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Daisugi: Una joya japonesa

MIRAMUNDO por Gabriel Rumor

 

 

 

 

Daisugi en Kioto, Foto: Yusuke Narita

Daisugi en Kioto, Foto: Yusuke Narita

Agregue usted, amigo lector, el daisugi al ikebana, el shoganai, el sakurafubuki, el gaman, el yügen, el ukiyo, el shinrin-yoku, el otsukaresama y el wabi-sabi, en el repertorio de conceptos poéticos que ennoblecen la lengua japonesa.

Es una técnica forestal de bonsai surgida en el siglo XIV en las montañas Kitayama al norte de Kioto, como solución a la escasez de semillas, que significa exactamente plataforma de cedro y permite desarrollar árboles en otros árboles, para combatir la deforestación y producir taruki, la madera imprescindible en las casas de té del país de las geishas.

Foto: Ai Hirakawa

Foto: Ai Hirakawa

El amor por el paisaje y la naturaleza ha sido una constante en la vida y el arte de los japoneses, expresado en su religión autóctona –el Sintoísmo- y en el ikebana, una de las artes Zen, portal hacia la meditación y disciplina en el que las flores juegan un papel fundamental, desde su arribo al archipiélago hace veinte siglos, para compartir la espiritualidad armoniosamente con el budismo.

El ikebana surgió en el siglo pasado como una forma artística moderna para inculcar la fragilidad de la vida, efímera pero que resurge, una y otra vez, en una actitud respetuosa de la naturaleza que a la vez es pragmática al surgir de una necesidad concreta por las condiciones físicas del país; exactamente como el daisugi.

 

 

Glosario Shoganai No puede evitarse el destino porque los sucesos escapan a tu control; no te culpes por ellos. Sakurafubuki Lluvia de pétalos de la flor del cerezo. Gaman Para alcanzar el éxito,

 

Foto Komuri Zuen

Foto Komuri Zuen

El cedro de Kitayama es único porque se cultiva para crecer muy alto, fino y longitudinal y actúa como el pilar principal del tokonoma, la habitación familiar donde se muestran ikebanas y objetos de especial belleza, siendo sus virtudes básicas la cantidad enorme de vástagos –hasta un centenar- y el tiempo más breve en que puede comenzar a procesarse con fines industriales, sin necesidad de talar el árbol portador.

Y tal vez lo más importante del daisugi sea que permite mantener el vínculo del Japón moderno con el de los antiguos samuráis, que apreciaban emplearlo en sus palacios por su belleza y resistencia a los tifones, y su potencial aplicación en otras variedades madereras, mientras aumenta la conciencia ambientalista y la prédica conservacionista.

Pasado, presente y futuro se dan la mano, a fin de cuentas, en esa técnica ancestral cuya aplicación se propone ahora, en un país como Colombia, a una minería auto generadora, para “pasar de arenas movedizas a una roca competente”, capaz de aprovechar a perpetuidad los recursos naturales.

Varsovia, junio de 2024.

 

 

 

 

 

 

 

 

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