Feijóo y Abascal… ¿hay alguien ahí?
«Se entenderán, porque no queda más remedio. Porque la prioridad es echar al peor presidente que ha dado la democracia española, pero con la nariz tapada y guardándose las espaldas»

(Ilustración: Nieto)
Cuando, hace apenas una semana, Paloma Esteban y yo salíamos de la entrevista que publicó ABC el domingo pasado con Santiago Abascal -la entrevista en exclusiva que este periódico obtuvo y que marcó los comentarios de todos los cenáculos políticos- saqué en claro una percepción que debería preocupar a la derecha española: las relaciones están muy mal a ese lado de la vida política. Entre Feijóo y Abascal se respira mal rollo, desafío, desconfianza… sensación de no te aguanto pero no queda más remedio.
Piensan los de Vox que Tellado, el lugarteniente de Feijóo, come, conspira y alienta a los Espinosa de los Monteros y los Gallardo contra el aparato de Bambú y, piensan los de Génova 13, que los Kikos Méndez Monasterio se reúnen en secreto con Bolaños para hacer la pinza que ahogue a Feijóo. Y en esa guerra cruzada de conspiraciones están.
Se entenderán, porque no queda más remedio. Porque la prioridad es echar al peor presidente que ha dado la democracia española, pero con la nariz tapada y guardándose las espaldas.
La guerra fratricida entre populares y ‘voxianos’ tiene aún muchos capítulos por escribir. Decía una de las mentes más preclaras del PP hace unos días en conversación fuera de focos que lo de las ejecutivas de los populares después de cada elección autonómica era, más que una ejecutiva, un club de autoayuda, donde se escenifican triunfos como si fueran victorias bíblicas aunque en el fondo deberían ser solo reuniones de discretas satisfacciones. Por ejemplo, con lo de Mañueco. Celebrando el resultado como una ‘champions’ cuando podría haber sido una victoria por la mínima si no llega a ser por unos pocos miles de votos que podrían haber convertido la discreta subida de Vox en otro subidón de 3 procuradores más y al PP en una subidita de apenas uno o ninguno.
Y en esa guerra fratricida de la derecha española estamos. Dicen los propios compañeros de partido -de colmillo retorcido y cuentas pendientes- de Juanma Moreno, Bonilla de Despeñaperros para arriba, que si Vox le quita la mayoría absoluta el 17-A le va a hacer sudar sangre. Las encuestas internas de los populares andaluces dan a Juanma una mayoría absoluta cogida con pinzas. Un baile de uno arriba uno abajo que separa el cielo del infierno.
Ha tenido el presidente andaluz que adelantar la fecha por culpa de León XIV. Nadie en San Telmo quería unas elecciones después de la visita papal no vaya a ser que el Santo Padre difunda mensajes a favor de la inmigración masiva que hagan dudar al votante de derechas.
Lo cierto es que, en esta guerra absurda que resta esfuerzos para combatir al sanchismo, hay también una buena dosis de fuego amigo. Son ya legión los que piensan en Génova que lo del ultimo congreso nacional pepero fue un congreso fallido. Aquello de gobernar en solitario sin Vox ahora parece una broma de mal gusto y lo de reeditar el centro reformista se ha quedado en una vieja ocurrencia. El viaje al centro de Aznar ya no vale para estos tiempos.
En esta guerra absurda piensan los de Abascal que la supuesta recapacitación de Génova y los mensajes de no alimentar la cólera son impostura que no se creen en realidad. Y piensan los de Génova que la recapacitación de los de la sede de Bambú para cerrar pactos son solo por obligación pero no por convencimiento.
Ya han saboreado las mieles del matrimonio de conveniencia Mañueco, Azcón y Guardiola y los que vienen se atan los machos. Y no solo Juanma, sino otros como Almeida, el alcalde socavón, que calcula que los de Abascal sin Ortega Smith están dos puntos por arriba que hace cuatro años en los sondeos madrileños. Cuidado con el dato.
Así que en estas anda la derecha mientras Sánchez se autonombra líder mundial de los desamparados. Y cuidado que la jugada le puede salir bien. Otra vez.
Se pelean unos y otro sin entender, de una vez por todas, que nadie es nadie sin el otro y que se necesitan, mientras, por cierto, en la mente sanchista algo oscuro navega en Cataluña. Algo se cuece, se trabaja y se amasa. Y no algo menor. Algo que ha despertado a consulados y embajadas que andan preguntando a quien sabe qué está pasando en territorio Illa. Algo se maquina. Al tiempo.
Cuando la derecha española entienda que lo suyo no es competir sino compartir igual no es demasiado tarde.
