Freddy Marcano: Cuando la sociedad va adelante y la política se queda atrás

Los datos son claros: existe una disposición mayoritaria al diálogo, un rechazo sostenido a la violencia y una percepción extendida de que los conflictos del país son fundamentalmente políticos y no sociales. Esto configura una paradoja: la sociedad venezolana está más preparada para convivir que el propio sistema político para organizar esa convivencia. En términos prácticos, hay una base social que favorece acuerdos, pero no existen los mecanismos institucionales ni las condiciones políticas que permitan traducir esa disposición en decisiones concretas.
Desde una perspectiva teórica, esto puede entenderse como una crisis en la capacidad de comunicación política. Como advierte Jürgen Habermas, las democracias requieren espacios donde el diálogo no solo exista, sino que sea efectivo y respetado. En Venezuela, aunque la ciudadanía valora el entendimiento, el clima público está marcado por la desconfianza, el lenguaje confrontante y la baja interacción entre quienes piensan distinto. No es que la sociedad rechace el diálogo; es que no encuentra condiciones reales para ejercerlo.
