario de lo que pasó en 2015, su fracaso no se traduce en la emergencia de un partido a su izquierda con el que poder intentar llegar a acuerdos después. El socialismo se va a sus mínimos históricos, sí, pero la izquierda radical, fragmentada y con nula capacidad de entendimiento, apenas resiste con un diputado en las Cortes de Aragón.

Sánchez, a más tardar en 2027, irá a las urnas tras una legislatura marcada por sus cesiones al separatismo —con la amnistía como culmen—, pero también por los casos de corrupción y acoso sexual que han aflorado en su Gobierno y en su partido. Y los partidos a su izquierda, al menos hasta ahora, parecen condenados a desentenderse: Sumar, Izquierda Unida y Podemos atomizan un espacio huérfano de un referente claro. Su único consuelo es pensar que la derecha, por intereses partidistas, sea incapaz de alcanzar acuerdos para dotar de estabilidad a los territorios donde la ciudadanía le dé mayoría. Ahora la palabra la tienen el PP, que en Aragón desciende mínimamente, y un Vox que debe decidir si sueña con el ‘sorpasso’ o se remanga.

 

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