Democracia y Política

Un camino a Damasco, vía Moscú

siria1Durante cuatro años, la política americana hacia Siria ha estado construida con base en un deseo y una oración: el deseo de que el presidente Bashar al Assad se vaya y una oración para que la “moderada” oposición siria sea más de lo que es. Ahora Rusia ha intensificado su juego y la respuesta por parte del gobierno americano y muchos comentaristas parece ser desear más y rezar con más fervor, mientras condenan a Rusia por entrometerse en donde supuestamente no pertenece.

Así como muchos americanos y europeos podrán aborrecer lo que hizo el presidente de Rusia, Vladimir V. Putin en Crimea y Ucrania, la intervención de Moscú en Siria podría ofrecer el primer pedacito de esperanza para ponerle fin al embrollo allá. Putin tiene razón en cuanto a que solo gobernanza estable y seguridad permitirá que los refugiados sirios regresen a casa.

En lugar de salir en busca de una victoria decisiva, América tiene que buscar ponerle fin a esta guerra con un acuerdo menos satisfactorio y menos dramático.

Los Estados Unidos deberían tener dos metas en Siria. Primero, traer orden a aquellas partes del país que el Estado Islámico no controla. Segundo, esforzarse por construir una coalición de fuerzas que puedan contener al Estado Islámico y eventualmente reemplazarlo. La “intrusión” de Rusia podría ofrecer una oportunidad para lograr ambas metas.

Assad es el protegido de Rusia, y Siria es una base de operaciones para las fuerzas militares rusas. Los Estados Unidos tienen su propio, considerablemente más grande grupo de amigos e instalaciones operacionales en la región. Realmente, ambos poderes tienen interés en la estabilidad regional.

Rusia también tiene una ventaja valiosa en Siria que América no tiene: presencia militar en la tierra, un vínculo con un régimen que aunque débil está operando en Damasco, vínculos con los gobiernos iraní e iraquí, y un acuerdo para compartir inteligencia con ambos que bien podría incluir a aliados iraníes como Hezbolá.

Los Estados Unidos aún tiene cientos de aeronaves y miles de tropas en el área, así como fuertes vínculos con los kurdos. Pero tiene pocos vínculos con Irán, una relación emproblemada con el gobierno iraquí, inteligencia muy pobre en Siria y un programa de entrenamiento militar para la oposición moderada de Siria que, reconocido como un fracaso total, ahora ha sido abandonado.

Con la salvaguardia y precaución adecuadas, una coalición regional más amplia podría ser una herramienta poderosa contra el Estado Islámico. Oficiales americanos deberían reconocer estas realidades y utilizar los recursos que aún tienen disponibles para avanzar sus metas humanitarias y anti-extremistas.

Rusia tiene que enfrentar la realidad también. Putin tendrá que aceptar que Assad no puede permanecer en el poder perpetuamente y que su régimen tiene que cambiar.

Existe el riesgo de que Rusia se exceda, como lo hizo Estados Unidos en Irak y como ambos países lo hicieron en Afganistán. América y Rusia tienen que aceptar que como extranjeros, solos nunca serán capaces de enfrentar, contener y eliminar el Estados Islámico. Solo una coalición regional lo podrá hacer.

Trabajando juntos, Washington y Moscú podrían aprovechar sus respectivos vínculos con las potencias regionales que actualmente tienen la fuerza de trabajo y el espacio para actuar: Turquía, Arabia Saudita, Irán, Irak, los estados del Golfo y los kurdos.

Sin lugar a dudas la intención principal de Rusia en el momento es fortalecer a Assad atacando a varias fuerzas antirrégimen y dejando que otros manejen el asunto del Estado Islámico. Pero grupos como el Frente Nusra, el afiliado de al-Qaeda en Siria, tampoco son amigos de América, y existe el potencial para una efectiva división de trabajo. Coordinar nuestras acciones podría asegurar que Rusia no se enfoque hacia los grupos que América apoya y podría prevenir los peligrosos accidentes que tienden a surgir dentro de la perplejidad de la guerra.

Un esfuerzo conjunto entre Rusia y América puede que no solucione el problema sirio, pero la superposición parcial de intereses americanos y rusos es la ruta más prometedora hacia una solución.

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