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El precio de los muertos

Qué clase de Gobierno cree que con 20 millones se puede comprar el silencio de los familiares de una tragedia

CRONOLOGIA ACCIDENTE ADAMUZ | ¿Qué se sabe y qué no se sabe del accidente de Adamuz?

 

La frase es hipnótica: «asumimos la responsabilidad». Sánchez y toda su tropa la pronuncian con soniquete gregoriano, con su eco incluido, y en ese breve canto termina todo. ¿Qué responsabilidad? Hay que admitir que es una solución mágica a los marrones que provoca la ineptitud. En esta España rota y manirrota, asumir la responsabilidad consiste exactamente en decir que se asume la responsabilidad. Si en Cataluña viene bien alguna dimisión, hágase. Allí hay que ponerse el termómetro demoscópico todas las noches antes de dormir porque allí es donde compra Sánchez el colchón de la Moncloa. Pero en el resto de España basta con que Puente suelte el móvil, haga pucheros y anuncie 210.000 euros de indemnización por cada muerto. Es decir, ellos asumen la culpa porque un inocente nunca pagaría, y nosotros la responsabilidad porque el dinero sale de nuestro bolsillo. Si el dinero que ahora anuncian para las víctimas lo hubiesen puesto antes en las vías…

Montero ofrecerá su otra mejilla en el funeral de Huelva, del que Sánchez se escaquea, porque los empujones que dio en Adamuz para ponerse en la foto como candidata andaluza le obligan ahora a aguantar el chaparrón. Sería demasiado descarado mandar a otro ministro de jornada con los Reyes después del esfuerzo ímprobo de la vicepresidenta por coger sitio junto a los trenes descarrilados. Sánchez da por amortizada la derrota en Andalucía. Que Montero se queme. Como Alegría en Aragón. Como Puente en las redes sociales. Su objetivo es aguantar enhiesto. Y cambiar el foco. Encender los bafles de la rondalla de TVE y que sólo se hable de la regularización de inmigrantes. De que el PP se opone a la subida de las pensiones, zambucada en un chorizo de medidas cuya aprobación arruinaría electoralmente a sus adversarios. La trampa es tan burda como siempre: o votáis que sí a la suspensión de los desahucios que promueve Bildu, o estaréis votando que no a la subida de las pensiones. «¡Trece millones de pensionistas han sido perjudicados por los grupos de la derecha!», exclamó Bolaños atusándose las gafas. La soflama, bien adobada después por los tertulianos que parecen fabricados por IA, es perfecta para lograr el paso a la siguiente pantalla. El escándalo de los trenes se abrazará en el ostracismo con el del apagón y a seguir. Anestesia general.

El debate sobre el uso como treta política de un problema humanitario es elitista. A la masa pastueña le cabe la pinza en Aragón y, de paso, Sánchez se presenta ante sus fans como un estadista frente a las salvajadas de la policía migratoria de Trump. Apoyar una Iniciativa Legislativa Popular impulsada por la Iglesia para regularizar a medio millón de inmigrantes es la jugada perfecta para cambiar de tema y volver a marcar la agenda. Si a eso se le añade la diatriba contra el PP por la añagaza de las pensiones, el presidente se sopla las palmas de las manos como Alcaraz antes del ‘smash’. Pero, oiga usted, despierte: ¡que el Gobierno le ha puesto precio a los muertos de Adamuz!

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