El pacto con Vox
El PP va a ganar pero no puede gobernar solo. Aceptar la realidad es un primer paso necesario; el segundo es no dejarse acomplejar por los adversarios

Las encuestas de Azcón confirman las elecciones de Guardiola y el previsible resultado de Mañueco, Moreno Bonilla e incluso Feijóo. No estamos pues ante una anomalía regional concreta ni en una coyuntura pasajera. El PP va a ganar pero no puede gobernar solo. Aceptar la realidad es un primer paso necesario; el segundo es no dejarse acomplejar por los adversarios. ¿Dónde estará la clave del éxito de los dirigentes populares? Pues en su capacidad para controlar una mayoría compartida y compleja sin perder autoridad ni identidad. Los acuerdos potenciales con los de Abascal no suponen fusión ideológica, pero sí coherencia y estabilidad. Y exigen liderazgos personales: negociar sin complejos y sin pedir perdón a los ruidosos derrotados, fijar límites y hacer cumplir los compromisos. Se trata de ordenar una alternativa, más allá de los programas, de mantener la claridad ideológica y huir de la provocación y los desplantes. El cambio político es posible y el fracaso no vendrá por pactar con Vox, sino por no saber gestionar ese pacto.
