En Minneapolis y en Gaza ahora rige el mismo lenguaje de violencia
Trump, Netanyahu y Hamas apuestan a la fuerza como atajo político rumbo a 2026: máscaras, gatillo fácil y propaganda reemplazan la negociación, y el costo lo pagan civiles, periodistas y comunidades enteras

Agentes federales de inmigración lanzan gas lacrimógeno tras un tiroteo en Minneapolis, el sábado 24 de enero de 2026. (AP Foto/Abbie Parr)
NUEVA YORK.- En estos últimos días, cada vez que me siento frente a la computadora me tengo que preguntar: ¿Qué más puedo decir sobre las dos noticias que más me importan, la que ocurre en mi ciudad natal, a orillas del río Misisipi, y la otra en Cisjordania y en ambas márgenes del río Gaza?
¿En qué video debería detenerme más? ¿En las imágenes de Renee Good, a quien un agente del ICE le disparó en la cara en Minneapolis mientras intentaba evacuar el lugar? ¿O en el video del sábado de agentes federales baleando a Alex Jeffrey Pretti, un enfermero de terapia intensiva que intentaba ayudar a una mujer a la que habían rociado con gas pimienta?
¿O quizás en el video del miércoles, que muestra las consecuencias de los ataques israelíes en Gaza, donde murieron tres periodistas palestinos, entre otros?
Los periodistas palestinos trabajaban para un comité de ayuda humanitaria proveniente de Egipto y documentaban su distribución en un campo de desplazados. ¿O quizás los videos de Hamas ejecutando a sus rivales y negándose a ceder, aunque la guerra que lanzó el grupo el 7 de octubre de 2023 resultó en una catástrofe para el pueblo palestino?
Esos acontecimientos tienen mucho más en común de lo que podría pensarse. Detrás de todos ellos, en mi opinión, hay líderes nefastos que prefieren soluciones fáciles y violentas a la ardua labor de una resolución negociada.

Líderes que ven la mano dura como la mejor manera de ganar sus próximas elecciones: el presidente Trump en las elecciones legislativas de 2026; el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que seguramente convoque a elecciones para la misma fecha; y Hamas, en su esfuerzo desesperado por liderar el movimiento palestino en la posguerra de Gaza, a pesar de haber perdido la guerra…
Hamas y el ICE también comparten una característica muy visible que nunca pensé que vería en Estados Unidos: casi todos sus soldados rasos llevan la cara tapada. Mi experiencia como corresponsal en Oriente Medio me enseñó que la gente se tapa la cara cuando trama algo malo y no quiere que su rostro sea captado por las cámaras.
Lo veía todo el tiempo en Beirut y en Gaza: nunca esperé verlo en el centro de Minneapolis. ¿Desde cuándo los agentes de la ley de Estados Unidos, encargados de defender la Constitución y el Estado de derecho, sienten la necesidad de ocultar su identidad?
Entiendo por qué los combatientes de Hamas llevan máscaras: tienen las manos manchadas de sangre israelí y palestina, y temen represalias. Pero si ponemos la foto de un agente del ICE junto a la de un combatiente de Hamás, los desafío a que los distinguan. Telegrama para Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional: No es una buena imagen, ¿qué tienen que esconder?
Queda claro en las imágenes que Good y Pretti estaban presentes como observadores, intentando defender a otros, pero ambos fueron arrastrados al caos y recibieron disparos a quemarropa por parte de agentes de la ley que nunca debieron haber apretado el gatillo.
Sin embargo, el equipo de Trump insiste en que el ICE no tiene culpa alguna. ¿Así esperan darle legitimidad a la campaña del gobierno para rastrear y deportar a inmigrantes ilegales?
Ese mismo instinto de gatillo fácil y orden subvertido — “fuego, apunten, preparen”— es uno de los legados moralmente degradantes que nos deja la guerra de Israel en Gaza.
Uno de los periodistas palestinos asesinados por el ataque aéreo israelí del miércoles, Abdel Raouf Shaath, había trabajado durante años como camarógrafo para CBS News y otros medios; los otros dos eran los periodistas locales Mohammad Salah Qishta y Anas Ghneim.
Según se informa, cuando su vehículo fue atacado estaban filmando la distribución de ayuda del Comité de Ayuda Egipcio.
¿En serio esa era la única manera de manejar la situación durante un alto el fuego, lanzando primero un ataque aéreo y preguntando recién después?
¿Israel puede asesinar a científicos nucleares en Irán en medio dela noche a 1900 kilómetros de distancia, pero no puede distinguir a un periodista de un combatiente a plena luz del día en su patio trasero?
Es vergonzoso, y ocurre pocos meses después de la muerte del periodista de Reuters, Hussam al-Masri, a manos de fuerzas israelíes en las escaleras del Hospital Nasser de Gaza.
Netanyahu se disculpó por esa muerte anterior, pero en cuanto a los tres periodistas asesinados la semana pasada, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) emitieron un comunicado estándar en el que afirmaban que sus tropas identificaron “a varios sospechosos que operaban un dron vinculado a Hamás” y que “atacaron a los sospechosos que activaron el dron”.
Las FDI agregaron que están revisando los detalles del operativo. Es lo que siempre dicen. Así pierden su alma las naciones y sus ejércitos.
Lo que está pasando realmente es que Netanyahu va por la reelección. Israel ocupa actualmente aproximadamente el 53% de la Franja de Gaza, mientras que Hamas controla el 47% restante. Con la ayuda de Egipto, Qatar y Turquía, el presidente Trump presiona para que Hamas se desarme, para que sus líderes militares se retiren y para que la organización se convierta en una entidad puramente política.
A cambio, Trump espera que Israel inicie la retirada hacia su propia frontera.
Netanyahu sabe que si se presenta a elecciones con Hamas conservando su influencia política en Gaza y con las FDI en retirada, los extremistas de extrema derecha de su coalición de gobierno se lo van a comer crudo.
Esos aliados de Netanyahu no solo quieren quedarse en Gaza: también quieren la anexión de Cisjordania. Por eso “Bibi” quiere que la guerra continúe, provocando a Hamas para que siga combatiendo y así no tener que retirarse nunca de la Franja.
Mientras tanto, Hamas se aferra a sus armas para mantener el control sobre el terreno. De hecho, por más que eventualmente se vea obligado a convertirse en una entidad política, la agrupación hará todo lo posible para cooptar al gobierno tecnocrático palestino que la administración Trump quiere instalar.
¿Y por casa cómo andamos? A pesar de que las encuestas muestran que la mayoría de los norteamericanos desaprueban las tácticas del ICE, Trump parece creer que el caos en Minneapolis le beneficiará en las elecciones legislativas de noviembre y apuesta a presentarse con una plataforma de “ley y orden” impulsada por el sentimiento anti-inmigratorio.
Sin embargo, dentro de la Casa Blanca hay otra opinión. El vicepresidente J.D. Vance visitó Minneapolis la semana pasada para instar a los funcionarios locales a cooperar con los agentes federales y así “bajar la temperatura y el caos”.
De repente, nada menos que el cínico de Vance se convirtió en la voz de la calma y la razón. Sospecho que sus palabras canalizaban el temor de los legisladores republicanos, que temen que el accionar del ICE los conduzca a una debacle electoral en las elecciones legislativas de noviembre.
A mis amigos y familiares de Minnesota les digo que estén muy orgullosos de la forma en que están documentando esos abusos de la fuerza pública y defendiendo a sus vecinos que cumplen la ley, trabajan duro y enriquecen nuestra ciudad, tanto los que tienen papeles como los que no.
Pero es vital que su esfuerzo vaya acompañado de un firme compromiso con una reforma migratoria que controle la frontera y cree una vía legal para obtener la ciudadanía estadounidense.
El mensaje ganador sigue siendo el mismo: muros altos y una puerta grande. Controlar la frontera, pero aumentar la inmigración legal. Los demócratas nunca deben olvidar que una de las razones del regreso de Trump al poder fue el fracaso del gobierno anterior por controlar la inmigración ilegal. Y a los votantes independientes ese tema los sigue preocupando enormemente.
Trump, Bibi y Hamas tienen la vista puesta en su objetivo: las elecciones de 2026. Y más vale que los habitantes de Minnesota, Israel y Gaza lo tengan presente, porque si Trump mantiene el control del Congreso, si Bibi consigue otra reelección y Hamas toma el control del movimiento palestino, las tres sociedades se sumirán en una oscuridad de la que recuperarse será terriblemente difícil.
Traducción de Jaime Arrambide