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Aristizábal: El arte del distraído

Pienso en la palabra “chapotear” cuando veo a alguien que en vez de nadar le pega al agua como si fuera un tronco para sobrevivir, o cuando alguien mete una cucharita en un tarro de helado recién abierto y lo prueba por los lados, con ese cargo de conciencia que casi de inmediato hace que lo cierre. Apenas escribo esta última frase, me doy cuenta de que mi cerebro mezcló las palabras: “chapotear” y “sapotear”, busco las dos para estar seguro de lo que quieren decir. Una está admitida por la Real Academia de la Lengua; la otra, señalada en rojo en la página que escribo, al parecer es un colombianismo. La RAE me sugiere en la búsqueda “capotear” y sabotear”, y estas, a pesar de que no me interesan, también las leo con un clic para mirar qué son en realidad. Tantas veces he descubierto significados maravillosos en palabras ya marchitas y recorridas.

Me pasa con mucha frecuencia que encuentro cosas que no busco y tardo un buen tiempo en llegar a lo que aparentemente me interesa; al principio me desesperaba, sentía que había perdido el tiempo, que procrastinaba como si estuviera en un cuartel de invierno. La culpa era mayor que la sentida por Raskólnikov en “Crimen y castigo”, luego, uno de esos buenos profesores que parecen estar perdidos en el mundo, pero hablan con una bellísima sensatez, me dijo que uno en la vida llega cuando tiene que llegar a lo que está buscando, claro que él me decía esto pensando más en asuntos literarios.

Según él, si yo estaba entretenido leyendo y tenía que hacer algún trabajo de la universidad, que no tenía nada que ver con ese libro fantástico, lo mejor era seguir leyendo, el trabajo podía esperar. Asombrosamente desde ese momento le obedecí y por más urgente que tenga que resolver algo, si estoy atrapado en una historia, primero termino, o me sacio, y luego procedo con los deberes. Por alguna extraña razón cuando hago eso, me rinde más, es como si lo leído, eso aparentemente inútil para el deber, fuera esencial, me ayuda a activar, a conectar, a ser más arriesgado si escribo.

Yo creo que en la vida hay que estar distraído, o desprevenido, para aprender. Aprender siempre está bien y la curiosidad está para ser saciada. Me molesta la gente que pasa por encima de lo que desconoce y no se atreve a tomar un desvío, uno pequeño o uno largo que ahonde en los detalles de la existencia. ¿Qué es lo realmente importante? Uno a veces ni siquiera sabe y por eso, es bueno dejarse llevar.

 

 

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