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Armando Durán / Laberintos: ¿El día de la liberación?

Llega primera demanda contra Trump por aranceles a China; acusan mal uso de poderes especiales para imponer tarifas | El Universal

 

 

   Estaba previsto. Donald Trump, obsesionado con su poder (no solo ha reconquistado la Presidencia después de haberla perdido en las urnas hace cuatro años, sino que de acuerdo con los listados de la revista Forbes ha duplicado en el último año su fortuna personal, que ahora supera los 5 mil millones de dólares) y convencido hasta morir de su incomparable grandeza personal, pomposamente, en plan de Yo el Supremo, cumplió el 2 de abril su promesa de hacer de este miércoles “el día de la liberación” de Estados Unidos, hasta ahora, según él, víctima de la voracidad de Europa y el Extremo Oriente, cuyos gobiernos se han aprovechado a sus anchas de la debilidad de los gobiernos estadounidenses anteriores al suyo. Un ajuste de cuentas con un mundo ajeno, que desde hace décadas explota a Estados Unidos y le ha arrebatado su pasada grandeza, despiadadamente, con la aplicación de una criminal política comercial ultra proteccionista.

   Y así, transmutado en el Moisés del relato bíblico, no recibiendo del Señor en la cima del monte Sinai las tablas de un mandato que todavía rige la vida del mundo cristiano, sino dándole al mundo, desde la rosaleda de la Casa Blanca, las tablas de la guerra comercial que en ese mismo e irrepetible instante le declaraba a todas las naciones del planeta, que, a partir de esta semana, tendrán que pagar nuevos y punitivos aranceles por los productos que exporten a Estados Unidos. Solo escapan de esta decisión cuatro países, Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte y Cuba porque, sostuvo Trump esa grata tarde primaveral, ninguno de ellos tiene una relación comercial relevante con Estados Unidos. Una sentencia que Trump justifica con el muy controversial argumento de que está obligado a dar este duro paso para compensar el aniquilador desequilibrio en la balanza comercial de Estados Unidos.

   Nadie puede aventurarse a predecir cuáles serán las consecuencias reales de esta disposición extrema de Donald Trump. Tampoco se explica uno por qué Trump y sus asesores, a la hora de emprender este rumbo de agresividad temeraria que le han fijado a su gobierno y a los del resto del mundo, no han tenido en cuenta que desde los años ochenta del siglo pasado, los motores que le han garantizado a Estados Unidos su grandeza no son la fabricación de automóviles, la elaboración de vinos o la exportación de productos manufacturados en territorio estadounidense, sino la fortaleza de su poder financiero y la potencia de su desarrollo tecnológico. No en balde las mayores empresas estadounidense responden precisamente a la importancia de esos servicios. Tampoco nadie puede aclarar, en medio del grave desconcierto universal, si esta tormenta que hoy amenaza al mundo, y que según prevé el banco J. P. Morgan, la principal empresa financiera de Estados Unidos, hará entrar a la economía del país en recesión, responde a las convicciones ideológicas de Trump, opción que acarrearía costosas penas, o si este quiebre de los equilibrios mundiales solo son mecanismos de presión para obtener mejores resultados en las negociaciones de todo orden que se iniciarán la próxima semana, en cuyo caso las aguas recuperarán pronto sus relativas armonías y las consecuencias del desajuste actual serían mucho más benévolas que las que con mucha razón se presienten.

   Por ahora, el más tenebroso de los efectos que han generado los nuevos aranceles es el severo desplome de las bolsas en Estados Unidos, más de 10 por ciento de su valor en apenas dos días, desastre que se ha reproducido en las bolsas de todo el mundo. Caída que, si no ocurre algo excepcional muy pronto, pueden precipitar a partir del lunes una espiral de imprevisible desenlace. Se trata, sin la menor duda, de una situación que puede desencadenar un caos a nivel global, y por supuesto pone en peligro la posición de Donad Trump en el corazón de su país. Aunque en las encuestas del viernes sus niveles de aprobación y desaprobación no han sufrido cambios de importancia, a la pregunta de cómo el ciudadano de a pie observa la dirección en que marcha la nación, solo 32 por ciento de los encuestados opina que marcha por buen camino, pero 53 por ciento opina que marcha peor. Un deterioro que, de segur, pronto erosionaría la popularidad de Trump y la percepción de su trabajo como presidente de Estados Unidos.

   Durante la próxima semana también se producirá la reacción europea y asiática a los nuevos aranceles. Por ahora, China ya ha informado que de inmediato aplicará un arancel de 34 por ciento a todos los productos importados de Estados Unidos y anunció haber alcanzado un acuerdo en materia petrolera con Canadá, uno de los países más perjudicados por los nuevos aranceles estadounidenses, que a su vez informó que le aplicará un arancel de 25 por ciento a los vehículos automotores importados de Estado Unidos. Es el comienzo de una escalada y resulta lógico esperar que a partir de ahora los dolientes de la “liberación” estadounidense den a conocer reacciones iguales o parecidas. Es decir, que la próxima semana sabremos la magnitud de la fractura y lo que se perderá de sensatez geopolítica, económica y financiera a nivel mundial. En todo caso, se esper que buena parte de los países afectados, como han hn anunciado China y Canadá, le responderán a Trump con nuevos aranceles a las importaciones de productos estadounidenses, y la guerra comercial desatada por Trump como manera de ejercer su poder y doblegar por la fuerza y el miedo a quien no se someta a su voluntad y a sus intereses, pronto puede degenerar en una escalada cuyas devastadoras consecuencias tendrán que pagar quienes nada tienen que ver con esos enfrentamientos de las grandes potencias mundiales. Comenzando por el pueblo estadounidense, gracias su “liberación.”

   Mucho me temo que la cordura no será el camino que emprenda Trump esta semana, incluyendo en el lote sus exigencias económicas y políticas a Ucrania y a Rusia, la guerra con Irán, por ahora en Yemen, la destrucción física de Gaza y el desalojo de lo que queda de su población, la anexión de Groenlandia y los probables cambios y sobresaltos en la política interna de Estados Unidos, que conforman las coordenadas de un mundo de caminos que se bifurcan, como diría Jorge Luis Borges, de oscuridad y terribles tormentas.

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