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Freddy Marcano: Cuando la sociedad va adelante y la política se queda atrás

Venezuela atraviesa un momento particular: no se trata de una sociedad rota, sino de una sociedad que, aun en medio de dificultades, ha desarrollado mecanismos de convivencia, cooperación y resistencia que no encuentran correspondencia en el sistema político. Este artículo propone una lectura de esa realidad a partir de los hallazgos recientes de organizaciones como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre cohesión social. De igual manera, a partir de algunos aportes teóricos contemporáneos, busca identificar por qué la transición sigue sin comenzar y cuál es el camino más seguro para encauzarla hacia la estabilidad y el cambio que se espera.

Los datos son claros: existe una disposición mayoritaria al diálogo, un rechazo sostenido a la violencia y una percepción extendida de que los conflictos del país son fundamentalmente políticos y no sociales. Esto configura una paradoja: la sociedad venezolana está más preparada para convivir que el propio sistema político para organizar esa convivencia. En términos prácticos, hay una base social que favorece acuerdos, pero no existen los mecanismos institucionales ni las condiciones políticas que permitan traducir esa disposición en decisiones concretas.

Desde una perspectiva teórica, esto puede entenderse como una crisis en la capacidad de comunicación política. Como advierte Jürgen Habermas, las democracias requieren espacios donde el diálogo no solo exista, sino que sea efectivo y respetado. En Venezuela, aunque la ciudadanía valora el entendimiento, el clima público está marcado por la desconfianza, el lenguaje confrontante y la baja interacción entre quienes piensan distinto. No es que la sociedad rechace el diálogo; es que no encuentra condiciones reales para ejercerlo.

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