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Feliz cumpleaños, Antón Chéjov

Unos extractos de la biografía de Donald Rayfield sobre Antón Chéjov, que nació un 17 de enero de 1860.

1. Antón Chéjov cuenta su vida:

En 1892, el editor V. A. Tijónov le pidió a Antón Chéjov que redactara una nota biográfica para su revista. Ésta es la respuesta de Chéjov:

“¿Necesita mi biografía? Aquí la tiene. Nací en Taganrog en 1860. En 1879 terminé mis estudios en la escuela de Taganrog. En 1884 terminé mis estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Moscú. En 1888 recibí el Premio Pushkin. En 1890 hice un viaje a Sajalín a través de Siberia, y volví en barco. En 1891 viajé por Europa, donde bebí vino espléndido y comí ostras. En 1892 me paseé con V. A. Tijónov en una fiesta [la celebración del santo del escritor Shcheglov]. Empecé a escribir en 1879 en Strekozá. Mis colecciones de relatos son Relatos abigarradosEn la penumbraGente difícil y la novela corta El duelo. También he pecado en el dominio del drama, aunque con moderación. Me han traducido a todos los idiomas, salvo los extranjeros. Sin embargo, me tradujeron al alemán hace tiempo. Los checos y los serbios también me aprueban. Y los franceses también se relacionan conmigo. Conocí los secretos del amor a los trece años de edad. Mantengo relaciones excelentes con mis amigos, tanto médicos como escritores. Soy soltero. Me gustaría cobrar una pensión. Me entretengo con la medicina hasta tal punto que este verano voy a hacer varias autopsias, algo que no he hecho en dos o tres años. Entre los escritores prefiero a Tolstói, entre los médicos, a Zajarín. Sin embargo, todo esto son chorradas. Escriba lo que quiera. Si faltan hechos, sustitúyalos por algo lírico”.

2. Chéjov y sus hermanos:

Los dos hermanos mayores de Antón Chéjov tenían talento: Alexandr era escritor y Kolia era pintor. Los dos eran alcohólicos, vagos y débiles; Kolia murió muy joven, tuberculoso y lleno de deudas, y tras la muerte de Antón Alexandr publicó unas memorias de infancia en las que hablaba de las palizas de su padre: el texto lo alejó de su familia para siempre. Antón Chéjov, que se convirtió muy joven en el cabeza de familia, quería a sus hermanos, pero siempre tenía que ir detrás de ellos.

En diciembre de 1888, Antón Chéjov visitó a su hermano mayor Alexandr en San Petersburgo. Alexandr era viudo, brillante y caótico, y vivía con una antigua novia de Antón, Natalia Ipatieva-Golden. A Antón no le gustó la forma en que Alexandr trataba a Natalia, y le escribió una carta a principios de 1889:

“Me tuve que alejar de ti por culpa de tu horrible y totalmente injustificado tratamiento de Natalia y la cocinera… Un lenguaje nauseabundo, constante y de la peor clase, gritos, reproches, peleas en la comida y en la cena, quejas constantes sobre tu trabajo duro y tu vida condenada… ¿No es eso una expresión de tiranía grosera? Por patética y culpable que sea la mujer, por mucha intimidad que tenga contigo, no tienes derecho a sentarte en su presencia sin pantalones, a estar borracho delante de ella, a usar un lenguaje que no emplean ni los obreros de las fábricas cuando ven mujeres cerca… Ningún marido o amante decente se permitiría hablar con grosería a una mujer sobre meadas o sobre papel higiénico, ni hacer una broma irónica sobre sus relaciones en la cama, ni fisgonear verbalmente en sus órganos sexuales. Ese comportamiento corrompe a una mujer y la distancia del Dios en que cree. Un hombre que respeta a una mujer, que la ama y es bien educado, no aparecerá delante de la criada sin pantalones, gritando con todas sus fuerzas: ‘¡Katka, trae el cubo de mear!’… Entre la mujer que duerme en sábanas limpias y la mujer que se acuesta en sábanas sucias y se ríe a carcajadas cuando su amante se tira un pedo existe la misma distancia que la que hay entre un salón de recepciones y un bar… No puedes decir impunemente esas obscenidades delante de los niños, o insultar a los criados o decirle con despecho a Natalia: ‘¡Lárgate y vete al infierno! No voy a mantenerte’.”

(Según Donald Rayfield, la relación mejoró, y Natalia siempre se lo agradeció a Antón.)

En esta carta a Kolia le reprochaba que no pagara sus deudas:

“Eres amable hasta lo empalagoso, magnánimo, desinteresado, compartirías tu última moneda, eres sincero; no conoces la envidia ni el odio, eres sencillo, compadeces a las personas y los animales, no eres rencoroso ni vengativo, eres confiado… El Cielo te ha dotado con lo que otros no tienen… en la Tierra solo hay un artista cada dos millones de personas… solo tienes un defecto. En él residen tus falsas excusas, tu dolor y tu inflamación en las tripas. Se trata de tu extremada falta de buenos modales… La carne de clase baja, educada con palizas, bodegas de vino y espectáculos de caridad. Es difícil, tremendamente difícil, superarlo.

En mi opinión, la gente bien educada debe satisfacer las siguientes condiciones:

1) Respetan la personalidad humana y son siempre considerados, amables, educados y dóciles…

2) … No pueden dormir… si tienen que pagar por sus hermanos estudiantes, o que comprar ropa para su madre…

3) Respetan la propiedad ajena y por tanto pagan sus deudas.

(…)

8) Desarrollan un sentido artístico. No pueden irse a dormir vestidos, mirar grietas llenas de chinches en la pared, respirar aire viciado, caminar sobre suelos cubiertos de escupitajos, comer en una vieja lata para velas. Intentan con todas sus fuerzas domesticar y ennoblecer el instinto sexual… De una mujer no necesitan la cama, ni el sudor equino, ni los sonidos de la micción, ni una mente que se expresa en el arte de engañarte con embarazos falsos y mentiras sin fin. Ellos, especialmente los artistas, necesitan frescura, elegancia, humanidad, la capacidad de ser una madre, no un agujero… No engullen vodka, ni olfatean armarios, porque saben que no son cerdos. Solo beben cuando pueden, en la ocasión adecuada… Ven a casa con nosotros, rompe la jarra de vodka, y túmbate y lee… aunque solo sea a Turguéniev, al que no has leído.

Tienes que perder tu puta vanidad, porque ya no eres un crío. ¡Pronto tendrás treinta años! ¡Ya es hora!

Estoy esperando… Todos estamos esperando.”

3. Chéjov contra Tolstói:

En 1894, Antón Chéjov le transmitía a su editor Suvorin estas opiniones sobre el autor de Guerra y paz:

“Quizás porque he dejado de fumar, la moralidad de Tolstói ha dejado de conmoverme: en el fondo de mi alma me siento hostil a ella, y eso por supuesto es injusto. La sangre campesina fluye por mis venas, y no se me puede asombrar con las virtudes campesinas. Desde niño he creído en el progreso y no podría actuar de otra manera, puesto que la diferencia entre el tiempo en que me azotaban y el tiempo en que las palizas terminaron es enorme. Me encantan la gente inteligente, la sensibilidad, la cortesía, el ingenio… No me afectaban las proposiciones básicas, que se conocían de antemano, sino la manera que tiene Tosltói de expresarse, el didactismo y probablemente una especie de hipnotismo. Ahora hay algo de mí que protesta: el cálculo y la electricidad y el vapor muestran más amor por la humanidad que la castidad y el vegetarianismo.”

4. Chéjov en Boguímovo:

En el verano de 1891, Antón Chéjov alquiló una casa de verano para su familia en Boguímovo. En la década de 1890, además de viajar con regularidad a Moscú y San Petersburgo a ver a amigos y amantes, y de pasar varios meses en la colonia penitenciaria de Sajalín, Chéjov se dedicó a escribir para sustentar a su familia, a recibir a conocidos y novias, a fundar escuelas y a ayudar cuando las epidemias asolaban a la población. Donald Rayfield escribe:

“Antón estableció un régimen exigente. Se levantaba a las cuatro de la mañana, hacía café y trabajaba mientras la casa dormía hasta las once. Después paseaban, jugaban, comían, recogían setas, pescaban y descansaban. Antón volvía a sentarse a trabajar; se quedaba hasta que llegaba la noche, a las nueve. Después venían la cena, cartas, hogueras, payasadas, controversias personales y filosóficas, y visitas a los vecinos. Los lunes, martes y miércoles escribía La isla de Sajalín; los jueves, viernes y sábados, “El duelo”; los domingos componía ficciones alimenticias, como “Campesinas”, un relato de mujeres indignadas ante el relato de un viajero que les cuenta cómo condujo a la mujer de un vecino a su muerte. Mantuvo un ritmo furioso, con solo dos o tres horas de sueño cada noche, durante tres meses, a pesar del dolor de muelas, los trastornos estomacales y la tos.”

5. Chéjov contra Zola:

Antón Chéjov envió en 1888 a su editor y amigo Alexéi Suvorin una carta sobre Zola:

“He visto a bastantes mujeres caprichosas y he pecado personalmente muchas veces, pero no creo a Zola ni a esa mujer que le dijo: “Bumba, bumba, y ya está”. A la gente disipada y a los escritores les gusta fingir que son gourmets y expertos en la fornicación; que son osados, decididos, creativos, que practican el sexo de treinta y tres maneras diferentes sobre casi cualquier cosa salvo el filo de una navaja, pero eso solo son palabras, en realidad se acuestan con sus cocineras y van a los burdeles que cuestan un rublo… Nunca he visto un solo apartamento donde las circunstancias te permitan volcar a una mujer que lleva un corsé, faldas y un vestido adecuado sobre una cómoda o un diván o el suelo y practicar el sexo sin que los criados se enteren. Todos esos términos para hacerlo “de pie”, “sentados” y todo eso son absurdos. Lo más fácil es en una cama, y las otras treinta y tres posturas son difíciles y solo pueden practicarse en la habitación de un hotel o en una cabaña… Si el propio Zola practicaba el sexo encima de la mesa, debajo de la mesa, sobre vallas, en casetas para perros, en coches correos, o si vio con sus propios ojos que otros lo hacían, créase sus novelas, pero si escribió a partir de rumores y de historias de amigos, fue precipitado y descuidado.”

En 1897, Suvorin y Chéjov volvieron a discutir sobre Zola. En aquella ocasión, Chéjov, que intentaba mejorar de su tuberculosis en la Costa Azul, defendía como Zola la inocencia de Alfred Dreyfus, mientras que Suvorin dirigía un periódico antisemita. Chéjov quedó impresionado por J’accusse y convenció a muchos rusos de la inocencia del oficial judío. Coincidió una vez con Zola, pero el autor de Las tres hermanas no confiaba en su dominio del francés, y dos de los grandes defensores de Dreyfus solo pudieron saludarse.

Traducción del inglés de Daniel Gascón. Publicado originalmente en Anton Chekhov. A Life.

Daniel Gascón: (Zaragoza, 1981) es escritor y editor de Letras Libres. Es autor de El golpe posmoderno (Debate, 2018).

 

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