Carmen Posadas: Neofeudalismo
Bienvenidos al pasado. do. Cuando creíamos que los impresionantes avances de los últimos decenios nos traerían más personas cultivadas y, por tanto, pensantes, más criterio, más libertad y más creatividad, resulta que ocurre lo contrario. Las razones son múltiples, pero una inquietante es lo que algunos llaman ‘el neofeudalismo’. El término se refiere a «un sistema social y económico que combina elementos del feudalismo medieval con características del capitalismo.
Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Sundar Pichai y Tim Cook caben en un taxi, pero controlan nuestras vidas
En este contexto, una reducida élite de personas poderosas y megamillonarias controlan gran parte de la riqueza y el poder, mientras que la mayoría de la población se encuentra en una situación de dependencia y vulnerabilidad». ¿Parece una exageración? No tanto. El neofeudalismo está presente en distintos ámbitos, pero es especialmente notable en todo lo relacionado con los tecnomagnates. Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Sundar Pichai y Tim Cook, estos últimos CEO, respectivamente, de Google y Apple, caben en un taxi, pero controlan nuestras vidas.
A través de su proyección en las redes sociales son capaces de condicionar y modificar nuestros hábitos, nuestros gustos, nuestra forma de relacionarnos. Lo saben todo de nosotros, incluso más que los que nos conocen y aman. Y su influencia llega más allá aun.
Un ejemplo de neofeudalismo, que amenaza incluso los equilibrios de poder político, es el caso de Elon Musk, que, a través de SpaceX y los 90.000 satélites artificiales activos que tiene en órbita, no solo controla la conectividad mundial. También es capaz de cambiar el curso de conflictos bélicos, como ya hizo en Ucrania, cuando desactivó satélites suyos para impedir un ataque ucraniano contra la flota rusa en Crimea. Esto del neofeudalismo, más que para un artículo, da para un libro, pero me gustaría centrarme en un aspecto de este fenómeno que puede parecer intrascendente, como todo lo relativo al mundo del entretenimiento, la música o el arte en todas sus facetas.
A primera vista, el auge de Internet parece haber favorecido la aparición y difusión de talento en todos estos ámbitos. Gracias a las redes es más fácil que un artista, un músico o un escritor se dé a conocer puenteando a los viejos cancerberos de quienes antes dependía el éxito de los creadores: galerías de arte, compañías discográficas, editoriales, etcétera. Pero, desaparecidos estos, ahora ha entrado en acción un cancerbero más caprichoso aun, el algoritmo. Es él quien decide quién medra y quién no. Y lo hace no con criterios de talento, sino de impacto, de estrambote, de estupidez.
Vista la situación, uno se pregunta: ¿será que nuevos amos feudales que manejan estos y otros hilos nos quieren tontos, descriteriados y anestesiados? Como no soy muy dada a las teorías conspiranoicas, no creo que los antes mencionados señores feudales que caben en un taxi se reúnan para planear la conversión de la raza humana en seres Alfa, Beta y Gamma, como en Un mundo feliz, la distopía de Aldous Huxley. Pero sí creo que nos prefieren adocenados y manipulables por razones de mera utilidad. Antiguamente, los señores feudales necesitaban a sus siervos para que trabajaran para ellos, les pagaran tributos, les rindieran pleitesía. Los neofeudales de ahora nos necesitan para que consumamos. Y cuanta más bazofia, mejor. Porque la bazofia, ya sea en el ámbito del arte, el cine, la literatura, la música o del consumo en general, es más barata que los productos de calidad y para qué tomarse la molestia. No, definitivamente estos nuevos amos de nuestros destinos no son como los del Medievo. Los Lancelot du Lac, Tristán o Tirant lo Blanc eran unos tiranos, pero tenían una cierta grandeza y se regían por un código de caballeros. También valoraban la belleza y el talento, eran mecenas de artistas y científicos a los que financiaban y apoyaban. A Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos o los CEO de Google o Apple, en cambio, les importa un rábano la belleza, y el único talento que apoyan es aquel que puede ayudarlos a ser aún más ricos y más poderosos. La diferencia es sustancial, porque lo que el poder y el dinero apoyan y promueven prospera y lo que no fracasa. El Medievo fue un largo periodo que duró hasta bien entrado el siglo XV. Pero tras él llegó el Renacimiento, que corrigió los vicios de la etapa anterior y puso al individuo en el centro como genio y medida de todas las cosas. Vivimos ahora tiempos tan apresurados que todo dura un suspiro, incluso las eras. Por eso mi esperanza es que pase pronto este neofeudalismo que ni siquiera nos ha legado bellas gestas caballerescas ni apoyo al talento y llegue cuanto antes un nuevo Quattrocento.

