Elecciones Aragón: Azcón roza la «investidura limpia», pero Vox puede decidir
La candidata socialista, Pilar Alegría, no evita que el PSOE siga desangrándose: 48.500 votos menos y una pérdida de entre cinco y seis escaños

El sondeo de NC Report para LA RAZÓN coloca al PP en una posición de ventaja nítida en Aragón, donde se celebran elecciones autonómicas el próximo 8 de febrero, pero con una trampa aritmética que es, en realidad, el centro político de la campaña: puede ganar con holgura suficiente y, aun así, no gobernar en solitario. La encuesta otorga al PP un 39,9% de los sufragios y una horquilla de 30-31 escaños en unas Cortes de 67 asientos, en las que la mayoría absoluta está en 34. Traducido: Azcón quedaría a 3-4 diputados de la autosuficiencia.
El PP aparece disparado respecto a 2023: sube desde el 35,5% de los votos y los 28 escaños hasta el 39,9% y los 30-31 diputados. Mejora, ensancha la distancia con el PSOE y refuerza la idea de que el anticipo electoral le ha salido rentable, al menos en lo que a intención de voto se refiere. Pero ese crecimiento no tiene premio completo, porque no alcanzaría la llave de la gobernabilidad sin terceros. Y ahí aparece la clave que atraviesa hoy por hoy toda la política territorial: Vox.
El partido de Santiago Abascal no solo consolida su presencia, sino que crece hasta los 12-13 escaños, y el 17,6% de los votos, frente a los 7 y el 11,2% de las anteriores elecciones, convirtiéndose en el socio imprescindible para cualquier investidura del bloque de derechas. Con esos números, la suma PP-Vox se sitúa cómodamente por encima de los 42 diputados, una mayoría holgada. Pero es que, además, en vísperas de que comience la campaña, no hay, de momento, otra. Los de Abascal crecen con respecto a las anteriores elecciones unos 10.000 votos más que los populares.
La pregunta que sobrevuela el debate de la campaña es si el PP podría formar gobierno con apoyos alternativos, especialmente con Existe. Los regionalistas, según el sondeo, obtendrían dos escaños, uno menos que en 2023, por lo que la suma se queda en 33, en la horquilla más alta del PP, uno por debajo del umbral de gobierno.
Y eso sin entrar en un segundo factor decisivo: Existe no es una fuerza concebida para sostener ejecutivos autonómicos del PP, ni por trayectoria ni por base electoral. Aunque todos los sondeos la incluyan en la suma con el partido de Azcón. La tentación de ampliar la ecuación con otras fuerzas –CHA, IU o Podemos– pertenece más al terreno de la ficción parlamentaria. Son partidos situados en la izquierda política y su apoyo a un gobierno del PP no es solo improbable: es inviable desde el punto de vista de su supervivencia electoral. El PSOE, por su parte, no aparece en condiciones de alterar ese tablero aragonés.
Un golpe para el PSOE
El sondeo refleja una caída significativa de los socialistas hasta los 17-18 escaños, entre 5 y 6 menos que su representación actual, lo que deja a su candidata, la exministra Pilar Alegría, sin capacidad para liderar una alternativa ni para actuar como factor de desbloqueo. De esta forma, el PSOE acumularía una nueva derrota electoral, perdiendo 48.000 votos. El consuelo de Moncloa y de Ferraz es que es una derrota menos dolorosa que la de Extremadura, pero no es un argumento que convenza internamente y así se verá, si se confirman estos resultados, en la resaca después de la noche electoral. Pedro Sánchez se asegura otro peón fiel al frente de la federación aragonesa, pero es un partido anulado políticamente y en clara crisis de poder y de proyecto. Aragón lo volverá a confirmar en las urnas.
A nivel nacional, los resultados consolidan una tendencia que ya se ha visto en Extremadura y, en el pasado, en otras comunidades: el PP puede ganar elecciones, pero puede también depender de Vox. Y cuanto más crece Vox, mayor es su capacidad para fijar condiciones, dentro o fuera del Ejecutivo. La diferencia entre coalición, apoyo externo o acuerdos de investidura no es secundaria, aunque los estrategas demoscópicos apuntan ahora a que la entrada de Vox en los gobiernos autonómicos puede ser una oportunidad para el PP porque es el escaparate que serviría, presuntamente, para que el partido de Abascal se desgaste en el ejercicio del poder y ponga en evidencia la incongruencia en la práctica de sus propuestas «populistas».
El problema es que tampoco queda tanto tiempo para las elecciones andaluzas –previstas para mayo o junio–, decisivas, y, después, unas futuras generales, salvo cambio en la agenda impuesta por Sánchez, como para que esto se visibilice. En todo caso, la campaña aragonesa no se juega solo en el eje PP-PSOE, sino dentro del propio bloque de la derecha. El PP aspira a concentrar voto para acercarse a la mayoría absoluta y reducir el peso de su socio. Vox, en cambio, no necesita ganar: le basta con demostrar que es imprescindible. Así, Aragón votará, en realidad, dos cosas al mismo tiempo. Quién gana las elecciones y quién manda después de ganarlas. Porque la encuesta deja una conclusión inequívoca: la campaña puede ser decisiva para que se abra una tercera vía, o, por el contrario, para que el único camino de estabilidad pase por el entendimiento entre PP y Vox.
Mientras, el PSOE se verá arrastrado al desierto.
Fuentes socialistas admiten que Alegría se llevará un golpe que, no por sabido, será menos duro. La exministra abandonó el Ejecutivo, que explotó hasta el último momento, para hacer una campaña en Aragón por la que está siendo muy criticada. Lo cierto es que en el PSOE asumen que el ciclo de elecciones autonómicas les dejará contra la pared. También al presidente, aunque Pedro Sánchez va a lo suyo. Los socialistas, como ya contó este diario, lamentan que el secretario general esté anteponiendo sus intereses a los del partido. En ese sentido, en el PSOE de Aragón sentó a cuerno quemado la foto de Sánchez con Oriol Junqueras en Moncloa. Nadie entendió por qué el Gobierno dejó al líder de ERC las explicaciones del acuerdo de financiación autonómica que no quiere ninguna comunidad excepto Cataluña. Aragón es, de hecho, una de las regiones de España donde cualquier concesión al independentismo provoca urticaria. Por eso, los socialistas están desolados. Sánchez insiste en que la clave de este ciclo electoral no es nacional. Pero sus cuadros intermedios hacen una relación clara tras meses de escándalos.
