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Bailar contra la Enfermedad

Estimulante es el testimonio en el Guardian de un británico – cuarentón, gay, seropositivo y víctima de Parkinson- que redescubrió la alegría de vivir en las clases de danza del Ballet Nacional de Inglaterra, gracias a una actividad más artística que médica apoyada en el movimiento que exige ritmo y balance a las antípodas de la rigidez y la torpeza características de la ominosa enfermedad.

No fue un proceso curativo, porque aún está por descubrirse la sanación, pero Ian Temple narra cómo la danza cambió su visión del flagelo, en una sensación que describe como casi milagrosa, en el trabajo con coreógrafos y la amistad nacida durante los ensayos regulares, porque le exigió hacerse visible y ganar espacio y mostrar que su cuerpo adolorido no era vergonzoso sino capaz de generar belleza.

PLANETA VITAL refirió hace algunos años las potencialidades terapéuticas del tango contra el Parkinson, descubiertas en la Universidad McGill de Montreal, superior a otros bailes de pareja o el tai-chi, porque la sensual danza argentina responde en ritmo y música a otra de las exigencias de puntos de referencia, en particular auditivos y visuales, facilitando el equilibrio para mejorar el movimiento.

 Al igual que los otros ritmos, el tango estimula la movilidad articular, refuerza la musculatura y, como se demuestra en personas ancianas sanas, trae aparejada una mejoría de la salud cardiovascular.

La simultaneidad del paso atrás y de costado, característica del tango, ha reducido a la mitad las caídas tras una práctica bisemanal durante cinco semanas y, para terminar, el ritmo sureño incluye numerosas pausas, similares al fenómeno de congelación, que afecta a los enfermos de Parkinson, forzándoles a diseñar estrategias para relanzar el movimiento.

Para Temple, la decisión se tradujo en resiliencia, creatividad y conexión, o sea los recursos que escuchar, interpretar o cantar música representan contra la demencia, según el estudio conducido por el International Longevity Centre y la Utley Foundation, precisamente en Inglaterra, donde esa herramienta tiene muy limitada aplicación.

Análisis habrían demostrado que las áreas cerebrales asociadas a la memoria musical sufren un daño menor que las demás, de modo que incluso pacientes con severas lesiones alcanzan a disfrutar de las melodías y gozan tanto a un nivel cognoscitivo como psicológico y con la   musicoterapia se potencia la memoria en el enfermo  con demencia que ha perdido buena parte de sus recuerdos, a través de una vía cerebral alternativa a las tradicionales, aprovechando que, en general, las áreas asociadas a la memoria musical se preservan en caso de Alzheimer.

Y de ñapa, tales intervenciones actúan sobre los aspectos psicopatológicos ligados a la demencia, reduciendo los estados de depresión y ansiedad así como la agitación que se acompaña de vocalización anómala y comportamientos agresivos, porque la música ejerce una función similar a un fármaco de estabilización humoral, favoreciendo una mejor interacción social.

En Italia, proyectos donde el tratante puede ser un fisioterapista especializado en musicoterapia, la melodía, la velocidad, la intensidad y el ritmo se modulan en pacientes víctimas de ictus con daños cognoscitivo-motores según los movimientos de sus  manos, registrados por un sensor cuyos sonidos pueden asociarse con aquellos.

Con la ventaja de que la persona participa más activamente en su rehabilitación y, en definitiva, la intervención de la música resulta un recurso maravilloso, por igual para el paciente y el mismo terapeuta.

Varsovia, abril de 2026.

 

 

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