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El hijo del histórico líder PS Aniceto Rodríguez que huyó de Venezuela y que trabaja en la resistencia contra Maduro

Leonardo Rodríguez Cisneros salió de Chile al exilio junto a su familia en 1974, cuando tenía 15 años. Tras el retorno de la democracia, con su padre de embajador en Caracas, colaboró con él en generar lazos con los partidos políticos del país caribeño, labor que se acrecentó cuando el chavismo llegó al poder. Desde entonces ha sido clave en la rearticulación de los opositores al régimen, del que tuvo que huir este año. Milita en el PS y espera que su partido y el PC lo escuchen. «Esto no se trata de izquierda o derecha, se trata del bien y el mal», señala.

Está convencido de que hoy las manifestaciones en Venezuela serán multitudinarias. “La gente está en las calles, lo que pasa es que la represión ha crecido y han generado miedo”, describe  Leonardo Rodríguez Cisneros, hijo del histórico líder PS Aniceto Rodríguez, al referirse a las movilizaciones que están convocadas para hoy en oposición al régimen de Maduro.

El economista vivió por 44 años en el país caribeño. No solo el acento lo delata, sino el manejo al dedillo que tiene sobre la historia reciente de los avatares políticos de esa nación, que tuvo que dejar hace una semana por temor a que le ocurriera algo a sus hijos. Amenazas, intentos de secuestros y vigilancia constante lo empujaron a tomar esa decisión.

¿Cómo llegó a eso? La historia de su padre y la propia ayudan a entender.

Milita en el Partido Socialista desde los 14 años cuando entró a las juventudes antes de partir al exilio junto a su familia. Mientras el entonces senador socialista fue enviado el 73 a Isla Dawson, él junto a sus hermanos fueron testigos de cómo su madre, Ana Cisneros, ayudaba a chilenos para que se asilaran en la embajada de Venezuela en Chile, puesto que vivían en la casa contigua a la sede diplomática ubicada en la comuna de Providencia.

Cuatro décadas después, le correspondió a él ayudar a venezolanos perseguidos por el chavismo que buscaban protección en la embajada chilena en Caracas. Él fue uno de los puentes que ayudaron a que cinco magistrados se refugiaran en la sede diplomática y dos líderes políticos que aún permanecen en la representación chilena: el presidente del partido Copei, Roberto Enríquez, y el diputado del partido Voluntad Popular, Freddy Guevara. “Todo esto apoyado por un gran amigo, Juan Carlos Latorre”, se apura en subrayar al recordar el rol del ex diputado DC y presidente de la ODCA.

Uno debe ser consistente, la libertad, la democracia y la violación a los derechos humanos son términos que contienen demasiada fuerza”.

Antes, en su juventud en el exilio, terminó el colegió, estudió Economía y ejerció como profesor por más de 30 años en la Universidad Santa María en Caracas. Cuando joven fue testigo de cómo su padre coordinaba a diversos dirigentes políticos chilenos de oposición. Bernardo Leighton, Anselmo Sule, Clodomiro Almeyda y Esteban Tomic fueron algunos de los personajes que pasaron por la casa de Rodríguez. Era la antesala de lo que años después sería la Concertación.

Su historia de trabajo más activo en la embajada de Chile en Venezuela comenzó en los 90 cuando el Presidente Patricio Aylwin designó a su padre, Aniceto Rodríguez, como embajador. En ese entonces apoyó las labores del alto dirigentes del PS -ya con gobiernos democráticos en ambos países- quien se centró en prioridades más económicas. De este modo, su padre se enfocó en facilitar la entrada de empresas chilenas y en colaborar en negociaciones para bajar los aranceles a diversos productos. Pero el chavismo empezó a avanzar.

En 1992 Hugo Chávez fue parte de un intento de golpe de Estado contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. “En ese episodio los militares que se tomaron el canal 8 de Televisión asesinaron a periodistas y a obreros, y eso me fue suficiente para entender que estas personas iban por el camino oscuro”, cuenta Leonardo Rodríguez a El Líbero.

Tras la muerte de su padre, en 1995, ya tenía su vida hecha en Venezuela por lo que siguió colaborando con los embajadores chilenos. Cuenta que así ocurrió con Claudio Huepe, Claudio Herrera y Pedro Felipe Ramírez.

En ese episodio (el intento de golpe de Chávez en 1992) los militares que se tomaron el canal 8 de Televisión asesinaron a periodistas y a obreros, y eso me fue suficiente para entender que estas personas iban por el camino oscuro”.

Al consultarle cómo ve que personalidades de la izquierda chilena hayan apoyado los gobiernos de Chávez y Maduro, señala: “Como Cuba se relaciona con Venezuela piensan que esto es un elemento de la izquierda. Para mí, que apoyé la revolución cubana, después de más de 50 años en el poder dejé de mirarlo como un país socialista y es difícil sacarlo de una visión de monarquía. Uno debe ser consistente, la libertad, la democracia y la violación a los derechos humanos son términos que contienen demasiada fuerza”.

Sus vínculos con los partidos opositores al chavismo, como Acción Democrática, llevaron a que representantes de esas colectividades le pidieran que los acompañara a la reunión de la Internacional Socialista en Sao Paulo que se realizó el año 2000. El objetivo era que los conectara con senadores del PPD y del PS para informarles sobre lo que estaba ocurriendo con Chávez. Recuerda Rodríguez que en la oportunidad se reunieron con Sergio Bitar (PPD) y Ricardo Núñez (PS).“Ellos estaban dudosos y estaban a la expectativa de lo que ocurriría con Chávez”. Eso, al ver los índices positivos que se difundían desde Venezuela sobre educación y salud. Pero los venezolanos le insistían “la izquierda chilena tiene que entender lo que está pasando”.

En 2005 llegó como embajador Claudio Huepe (DC) y Rodríguez le coordinó reuniones con los partidos opositores a Chávez. “Ya se empezaban a ver síntomas peligrosos que violentaban la democracia”. Un rol similar cumplió, luego, con el embajador Claudio Herrera (PS). “Cuando teníamos reuniones con representantes del gobierno les sugeríamos que tuvieran una actitud más consensuada con la oposición, pero esto se iba radicalizando”, explica.

A los comunistas les recordaría que los que quedan en el Partido Comunista de Venezuela están atrapados porque se tendrán que hacer responsables de lo que ellos mismos critican. No son los miembros de la dirección del Partido Comunista los que robaron al país. Ellos saben quiénes son, pero son cómplices porque están apoyando esto. Por eso digo que se van a tener que hacer responsables”.

Cuando llegó  a Caracas, designado por Bachelet en 2014, Pedro Felipe Ramírez (ex militante de la Izquierda Cristiana) sostuvo una reunión de más de una hora. “Le dibujé toda la situación de Venezuela, pero estuvimos como un año enfrentados en algunas posiciones porque él tenía la idea de que los partidos de oposición eran golpistas”. Relata que le dijo a Ramírez que fuera puente entre el gobierno y la oposición, “y me pidió que lo acompañara en su gestión”. Comenta: “Fueron 4 años muy duros, entre ellos, la última etapa donde se radicaliza el gobierno”. Ya estaba Nicolás Maduro en el poder.

En esas labores estaba Leonardo Rodríguez cuando ingresó a la embajada el presidente del Copei, Roberto Enríquez, para pedir protección. Era el año 2017. Luego comenzaron a solicitar refugio cinco magistrados perseguidos por el régimen. Después de unos meses, lograron salir de Venezuela. En noviembre de ese año llegó a la embajada el diputado de Voluntad Popular Freddy Guevara, del mismo partido de Juan Guaidó quien hoy es líder de la oposición y de la Asamblea Nacional y reconocido por la OEA como Presidente interino de Venezuela.

Chávez financió con el dinero de los venezolanos muchas actividades de America Latina y todo hombre que recibió recursos por esta vía le faltó consistencia, porque es moral y dignidad saber de dónde vienen los recursos y, peor aún, es ser parte cómplice o de apoyo o de silencio”.

Hoy cree que el problema económico está “consumiendo” al gobierno. La dictadura de Maduro no tiene la posibilidad alguna de arreglar el problema de las necesidades de Venezuela. Para solucionar el tema de alimentos, de medicamentos para los enfermos, necesita préstamos internacionales que no le serán otorgados a un gobierno que no es reconocido ni por Europa ni por América”.

Si se le pregunta por los viajes de apoyo al régimen chavista de políticos chilenos como Alejando Navarro, Marco Enríquez-Ominami, representantes del Frente Amplio y del PC, opta por decir:

“Es un asunto complicado para algunos líderes de América Latina: el tema de los financiamientos. Chávez financió con el dinero de los venezolanos muchas actividades de America Latina y todo hombre que recibió recursos por esta vía le faltó consistencia, porque es moral y dignidad saber de dónde vienen los recursos y, peor aún, es ser parte cómplice, o de apoyo o de silencio. Me refiero a diversos líderes latinoamericanos, si se incluyen chilenos cada uno debe hacerse responsable de sus actos”.

Leonardo Rodríguez asistirá este fin de semana al XXXI Congreso General del PS que este año lleva el nombre de su padre Aniceto Rodríguez Arenas”. Señala: “Si me dan la oportunidad les diré lo que está sucediendo en Venezuela. Ningún miembro del Partido Socialista puede estar de acuerdo con la violación a los Derechos Humanos y las torturas. Un partido que fue masacrado no puede tener dirigentes que respalden estas violaciones”.

¿Y al Partido Comunista?  “A los comunistas les recordaría dos cosas. La división del PC en Venezuela y “Bandera Roja” partido que es parte de la oposición a Maduro. Y que los que quedan en el Partido Comunista de Venezuela están atrapados porque se tendrán que hacer responsables de lo que ellos mismos critican. No son los miembros de la dirección del Partido Comunista los que robaron al país. Ellos saben quiénes son, pero son cómplices porque están apoyando esto. Por eso digo que se van a tener que hacer responsables”.

Agrega: “Esto no se trata de izquierda o derecha, se trata del bien y el mal”. Y por eso dice apoyar al secretario general de la OEA, Luis Almagro. “Es un hombre que ha defendido los valores, los Derechos Humanos y la democracia”.

Entre ir y venir entre Caracas y Santiago, fue en el mes de agosto que decide quedarse Chile, algo que concretó hace una semana. “Salí de Venezuela para resguardar a mis hijos”, cuenta. En 2010 sufrió un violento incidente cuando iban en auto y los amenazaron con llevarse a su hijo de 10 años en ese momento. “Aguantamos 8 años después de eso. Me amenazaron con asaltos, secuestros y me tiene vigilado el Estado”.

Para hoy espera que las calles en Venezuela se llenen y él estará desde Chile apoyando en la convocatoria que los venezolanos tienen para las 19:00 horas en Baquedano. “Esto es una fecha importante y todos quisiéramos que cambiara Venezuela, pero hay otros factores que no dependen de nosotros y hay que seguir haciendo el trabajo político que se debe hacer”.

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