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Entrevista con Martha C. Nussbaum: “La nación tiene una importancia moral”

Martha C. Nussbaum (Nueva York, 1947) es una pensadora de referencia, estimulante y rigurosa. Ha escrito sobre filosofía clásica, feminismo, ética, nacionalismo, la relación entre emociones y política. Su libro más reciente es La tradición cosmopolita (Paidós).

¿Cómo definiría la tradición cosmopolita?

La tradición, tal como yo la defino, mantiene que todos los seres humanos son, en primer lugar y ante todo, ciudadanos de todo el mundo, y que debemos nuestra lealtad primaria a toda la humanidad, no a la familia o nuestros conciudadanos. Creo que esta tradición expresa algunos ideales magníficos que hoy aparecen en el movimiento internacional de los derechos humanos.

¿Por qué considera que es un ideal imperfecto?

Encuentro cuatro defectos en la tradición tal como la articularon los griegos y los romanos.

En primer lugar, la tradición distingue entre “deberes de justicia”: el deber de no utilizar la fuerza o el fraude contra los demás, pero también de proteger a la gente del fraude o la fuerza de los demás, y “deberes de ayuda material”, es decir, dar asistencia financiera para aliviar el hambre y la privación. La tradición dice que los primeros deberes son muy estrictos y se deben cumplir para todos, pero los segundos son muy elásticos y permiten preferir a los cercanos y queridos. Creo que esta distinción es incoherente (porque cuesta mucho dinero proteger de la fuerza a los aliados) y no muy útil en un mundo en el que el hambre y otros tipos de privación material son asaltos de la dignidad humana tan terribles como la guerra. La bifurcación de los deberes ha llevado a lo largo del tiempo a una situación en la que tenemos doctrinas claras sobre la ley internacional que corresponden al primer conjunto de deberes, pero no una posición clara con respecto al segundo. Tanto Grocio como Adam Smith ayudaron a corregir ese error, así que este es un debate interno en la tradición.

En segundo lugar, la tradición establece una regla estricta para las prioridades de todos los seres humanos, y dice que siempre se deben poner en primer lugar los intereses de toda la humanidad. Eso olvida que cualquier sociedad contiene una pluralidad de doctrinas religiosas y laicas sobre cómo vivir, y que todas merecen respeto. Esto es lo que mostraba John Rawls en su maravilloso libro El liberalismo político. Esto significa que ninguna doctrina general como el cosmopolitismo debería afirmarse como la norma para toda opción política. Los principios políticos deberían ser más humildes y respetuosos de la pluralidad y la diferencia.

En tercer lugar, el cosmopolitismo olvida un hecho que Grocio reconoció antes que nadie, aunque está presente de algún modo ya en Cicerón. Se trata de que la nación tiene una importancia moral, porque es la unidad más grande que conocemos que constituye una expresión de la autonomía del pueblo y porque rinde cuentas ante él. Por eso, no sería bueno que las organizaciones transnacionales quitaran demasiado poder a las naciones, y la ciudadanía nacional debería conservar su importancia. Por supuesto, las naciones pueden hacer que sus compromisos sean compatibles con algunos deberes transnacionales y un mundo en paz. La tradición tenía razón en eso. Pero aparte de Cicerón, que tiene cosas emocionantes que decir sobre la importancia de la república propia, los primeros arquitectos de la tradición fracasaron a la hora de ver esta verdad importante.

Finalmente, el cosmopolitismo es una forma de humanismo racionalista. Valora a todos los seres humanos, y solo a ellos, porque tienen racionalidad moral. Niega por completo nuestros deberes hacia los animales no humanos y el mundo de la naturaleza. Esa es la crítica más seria que hago, y ahora estoy escribiendo un libro sobre derechos animales.

La dignidad, la idea de una dignidad universal, es uno de los temas del libro. Escribe sobre pensadores europeos, pero también ha explicado que no es solo una tradición occidental.

Cuando formulaban la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los participantes, que venían de todo el mundo, desde China, desde Egipto y muchos otros lugares, veían que lo único que podían compartir era el lenguaje de la dignidad humana, que aportaba el núcleo ético de ese documento.

Escribe que Cicerón presentó la primera formulación sistemática de esas ideas. Explica que algunos de los problemas de la tradición estaban presentes en su obra (por ejemplo, una falta de atención a los aspectos materiales). Grocio, que reflexionó sobre la soberanía y las leyes, quizá sea una presencia previsible en un libro sobre este tema. ¿Por qué es Adam Smith importante para la tradición cosmopolita?

Cicerón es la primera figura de quien tenemos algo más que fragmentos. Pero no es la primera. La tradición empieza con los cínicos y estoicos griegos, a partir del siglo iv antes de Cristo, y Cicerón escribe siguiendo sus textos, pero con un espíritu crítico. Su gran obra Sobre los deberes contiene algunos de los defectos de la tradición, pero también corrige algunos, en sus excelentes argumentos sobre el lugar especial de la república propia. Grocio es crucial porque defiende a la vez un papel moral clave para la nación y también empieza a mostrar cómo la tradición puede crear un espacio para la redistribución material. Además, aborda el asunto clave de la migración, y es una fuente filosófica importante para quienes desean defender un derecho a la migración a otro país. Finalmente, dice que la tierra es la posesión común de todos los seres humanos, una parte de su trabajo que el movimiento ecologista moderno ha considerado inspirador. Adam Smith es importante por muchas razones, pero sobre todo porque expone con argumentos detallados que la dignidad humana es erosionada por la pobreza y la falta de educación.

Un problema de las organizaciones internacionales es la dificultad de hacer que se cumplan sus medidas. Lo hemos visto con conflictos armados, lo vemos con el calentamiento global. Escribe sobre la centralidad del Estado-nación, su importancia para alcanzar fines que podríamos asociar incluso con una mentalidad cosmopolita. ¿Es una forma de reconocer un fracaso o un defecto de la tradición cosmopolita?

Como he dicho, creo que la nación tiene una importancia moral, no solo práctica, así que no deberíamos pensar en un Estado mundial, sino en cooperación entre Estados, que a menudo se logra a través de acuerdos y agencias internacionales. El hecho de que en la actualidad la mayoría de esas organizaciones sean muy defectuosas (las Naciones Unidas, por ejemplo, está llena de corrupción e incompetencia) nos da razones adicionales para no darle poderes dictatoriales sobre las naciones.

Defiende un “enfoque basado en las capacidades”. ¿Qué es, y qué tiene que ver con el ideal cosmopolita?

El enfoque de las capacidades es una forma de ver la base ética del desarrollo internacional que empezó con el economista Amartya Sen, ganador del Nobel, sobre la economía del desarrollo. Yo lo he desarrollado de forma filosófica, y de manera un poco distinta, como base para pensar lo que significa para cualquier nación aspirar a una justicia básica. Desarrollo mi versión de este enfoque en tres libros, Las mujeres y el desarrollo humano (2000, en el año de publicación en inglés), Las fronteras de la justicia (2006) y Crear capacidades (2011). También hay una Asociación para el Desarrollo y Capacidades Humanos, de la que forman parte casi cien países, y donde Sen y yo somos presidentes fundadores. Lo que dice este enfoque es que si quieres saber qué tal está haciendo las cosas un país, la medida correcta no es el pib per cápita, ni el promedio de utilidades. Es lo que la gente de verdad puede hacer y ser. Las capacidades no son solo destrezas, sino oportunidades sustantivas para elegir cosas que el individuo valora. En mi versión esta idea se convierte en la base para una lista de diez garantías cruciales que deberían formar parte de cualquier nación que afirme ser mínimamente justa.

En su mayor parte, los miembros de nuestra Asociación se centran en las capacidades humanas, como anuncia el nombre de la organización. Pero algunos hemos trabajado en una lista (o varias, más bien) de las capacidades de los animales no humanos como objetivos que el mundo debería alcanzar. Ese es el tema del libro que estoy escribiendo ahora. ~

 

Daniel Gascón: (Zaragoza, 1981) es escritor y editor de Letras Libres. Es autor de El golpe posmoderno (Debate, 2018).

 

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