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España y los desafíos de Europa

La influencia de Pedro Sánchez en el ámbito político de la UE está siendo, más que limitada, prácticamente nula

El año 2020 en Europa comienza con las principales instituciones comunitarias recientemente renovadas: la IX legislatura del Parlamento Europeo echó a andar hace 6 meses y la nueva Comisión Europea y el Consejo acaban de iniciar un nuevo mandato el pasado 1 de diciembre. Sin embargo, muchos de los desafíos que se nos presentan este año no son nuevos, algunos ya asomaron en el 2019 y en otros venimos trabajando desde hace años.

Una de las principales tareas con las que arrancamos esta década es la consecución del Brexit. Tras la contundente victoria de Boris Johnson en las elecciones británicas del pasado 12 de diciembre, seguidas de la luz verde de Westminster al Acuerdo de Retirada negociado entre Londres y Bruselas, todo apunta a que, tras tres aplazamientos, el Brexit será una realidad el 31 de enero.

Comenzará, a partir de ese momento, un importante período de negociaciones para definir la relación futura entre el Reino Unido y la Unión Europea. Y esta relación futura, tanto política como económica, pasa por la negociación en muchos campos que incluyen un gran número de sectores como la pesca, el transporte, la educación, el turismo o el medio ambiente. Y todo esto en un tiempo récord, tan sólo 11 meses. Menos de un año -Johnson ha anunciado que no pedirá una prórroga- para cerrar acuerdos comerciales que, normalmente, necesitan hasta un lustro para su consecución.

El nuevo Ejecutivo no ayuda a proyectar una imagen de Gobierno estable, responsable y preparado para ocupar una posición de peso y liderazgo a nivel internacional. No transmite confianza

Sobre la mesa, también, el futuro de Gibraltar y la necesidad de mantener los términos negociados con gran acierto por el Gobierno del Partido Popular: cualquier cambio de estatus en el Peñón debe contar con el veto o autorización expresa de España. Desde un punto de vista estratégico, la salida del Reino Unido de la Unión Europea convierte a España en la cuarta potencia europea. En términos de influencia, tanto en Europa como a nivel internacional, nuestro país no debería desaprovechar esta importante oportunidad.

Sin embargo, mucho me temo que la coalición de socialistas con la extrema izquierda radical antieuropea que conforma el actual Gobierno, bendecido por independentistas radicales -cuyos líderes están encarcelados o fugados por atentar contra el orden constitucional- a los que les “importa un comino la gobernabilidad de España”– y batasunos no ayuda a proyectar una imagen de Gobierno estable, responsable y preparado para ocupar una posición de peso y liderazgo a nivel internacional. No transmite confianza.

Y es que desde que Pedro Sánchez intentara convencernos tras los comicios del 28 de abril de su posición de líder fuerte de la Unión Europea, alardeando de un supuesto poder de decisión al frente de las negociaciones para la renovación de los altos cargos comunitarios, la realidad es que su influencia ha sido y está siendo muy limitada, si no nula, en la UE.

España no puede permitirse que ambiciones partidistas y, sobre todo personales, se antepongan a los intereses generales. A lo largo del 2020, se concluirán las negociaciones del Marco Financiero Plurianual (2021-2027), que marcan las principales líneas del presupuesto de la Unión Europea para los próximos siete años. Por ello es de importancia capital un Gobierno competente, fuerte, creíble, sin hipotecas y con capacidad de negociación.

La unidad de España es también la unidad de Francia, de Italia o de Bélgica. Defender la unidad de España es defender la unidad de Europa

Y muy estrechamente relacionado con el Brexit se encuentra otro de los grandes desafíos que todavía se ciernen sobre la Europa que viene. Se trata de los populismos de derecha e izquierda y de los nacionalismos exacerbados que amenazan la propia supervivencia de la Unión Europea, la prosperidad y el estilo de vida del que disfrutamos actualmente. Todos conocemos las graves consecuencias a las que conducen el odio, la confrontación y la división que generan estos movimientos. El proyecto europeo está concebido como una unión desde el respeto y la defensa de la diversidad. Y es por ello que la unidad de sus estados miembros es también la unidad de Europa. Esto es, la unidad de España es también la unidad de Francia, de Italia o de Bélgica. Defender la unidad de España es defender la unidad de Europa.

Por ello, frente a las falacias y mentiras independentistas en su intento de contaminar a la opinión pública tanto europea como, ahora, a la española, los eurodiputados del Partido Popular vamos a continuar ejerciendo una defensa férrea de la unidad y los valores democráticos de España, de su Constitución, que es la defensa del interés de todos los españoles. Me temo y lamento que los eurodiputados de otras formaciones políticas, como el Partido Socialista, sean rehenes de los pactos imposibles de Pedro Sánchez. Es difícil entender para nuestros colegas europeos el golpe a la legalidad de los secesionistas en Cataluña cuando el Gobierno de España, de la nación que quieren destruir, descansa sobre ellos, gracias a las vergonzantes concesiones de Pedro Sánchez.

Debemos actuar con una voz coordinada y contundente sin titubear en la denuncia de regímenes que suponen un yugo para la población como en Venezuela, Cuba o Nicaragua

También cuesta entender la incoherencia de Vox compartiendo grupo parlamentario –y vicepresidencia de Grupo- con el partido nacionalista flamenco, principal apoyo del prófugo Carles Puigdemont en el Parlamento Europeo, o la de Ciudadanos en el mismo grupo que el PNV. Así, la reforma de la euroorden, liderada por el Partido Popular, que se presentará este año, supone un refuerzo en la confianza mutua de los 27 para evitar que fugados de la Justicia como Puigdemont puedan moverse libremente por Europa.

En este sentido, recuerdo que la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha hecho de la defensa del Estado de Derecho uno de los ejes de sus políticas para su recién estrenado mandato. Y mientras que España se sitúa en los primeros puestos de los principales indicadores que miden los niveles de democracia a nivel mundial –según el Democracy Index de The Economist, nuestro país está entre las 20 democracias plenas de todo el mundo situándose por delante de países como Francia o Japón-, la Unión Europea debe reaccionar ya con determinación a los graves ataques al Estado de Derecho en otros estados miembros con gobiernos socialistas como Malta o Eslovaquia donde dos periodistas han muerto como consecuencia de sus investigaciones periodísticas.

Además, en este 2020 la UE debe dar un paso decidido liderando enérgicamente la protección y promoción de los derechos humanos y la democracia dentro de un papel más activo en el tablero internacional. Debemos actuar con una voz coordinada y contundente sin titubear en la denuncia de regímenes que suponen un yugo para la población como en Venezuela -por cierto, Pedro Sánchez todavía no se ha pronunciado sobre los recientes acontecimientos-, Cuba o Nicaragua.

Los tuits de Donald Trump

Y no podemos olvidarnos del nuevo marco de las relaciones transatlánticas, marcadas por el giro proteccionista de Estados Unidos tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, los aranceles a sectores productivos europeos que repercuten directamente en nuestro país y la reciente escalada bélica con Irán. No obstante, defiendo que la tradicional relación con los Estados Unidos, con quién compartimos vínculos y valores más fuertes que un tuit, debe ser prioritaria. A pesar de las actuales divergencias, nos enfrentamos a retos comunes como la seguridad, la inmigración ilegal, China, la amenaza de Irán o el terrorismo global.

Como prioritario es, también, para Europa, el liderazgo en la lucha contra el cambio climático desde una perspectiva que tenga en cuenta el mantenimiento del empleo y la competitividad de la industria europea con la defensa del medio ambiente, la revolución digital en la que no se deja a nadie atrás, la creciente injerencia rusa como factor desestabilizador de la propia Unión Europea así como la inestabilidad en Oriente Medio y el Norte de África o la ampliación del proyecto europeo hacia los Balcanes. La Europa que construyamos hoy serán los cimientos de la Europa de mañana.

 

 

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