Entrevista Ricardo Hausmann: «Que María Corina no haya vuelto a Caracas indica que la dictadura sigue»
El prestigioso economista observa con inquietud que la democratización de Venezuela no está en la agenda de EEUU

El economista venezolano Ricardo Hausmann.
La líder opositora venezolana María Corina Machado mantuvo esta semana una reunión «excelente» con el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio. Al mismo tiempo, Washington levantaba las sanciones contra Delcy Rodríguez, poder en la sombra de la dictadura, presidenta de facto y repentina aliada de Donald Trump. El prestigioso economista Ricardo Hausmann (Caracas, 1956) observa estas jugadas con preocupación: Venezuela está unificada en torno al liderazgo de Machado, dice, y eso no se está teniendo en cuenta. Ex ministro de Planificación con Carlos Andrés Pérez, ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y catedrático de Economía Política Internacional en la Universidad de Harvard, Hausmann ha pasado de la alegría a la inquietud por la transición en Venezuela. En Madrid, invitado por la Fundación Rafael del Pino, confiesa que no le basta con confiar en las buenas intenciones de Estados Unidos: la democratización de su país no aparece de momento en la agenda.
PREGUNTA.– ¿Pensó alguna vez que Estados Unidos acabaría interviniendo en Venezuela?
RESPUESTA.- Sí. Ya en 2016 escribí que Venezuela había llegado a una situación que exigía alguna intervención externa para acabar con el régimen, porque la catástrofe que estaba generando era intolerable para los venezolanos y para los países que tuvieron que absorber a más de 8 millones de personas. Cuando vi el despliegue de la Armada estadounidense en diciembre pasado, deduje que habría intervención.
P.- ¿Qué sintió cuando vio a Maduro detenido en la sede de la DEA?
R.- Ese fue un día de enorme incredulidad y entusiasmo. Nunca imaginé una operación así. Pero después de la rueda de prensa de Trump sentí una gran preocupación. Trump aludió 20 veces al petróleo, pero no habló de democracia. Habló de Estados Unidos como la víctima. Al contrario del espíritu de la intervención en Europa tras la II Guerra Mundial, parecía más el discurso de alguien que iba a conquistar, no a liberar.
P.- La operación recibió críticas por la violación de la legislación internacional. Cabe preguntarse hasta qué punto es útil un Derecho internacional que sirve de coartada para las tiranías.
R.- Yo creo que Venezuela es el símbolo del fracaso estrepitoso de la legislación internacional. Ahí no funcionó la Carta Democrática de la Organización de los Estados Americanos. Ahí no funcionó la Corte Penal Internacional. Ahí no funcionó la ONU. Ahí no funcionaron las condenas y sanciones de la Unión Europea, de los norteamericanos, de los canadienses, del Grupo de Lima. Ninguna instancia actuó cuando se necesitaba. Afortunadamente, el Gobierno de Maduro violó el orden internacional, y fue una violación del orden internacional la que acabó con Maduro.
«Venezuela es el símbolo del fracaso estrepitoso de la legislación internacional»
P.- ¿Habría que articular un mecanismo de injerencia humanitaria, concepto que acuñó el fundador de Médicos Sin Fronteras? Finalmente tendría que recaer en las potencias democráticas, porque la mayor parte de los países del planeta son dictaduras o Estados fallidos o democracias precarias.
R.- La responsabilidad de proteger fue lo que llevó a la OTAN y Estados Unidos a intervenir en Kosovo, para que no se repitiese el genocidio que había ocurrido en Ruanda y en Srebrenica, en Bosnia. Es obvio que este tema no está cerrado, pero en Estados Unidos se volvió casi inaceptable plantearlo. Trump no habla de la responsabilidad de proteger, ni de los grandes principios. Habla de los intereses más directos de Estados Unidos.
P.- Al mismo tiempo, el secretario de Estado, Marco Rubio, reivindica la defensa de los principios de la civilización occidental, como hizo en Múnich. No sé si estamos en una nueva Guerra Fría, o si en realidad es la misma Guerra Fría de siempre.
R.- Marco Rubio habló en Múnich como precandidato presidencial más que como ministro de Relaciones Exteriores. Y lo que dijo no se parece demasiado al documento de Política de Seguridad Nacional. Pero más allá de eso, creo que comportarse dentro de ciertos valores y principios fortalece a Estados Unidos. Porque no estamos en la vieja Guerra Fría. Ahí el enemigo era un régimen que tenía una ideología universalizable: «Trabajadores del mundo, uníos» es un eslogan global. Todos cabían en el comunismo. No todos caben en el nacionalismo ruso. Y no todos caben en el America First. No son ideologías universalizables, como sí lo es el orden liberal: la pregunta es si los países que comparten ese pensamiento pueden coaligarse y cooperar a fondo. Yo creo que sí. Y desde ese punto de vista, America First debilita la capacidad de liderazgo de Estados Unidos.
P.- ¿Hasta qué punto Trump es menos imprevisible de lo que parece? ¿No hay en esa imprevisibilidad una parte de estrategia para desconcertar al adversario?
R.- Yo creo que él trata de hacer de la imprevisibilidad un activo para confundir a sus rivales. Hace poco leía un artículo en el New York Times sobre los últimos días de Nicolás Maduro: el ex presidente venezolano estaba convencido de que lo que pasó no podía pasar. No lo previó. En este caso, la imprevisibilidad funcionó. Pero también tiene un coste: como no eres previsible, eres riesgoso. Y como eres riesgoso, todos los demás se ponen en guardia y diversifican sus opciones. Y en el proceso de diversificar sus opciones, se tienen que acercar a China, que en este momento es tu principal adversario. Por eso creo que ser imprevisible, que trae muchos beneficios a corto plazo, no es conveniente para el interés nacional de Estados Unidos a largo plazo.
«Trump trata de hacer de la imprevisibilidad un activo para confundir a sus rivales»
P.- Ha habido críticas a la entronización de Delcy Rodríguez. ¿Qué opina de la estrategia de mantener una estructura chavista para desmantelar el chavismo?
R.- Esa es una posible interpretación de la estrategia. Hay otras. Y obviamente, en el caso de Venezuela, que es para mí algo personal, no me siento cómodo teniendo fe en que esas sean las intenciones de Estados Unidos. Me preocupa que teniendo un país políticamente unificado en torno a un liderazgo político alternativo, no lo hayan tomado en cuenta, y que la forma de preservar la estabilidad sea manteniendo el esquema represivo que impide que la gente pueda expresarse, moverse o acceder a la información, que los ciudadanos amenazados por el régimen puedan regresar, o salir de la clandestinidad. Y eso implica desmontar las leyes que han destruido la libertad en Venezuela. Significa desmantelar el sistema judicial y la Fiscalía, que son los que han interpretado y ejecutado las leyes totalitarias de Venezuela. Implica tomar el control de los cuerpos de policías, abusadores y torturadores que han sostenido este régimen. Pero dejarlos a ellos en control implica no permitir la expresión mayoritaria de la voluntad de los venezolanos, que han sido excluidos de la estrategia estadounidense.
P.- Haber sacado toda la estructura cubana ya es un paso muy importante para empezar a desmantelar el régimen.
R.- De nuevo, sacar la estructura cubana, la estructura rusa, es importante, pero si Estados Unidos dice que está comprometido con la democracia, debería estar haciendo cosas que permitan más claramente su retorno. Y eso pasa por poner sobre la mesa cómo se va a nombrar un nuevo Consejo Nacional Electoral, porque el que está es el que se robó las elecciones; implica abrir el registro electoral, porque mucha gente ha salido del país, y tiene que tener derecho a votar. Casi tres millones han cumplido los 18 años y no se les ha permitido registrarse. Pasa también por legalizar los partidos políticos, devolverlos a sus líderes legítimos, y acabar con la intervención que hizo el régimen.
P.- Usted ha destacado la importancia de contar con la sociedad organizada, la misma que realizó la gesta electoral del 28 de julio de 2024. María Corina Machado pidió desde el primer momento un poco de paciencia. ¿No debería volver a Venezuela, en este momento crítico, para activar justamente esa fuerza social?
R.- Tengo plena confianza en que ella va a regresar. Lo ha dicho. No tengo información particular sobre sus planes, pero el hecho de que no haya regresado es un síntoma de que la tiranía no ha cesado. Porque por ejercer sus libertades, por ser candidata, por defender la soberanía popular, la está persiguiendo el régimen que Trump está apoyando. Si Trump dice que él maneja Venezuela, tiene que asegurar la libertad, la seguridad y los derechos de María Corina Machado. Su ausencia del país es un reflejo de que la dictadura sigue.
P.- ¿Qué papel cree que pueden jugar las Fuerzas Armadas? Sabiendo, claro, que la cúpula está corrompida y que los oficiales disidentes han sido exterminados.
R.- Obviamente las Fuerzas Armadas son una estructura jerárquica, y la jerarquía le ha funcionado al régimen. Es muy importante que haya un relevo en el liderazgo militar de la dictadura. Soy optimista: si hay un alto mando militar comprometido con la Constitución, las Fuerzas Armadas no van a ser un obstáculo.
«Me preocupa que no se haya tomado en cuenta la voluntad de los venezolanos»
P.- Trump está invitando a las empresas petroleras a invertir en Venezuela, pero ninguna va a hacerlo si no hay Estado de derecho y seguridad jurídica, y eso implica estabilidad. Me imagino que ese puede ser un factor que juegue a favor de la transición.
R.- Trump querría resolver el tema petrolero antes que la transición política. Pero eso va a generar un pecado original, y es que todo se regirá por normas hechas por una Asamblea Nacional ilegítima y un Gobierno inconstitucional, y ahí las empresas más serias no van a querer participar. En cambio, llegarán las empresas más cleptócratas y menos fiables. Ya tenemos el caso de Chevron. Intentar hacer la reforma petrolera antes de la transición política debilita el potencial de largo plazo de la industria petrolera.
P.- ¿Qué salida vislumbra para Delcy Rodríguez? Cabe pensar que ha llegado a un acuerdo para ella y para su hermano.
R.- No sé cuáles son las responsabilidades penales que tienen Delcy y su hermano por los crímenes cometidos en los últimos 27 años en Venezuela, así que prefiero no pronunciarme. Pero sí creo que en una Venezuela saneada, todas las ideologías políticas deberían tener partidos que compitan en elecciones por la voluntad popular: prefiero que existan esos movimientos y que pierdan, a que se prohíban.
P.- ¿Cuál cree que es el papel de Marco Rubio en la Administración Trump? Él sí parece tener un proyecto más político por lo que respecta a Venezuela o a Cuba.
R.- Marco Rubio tiene una estructura mental más legible, más articulada y sus intenciones sobre Venezuela y Cuba van en la dirección correcta. Pero tiene que negociar dentro de una estructura de poder que no necesariamente comparte sus prioridades. Entonces, la esperanza está puesta en que las tesis de Marco Rubio prevalezcan sobre otras tesis, más en la línea America First, que le disputan el espacio de decisiones y que influyen sobre Trump. El problema es que si, como cree mucha gente, Marco Rubio va a ser candidato presidencial, se va a tener que retirar del Gobierno en poco tiempo, quizás en un año o año y medio. Y todas estas son agendas que superan esos horizontes de tiempo.
«Las intenciones de Marco Rubio sobre Venezuela y Cuba van en la dirección correcta»
P.- Usted ha señalado que la destrucción económica y social de Venezuela no tiene parangón. Pero es inevitable pensar en Cuba. En cuanto Cuba tomó control, Venezuela sucumbió en el mismo proceso de destrucción. Lo que es realmente inédito es pensar como una isla quebrada logró colonizar una potencia petrolera.
R.- Cuba tenía una ideología que le permitía adquirir adeptos en América Latina, y una vez que esos adeptos llegaban al poder, los ayudaba a usar toda la experiencia acumulada en crear los marcos de control autoritario que ellos han perfeccionado. Es un ejemplo importante de un Estado capturado por una dictadura que ha impedido que su pueblo se vuelva a expresar y que ha desarrollado la tecnología de opresión para quedarse ahí. Pero eso puede ocurrir con otras organizaciones: Venezuela también es un país capturado por carteles de la droga, que son otra estructura con capacidad de tomar y dirigir los tentáculos del Estado.
