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¿Está el mundo libre sin líderes?

 

En un artículo reciente (‘liderazgos divididos y divisores”) afirmaba que Es bien sabido que en política – quizá más que en otra esfera de acción humana – el temperamento de sus protagonistas es fundamental. Ello nos ilumina la trayectoria de un demócrata como Churchill, o de un tirano totalitario como Castro. Lamentablemente, hoy en día los temperamentos de la actual generación política no son precisamente esperanzadores, como declara recientemente Felipe González; hay en todo el mundo un apogeo de liderazgos personalistas, centrados en un líder que más que unir busca dividir, no solo su sociedad, incluso su propio movimiento político (…) la meritocracia, el esfuerzo, el rigor, el trabajo común, están siendo aplastados por el surgimiento de un ejército de líderes mediocres que entienden la política como su nuevo terreno de triunfo personal; y con aspiraciones del tamaño de sus egos. ¿Hay acaso excepciones? En nota próxima responderemos esa pregunta”.

Pongámonos entonces hoy a la tarea de dar la respuesta prometida.

Comencemos por recordar a aquellos que nos hacen caer en visiones pesimistas: Donald Trump, a quien le acaba de surgir la amenaza de impeachment, es uno de los más notorios ejemplos; en el muy reciente escándalo de Ucrania Trump está acusado de poner el poder de su país a disposición de una ganancia política personal del presidente-candidato, atacando a un posible rival candidatural, Joe Biden.

Por su lado, el Primer Ministro Británico, Boris Johnson, más allá de sus excentricidades, bravuconadas e inconsistencias, intentó una maniobra política –la suspensión del parlamento- que la corte suprema de su país ha considerado “ilegal”. ¿Y qué de los presidentes que se burlan de la constitución, o incluso de los resultados de un referendo, e insisten en lanzarse de candidatos? Hugo Chávez primero, Nicolás Maduro después, y Evo Morales ahorita, son ejemplos egregios. Como asimismo lo es el turco Erdogan, que tras perder las elecciones de la muy importante alcaldía de Estambul maniobró hasta lograr su repetición, tan solo para ver cómo las ganaba de nuevo la oposición. ¿Y dónde dejamos al presidente filipino, Rodrigo Duterte, admirador confeso de los asesinatos extrajudiciales?

Es hora de señalar ejemplos contrarios, que por fortuna sí los hay.

 

Las democristianas alemanas Angela Merkel y Ursula von der Leyen

Y es justo mencionar de primera a la que sin duda es la política democrática más importante de Europa, la democristiana alemana Angela Merkel. Junto con ella, surge un nuevo liderazgo en la Comisión Europea con su recién electa presidenta, Ursula von der Leyen. Cuando Merkel se reunió con el actual presidente norteamericano en 2017, un titular de prensa afirmaba con justicia: “La líder del mundo libre se reúne con Trump”.

Merece ser destacada en Europa la nueva presidenta de Eslovaquia, Zuzana Čaputová, no solo por ser la primera mujer en el cargo, sino por haber derrotado a un establecimiento político muy corrupto. Su victoria es una prueba asimismo de que el nacionalismo blanco –triunfante en los vecinos Polonia y Hungría- no es invencible.

Zuzana Čaputová

Un nombre que sin duda merece incluirse es la de la joven Primera Ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, quien diera una lección de conducta ejemplar frente a un atroz acto de violencia terrorista que asombró a su país; mostró cómo se defienden valores de convivencia mucho más importantes que las conveniencias políticas. Ella enseñó al mundo cómo ser empática y humana con las víctimas, al mismo tiempo que éticamente justa al actuar con coherencia, fortaleza y firmeza frente a los asesinos y terroristas. Con su conducta, Jacinda Ardern le dio una lección de liderazgo al mundo.

De este lado del Atlántico destaca el actual secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien ya ha sido postulado a una merecida reelección al cargo; sus antecesores César Gaviria y José Miguel Insulza fueron poco más que burócratas grises que no solo no se enfrentaron a las dictaduras cubana y venezolana sino que incluso las protegieron. En nota reciente, Héctor E. Schamis menciona las razones que hacen no solo posible sino incluso necesaria la reelección del uruguayo:

“El liderazgo de Almagro (consiste en) practicar la diplomacia sin eufemismos y hacer política con principios. Incomoda, por eso, a quienes no tienen principios o los seleccionan en base a posiciones políticas, es decir, dependiendo de si gobierna la izquierda o la derecha. O sea, aquellos que ignoran —a diferencia de Almagro, jurista por sobre todas las cosas— que los derechos no tienen ideología”.

Los derechos humanos no tienen ideología. Y Almagro los ha defendido frente a todo tipo de ataques de la izquierda forosaopaulista, vale decir, de los dinosaurios viudos de la URSS y hoy al servicio de las tiranías de izquierda en el planeta. La gestión de Luis Almagro le ha devuelto a la OEA su misión e identidad: la defensa de la democracia y la protección de los derechos humanos.

No puedo dejar de mencionar al presidente de los venezolanos, al luchador por la democracia y la libertad frente a la usurpación castro-chavista, Juan Guaidó. Como afirma en una nota Luis Pérez Oramas, su carisma proviene de la obvia certeza que desprende sobre su compromiso, asumido con modestia, hacia el país, hacia nosotros, hacia su misión concreta (…): este hombre nos habla directamente a la razón, al sentido común, a la tolerancia, a la inteligencia emocional y no, nunca, a las bajas pasiones del alma. Guaidó es, así, el anti-Chávez que Venezuela ha engendrado de sus agonías. Por esto no se cansa de repetirnos, para curarnos de la enfermedad caudillista, que el suyo es también un liderazgo colectivo, fruto de una labor lenta, colegiada, obra del encuentro y del aprendizaje del error, de la metabólica asimilación de los traumas que ha traído la dictadura infausta, anacrónica, abusiva, mentirosa, violenta que de la mano de Chávez y luego Maduro, con todos sus cómplices, ha hecho del país un territorio de desechos, un campo de fuga y sufrimiento (…) lleva razón el presidente de la Asamblea Nacional, este nuevo líder, en repetir, como un ritornello didáctico, que las prioridades serán abrevar el sufrimiento de la gente y convocar el retorno del gentilicio nacional, en el más amplio sentido del término: simplemente hacer por fin un país de ciudadanos, no de militantes, ni de milicianos. Es ese, y no es poco, el vasto proyecto para un siglo que comienza”.

Concluyamos reconociendo que existe una crisis global de las instituciones democráticas. En años recientes, diversos grupos y organizaciones (como Freedom House) han destacado un declinar constante en los derechos políticos y la libertades civiles en el mundo. Dos autocracias poderosas, Rusia y China, buscan expandir su influencia y trabajan activamente en la destrucción de las sociedades occidentales y sus valores.

Pero como mostramos con los ejemplos señalados, hay también razones para el optimismo. Quizá –sobre todo luego del retiro de Angela Merkel- el mundo libre carezca de un “líder” , pero hay diversos ejemplos de países y personas que luchan por los valores esenciales del pluralismo y la libertad.

 

 

 

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