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Ataque al parlamento, ataque a la democracia

El pasado 19 de diciembre Donald Trump tuiteó esta invitación a sus partidarios de ir a Washington, DC este 6 de enero: «Big protest in D.C. on January 6th. Be there, will be wild!» (Habrá una gran protesta el 6 de enero en Washington. Vengan, ¡será algo salvaje, enloquecido!). Vaya si lo fue.

El 6 de enero de 2021 pasará a la historia como uno de los días más nefastos en la historia de la democracia norteamericana. Un día vergonzoso, con millones de ciudadanos de ese país y de todo el mundo viendo, horrorizados, cómo una turba de seguidores de Donald Trump atacó e invadió el parlamento, con el fin de interrumpir el proceso constitucional de elección de un nuevo presidente mediante la certificación de los resultados del Colegio Electoral.

Previamente al discurso de Trump a la turba de seguidores, Rudy Giuliani, el estruendosamente fracasado abogado de Trump en sus intentos fallidos de que el poder judicial le concediera la razón, arengó a los presentes con estas palabras: «arreglemos esta disputa sobre quién ganó las elecciones mediante un juicio por combate». 

***

Desde 1814, cuando el país estaba en guerra con Gran Bretaña, el Capitolio no era atacado. En ese momento fueron tropas británicas, que incluso lo quemaron.

Joe Biden, el presidente electo, en una declaración televisada, dijo que «nuestra democracia sufre un ataque sin precedentes, algo nunca visto en los tiempos actuales«; lo describió como un «asalto a la ciudadela de la libertad, el Capitolio».

Fue una agresión no solo contra un edificio, también lo fue contra la constitución, las leyes, el sistema electoral, la democracia como acto de diálogo y de convivencia.

Los ataques al capitolio por parte de seguidores de Trump, este miércoles 6, demostraron, una vez más, que al menos desde el 3 de noviembre Donald J. Trump ha intentado, afortunadamente sin éxito, dar un golpe de estado contra la democracia norteamericana. 

La condena a los actos inauditos por parte de los expresidentes, republicanos y demócratas (Obama, George W. Bush, Clinton, Carter) fue unánime.

Previamente a la violenta irrupción, Mitch McConnell había afirmado una gran verdad: «los votantes, las cortes y los estados, todos han hablado. Si los desautorizamos, dañaremos la república para siempre».

Y el vicepresidente Mike Pence escribió esta carta -que causó la ira y el insulto por parte de Trump-: «es mi criterio que mi juramento de apoyar y defender la Constitución me impide reclamar una autoridad unilateral para determinar cuáles votos electorales deben ser contados y cuáles no». 

Probablemente esas palabras de McConnell, y la carta pública de Pence, dispararon la megalomanía y la ambición de poder de Trump a límites extremos, con pérdida ya absoluta de contacto con la realidad. Quizá recordó la reciente carta de 10 secretarios de defensa -incluyendo a destacados Republicanos como Donald Rumsfeld o el vicepresidente Dick Cheney– quienes advirtieron que «el intento de manipular a las fuerzas armadas para arreglar disputas electorales sería algo muy peligroso, ilegal e inconstitucional». Y por ello pensó que el recurso que le quedaba era incitar a la masa a protagonizar un acto de violencia contra uno de los fundamentos de la democracia norteamericana, el parlamento.

A lo mejor no pensó que Mike Gallagher, un representante por Wisconsin, miembro del partido Republicano, enviaría el siguiente tuit: «estamos siendo testigos de toda una porquería [crap] digna de una república bananera», añadiendo un mensaje a Trump: «usted tiene que detener la violencia».

Horas después de que el parlamento había sido evacuado, ante la presión de republicanos y demócratas, Trump grabó un mensaje de Tv donde les pedía a sus turbas que «se fueran a su casa«, no sin antes decirles nada menos que «los amamos, ustedes son muy especiales» (!!!!!!!).

Para Kevin McCarthy, jefe republicano en la Cámara de Representantes, «nuestra democracia no será destruida por un ataque criminal», y «los EEUU no son dirigidos por turbas, sino por leyes».

En palabras de Mitt Romney, excandidato presidencial republicano, hoy senador por Utah: «el presidente Trump le ha faltado el respeto a los votantes norteamericanos, ha agraviado al sistema electoral, y ha desacreditado y mancillado el cargo de presidente». «Lo ocurrido hoy fue una insurrección alentada por el presidente de los EEUU». 

Y a sus compañeros senadores republicanos, al comenzar a producirse los actos de violencia les gritó: «esto es lo que el presidente ha causado hoy. Una insurrección». 

A la vista de todo el mundo. Un mundo paralizado de asombro viendo lo que nunca se pensó posible: Una intentona golpista en el país de Lincoln. 

 

 

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