¿Cuáles son los peores ministros de economía socialistas de la historia?

Calificar a un ministro como el «peor» suele ser un ejercicio subjetivo que, en el caso de los datos económicos, puede depender de si se mide por los resultados de la siempre temida inflación, la caída del PIB, o un tufo demasiado obvio a conductas tecnocráticamente lejanas del ciudadano y sus angustias, con los sufridos y sufrientes indicadores sociales. Sin embargo, en la historia de los gobiernos de corte socialista o de planificación centralizada, existen figuras cuyas gestiones coincidieron con colapsos sistémicos o crisis de hiperinflación que marcaron a sus países.
Es importante notar que muchos de estos ministros argumentan que sus fallos se debieron a «sabotajes externos» o «guerras económicas», mientras que la mayoría de los economistas técnicos apuntan a la insostenibilidad de sus políticas fiscales y monetarias.
En realidad, en todos estos casos los gobiernos se olvidaron de proteger los pobres contra el impuesto más cruel e invisible que existe: la inflación.
Hagamos entonces un breve ejercicio de recuerdo de tres de los casos más citados por historiadores y economistas (aceptando que hay otros casos notables, como la economía chilena bajo Salvador Allende):
- Jorge Giordani (Venezuela)
Obviamente debemos comenzar con el todopoderoso director del proyecto de destrucción económica más grande de América. Considerado el «gurú» económico de Hugo Chávez, Giordani fue el arquitecto del sistema de control de cambios y de expropiaciones masivas, con un afán constante por agregarle ceros a la cada vez más maltrecha moneda criolla. Giordani fue conocido por sus posturas económicas marxistas y su estilo austero, lo que le valió el apodo de «El Monje».
Su gestión representa la aplicación «de manual» de políticas que anulan los mecanismos de mercado. Giordani fue el principal defensor del control de cambios, de CADIVI y los sistemas que siguieron. Al haber una diferencia abismal entre el dólar oficial (barato) y el paralelo (caro), se incentivó la sobrefacturación y las «empresas de maletín». El capital no se invertía en producir, sino en capturar la renta del diferencial cambiario.
Como si lo anterior no fuera suficiente, bajo la tesis del «Socialismo del Siglo XXI», se ejecutó una política de expropiaciones masivas en sectores estratégicos, como alimentos y electricidad.
Corolario: Cuando el precio del crudo cayó en 2014, Venezuela ya no tenía una industria nacional que pudiera sustituir esas importaciones. El país se quedó sin dólares para comprar fuera y sin fábricas para producir dentro.
Su gestión sentó las bases de la mayor crisis económica en la historia moderna de un país sin guerra. Implementó controles de precios y de divisas que destruyeron el aparato productivo, lo que derivó años después en una hiperinflación que superó el 1,000,000% y una contracción del PIB superior al 80%.
Para colmo, en todo tipo de reuniones se hizo famosa esta frase que se le atribuyó (y, que yo sepa, nunca negó): «Los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así, hasta que logremos hacer la transformación cultural».
Sus declaraciones posteriores a 2014 marcaron una ruptura definitiva con el Gobierno chavomadurista, convirtiéndolo en uno de los críticos más vocales desde la izquierda chavista.
A este Monje del Mal le sale entonces un viejo dicho criollo, con un pequeño cambio: “Tarde piaste, zamuro” …
***

- Robert Mugabe y sus ministros (Zimbabue)
Aunque fue un régimen personalista bajo el partido ZANU-PF (socialismo africano), sus ministros de finanzas (como Herbert Murerwa o Gideon Gono en el Banco Central) ejecutaron políticas de enloquecida impresión de dinero.
La reforma agraria violenta destruyó la producción de alimentos. Para financiar el gasto, imprimieron billetes de 100 billones de dólares zimbabuenses, provocando una de las hiperinflaciones más extremas del siglo XXI, donde los precios se duplicaban cada 24 horas.
El billete de 100 billones de dólares zimbabuenses (100,000,000,000,000 ZWD), emitido en enero de 2009, es el objeto que mejor simboliza el colapso económico total. No es solo una curiosidad numismática; es el registro físico de una hiperinflación que alcanzó el 79,600,000,000% mensual.
Literalmente, el papel moneda llegó a valer menos que el papel higiénico. Circulaban carteles en los baños públicos de la época que decían: «Por favor, no use billetes como papel de baño, dañan las tuberías». Era más barato usar un billete de baja denominación que comprar un rollo de papel sanitario.
***
- Ernesto «Che» Guevara (Cuba)
Dejamos para el final al más conocido de todos estos controversiales personajes que alguna vez condujeron la economía de sus países. El psicópata argentino Ernesto Guevara.
Tras el triunfo de la Revolución, el «Che» asumió la presidencia del Banco Nacional y luego el Ministerio de Industrias (1961-1965).
El Che intentó transformar a Cuba de una economía agraria a una potencia industrial de forma inmediata; para ello se importaron fábricas enteras del bloque soviético sin considerar que Cuba no producía los insumos necesarios para operarlas, lo que generó una dependencia absoluta de las importaciones.
Asimismo, se descuidó la industria azucarera —el motor real de la isla— para forzar una industrialización que no era competitiva. Para 1963, el propio Guevara tuvo que admitir que el plan había sido un grave error.
Para colmo, la transición hacia un modelo centralizado provocó una caída drástica en la productividad.
Al caer la producción de azúcar y fallar los nuevos productos industriales, las reservas de moneda extranjera se desplomaron, obligando a Cuba a depender de los subsidios de la Unión Soviética.
En su extrema estupidez, el Che llegó a proponer la eliminación del dinero en las transacciones entre empresas estatales, lo que dificultó enormemente el cálculo de costos y la eficiencia económica. Y es que este “genio económico” tenía como uno de los pilares de su filosofía la sustitución del beneficio económico por el «incentivo moral».
Sin embargo, Guevara no solo fue un desastroso ministro de Economía; fue una orgullosa máquina de odio contra todo adversario.
Irónicamente, ha terminado como símbolo del capitalismo más consumista: su imagen se exhibe estampada en todo tipo de franelas en el mundo.