Democracia y PolíticaHistoria

En defensa de la buena política

▷ #OPINIÓN En defensa de la buena política #11Abr - El Impulso

 

Poco más de dos milenios hicieron falta para digerir la sabiduría de Aristóteles en La Política, de modo que su noción de poder moderado pasara de la teoría en los libros al intento en la vida real. Con tensiones, conflictos y crisis, con más o menos lentitud, más o menos violencia, con avances y retrocesos, el signo de la historia política de la humanidad ha sido el tránsito del poder personal al poder institucional, del poder absoluto al poder limitado, del poder concentrado al poder distribuido. Políticamente hablando, se puede decir que ese ha sido el proceso civilizatorio.

Sociables e imperfectos, los seres humanos tuvieron que inventar el poder para procurar el bien común, cuya necesidad los reunió en sociedad. Después no tardarían en darse cuenta de la natural propensión del poder a desbordarse, y empezó la lucha interminable por ponerle diques y canales para devolverlo a su razón de existir, de modo que fuera, como debía, instrumento al servicio de todos y no amenaza.

En la democracia, aquel antiguo invento griego, se encontró la respuesta al absolutismo. Primero fue el Estado liberal de Derecho, después el Estado Democrático y Social de Derecho que en la globalidad interdependiente busca convertirse en Estado Democrático de los Derechos Humanos. Siempre buscando más y mejor.

En esta Venezuela de vida accidentada, tras largas luchas, amargas experiencias, superando escollos, logramos meternos en ese camino de la difícil construcción democrática, sin liberarnos completamente de los atavismos del pasado autoritario y con los problemas propios de la vida libre, una confluencia de los cuales nos empujó, sin que pudiéramos, supiéramos o quisiéramos evitarlo, a ir por la corriente exactamente inversa y desembocar en esta regresión que ya no da para más.

En el siglo XX la democracia fue impugnada por el fascismo y el marxismo, aunque su prestigio era tal que los países regidos por el socialismo real preferían llamarse “democracias populares” y dictaduras de derecha como la franquista, “democracia orgánica”. Uno y otro fueron derrotados. En el XXI, la contestación antipolítica viene de fundamentalismos, populismos y autoritarismos “nuevos” que se encuentran con un ecosistema amigable, paradójicamente, en los formidables y prometedores cambios en las tecnologías de la información y la comunicación.

Para que la democracia que reconoce las diferencias existentes en la sociedad y asume el reto de procesarlas exitosamente sea posible, hace falta la política como reconocimiento de que no somos una tribu, una religión, un interés o una tradición solas.

El poder está limitado en el tiempo, por eso la alternabilidad y también en las competencias, por eso la separación de poderes. El gobierno gobierna, el parlamento representa, legisla y controla y la judicatura resuelve los conflictos entre las personas, entre el poder y éstas y entre los diversos órganos del poder, otras funciones como el control fiscal, la defensa de los derechos humanos, la administración electoral, requieren autonomía para la salud del sistema todo.

Tarea de la política es crear un entramado institucional para que todo eso opere en beneficio de todos. Por eso es que la política no puede ser de un grupo, excluyendo a todos los demás. Por definición no es administración de cuotas entre los que mandan, sino trabajo constante para servir a todos y garantizar libertad, justicia y oportunidades para todos. Es la “buena política” de Frateli Tutti.

Creer que la política se reduce contentar a los míos y el poder es licencia para ignorar a todos los demás es el error que nos ha traído hasta aquí y que ahora tenemos el deber y la oportunidad de enmendar.

 

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