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Beatriz Pineda Sansone: La tragedia del inquieto

Blaise Pascal - Biquipedia, a enciclopedia libre

PASCAL

 

«La desgracia del hombre se debe a que no quiere permanecer tranquilo en su hogar«. Esta profunda sentencia de Blaise Pascal, el eminente filósofo, matemático y físico francés del siglo XVII, encapsula una de sus observaciones más incisivas sobre la condición humana. A primera vista, la frase podría parecer una simple crítica a la impaciencia o al apego a la aventura. Sin embargo, al adentrarnos en el pensamiento de Pascal, descubrimos que esta afirmación es una piedra angular de su reflexión sobre la ansiedad existencial y la incesante búsqueda de distracción que nos aleja de nosotros mismos.

Para Pascal, el hogar no es solo un lugar físico, sino una metáfora de la quietud interna, del espacio personal donde uno se enfrenta a sus propios pensamientos, miedos y, en última instancia, a su propia mortalidad. La «desgracia» no es un castigo divino, sino la consecuencia de nuestra incapacidad o falta de voluntad para habitar ese espacio de introspección. El ser humano, según Pascal, se siente profundamente incómodo con el vacío y el silencio. La contemplación de nuestra finitud, la insignificancia de nuestra existencia en el vasto universo y la fragilidad de la felicidad terrenal resultan abrumadoras.

Para escapar de esta confrontación incómoda, recurrimos a lo que Pascal llama el «divertimento» (del francés, divertissement). Este no se refiere solo a la diversión en el sentido lúdico, sino a cualquier actividad que nos distraiga de la reflexión sobre nuestra verdadera condición. Puede ser el trabajo incesante, la búsqueda de placeres, el entretenimiento banal, la ambición desmedida o la socialización constante. No importa cuán noble o trivial sea la actividad, si su propósito subyacente es eludir la confrontación con el yo, entonces es un divertimento.

El problema, para Pascal, es que esta huida genera un círculo vicioso. Cuanto más nos distraemos, menos tiempo y energía dedicamos a la autorreflexión. Esta falta de auto-conocimiento nos impide comprender la verdadera naturaleza de nuestra infelicidad, lo que, a su vez, nos impulsa a buscar más divertimentos. Es un intento desesperado por llenar un vacío existencial que, irónicamente, se agranda con cada nueva distracción.

Pascal argumentaba que, incluso en la cúspide de nuestros logros y placeres, una punzada de melancolía nos acompaña. El rey más poderoso, rodeado de lujos y alabanzas, no puede escapar de la soledad de su mente si se atreve a sentarse en silencio. La verdadera felicidad, o al menos la paz, no se encuentra en la acumulación de experiencias externas, sino en la capacidad de enfrentar y aceptar la propia existencia.

La observación de Pascal resuena con sorprendente actualidad en el siglo XXI. En un mundo saturado de información, conectividad constante y un bombardeo incesante de estímulos a través de pantallas, la capacidad de «permanecer tranquilo en su hogar» parece más difícil que nunca. Las redes sociales, las plataformas de streaming, los videojuegos y el consumismo ofrecen un sinfín de divertimentos modernos que nos permiten evadir el silencio y la introspección.

Quizás la tragedia de la que hablaba Pascal no ha cambiado, antes bien, ha encontrado nuevas y más sofisticadas formas de manifestarse. La invitación de Pascal sigue siendo vigente: atreverse a apagar el ruido exterior, a enfrentar la propia mente, a reconocer nuestra vulnerabilidad y a buscar un sentido más profundo, que no dependa del constante estímulo externa. Solo así, al confrontar lo que más evitamos, podríamos encontrar una forma de paz duradera que el divertimento jamás podrá ofrecer.

¿Crees tú que, en la sociedad actual, debido a la omnipresencia de las distracciones digitales, es más difícil que nunca permanecer tranquilo en tu hogar?

 

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