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FÚTBOL CON MAYÚSCULAS (y con minúsculas)

 

Los muy locuaces locutores que transmitieron las incidencias de ese hermoso festival deportivo que fue el Mundial de fútbol femenil en Francia olvidaron mencionar algunos detalles, no menores, a sus millones de televidentes en el mundo.

Lo primero es que, si bien las fechas del torneo femenino se conocían al menos desde marzo de 2015 (hace más de cuatro años), la FIFA decidió que la fecha del juego final -el 7 de julio- coincidiera con otras dos finales de torneos internacionales de fútbol, ambos masculinos: la Copa América, en Río de Janeiro, y la Copa Dorada de la CONCACAF, en Chicago. Las tres finales el mismo día. Qué cosa.

El presidente de la CONCACAF afirmó que todo se debía a un “error”, el cual no podía revertirse por “razones logísticas”. Quizá esto último sea un eufemismo por la prioridad –humanamente comprensible, claro- que le dan los directivos de la FIFA y de sus órganos regionales a escapar de las garras de la justicia, acusados como están muchos por casos de corrupción desde que Joseph Blatter, eterno y todopoderoso jefe del clan FIFA, renunciara a su cargo en junio de 2015, apenas seis días después de que siete miembros de su directiva fueran detenidos.

Dirigentes de la FIFA detenidos

Este mundial jugado en Francia, a pesar de la perenne resistencia de los dirigentes masculinos, marcará un antes y después en la historia del fútbol; no solo por el claro contraste entre lo visto en tierras galas con el muestrario de desastres que constituyó la que sin duda ha sido la peor Copa América de la historia. Además, porque la FIFA, ahora dirigida por un italiano muy emprendedor, ha visto que las chicas no solo juegan bien, sino que su torneo puede igualar en $$$$$ a los certámenes masculinos. Dos ejemplos: el juego semifinal entre Inglaterra y los Estados Unidos fue más visto en la TV del Reino Unido que la final de la Champions League, jugada entre dos equipos ingleses, Liverpool (ganador) y Tottenham. ¡Fin de mundo! Y Nike ha informado que una de sus camisetas futbolísticas más vendidas de la historia es la de la selección nacional femenina gringa. 

Coca Cola no se ha quedado atrás; veamos uno de sus avisos publicitarios promocionando la Copa Mundial 2019:

Además, los siempre pragmáticos dirigentes tienen que haber notado que en el fútbol femenino no hay fans agresivos ni barras bravas; imagínese, usted no solo puede ir tranquilo al estadio, sino incluso llevar a su familia. En los campos de fútbol franceses se vio una auténtica fiesta deportiva. El fútbol en toda su belleza, sin la violencia, el fingimiento de faltas, el racismo o la xenofobia que hoy impera en los juegos de varones.

Los terrenos de juego brasileños daban pena (¿no hubo algún tipo de supervisión previa por la Conmebol, digamos visitar el país un par de meses antes, para echar una miradita a los campos?); el VAR nadie lo supo usar, convirtiéndose en un instrumento de tortura general; los jugadores daban la impresión de que no tenían muchas ganas de jugar (ya vienen los entrenamientos en serio, en las ligas respectivas), los entrenadores lucían desconcertados, y a los árbitros como que los sacaron de la escuela de arbitraje del Inspector Clouseau. Para el próximo evento podrían contratar a las árbitros del mundial femenil, mucho más profesionales y eficientes.

Claudia Umpiérrez, árbitra uruguaya del Mundial Femenino

En Brasil un equipo que nunca recibió un gol en contra (Colombia) quedó eliminado, y otro que apenas obtuvo dos puntos de nueve en la ronda inicial (Paraguay) clasificó a cuartos de final. La competición fue tan aburrida que tres de los cuatro juegos en la ronda de cuartos terminaron 0-0 y tuvieron que ser decididos por penaltis. ¿Cuándo había sucedido en torneos internacionales que los dos capitanes fueran expulsados por la misma jugada -durante el Argentina-Chile por el tercer lugar-?

Otro hecho olvidado por todos los comentaristas, sumado a lo dicho sobre la calamitosa Copa América, fue la mala actuación latinoamericana en el Mundial de fútbol de Rusia, el año pasado. La situación debería prender las alarmas. Ningún equipo de la región llegó a la semifinal en 2018, totalmente jugada entre selecciones europeas. En Francia 2019, de los ocho equipos femeninos que clasificaron a cuartos de final, siete eran europeos; la excepción fue el equipo campeón, Estados Unidos, que juega en su propia galaxia, cuatro veces campeón mundial (de ocho oportunidades) y cuatro medallas de oro olímpicas. Su peor resultado en mundiales ha sido el tercer lugar. En Francia, en siete partidos, marcó 26 goles y solo recibió 3; nunca estuvo en desventaja, y su entrenadora, Jill Ellis, no solo ha ganado dos mundiales consecutivos, sino que jamás ha perdido un juego en esa justa: en catorce juegos (2015 y 2019), tiene trece victorias y un empate. Ellis es el segundo director técnico en la historia del fútbol en ganar dos mundiales consecutivos; el primero fue el italiano Vittorio Pozzo, quien ganó con Italia los mundiales de varones en 1934 y 1938.

Como si fuera poco, el relevo ya llegó: en el partido inicial contra Tailandia, cuatro jugadoras debutantes (Lavelle, Horan, Mewis y Pugh) marcaron su primer gol mundialista. En las premiaciones finales las norteamericanas acapararon los galardones principales, salvo el de la mejor portera (sin reservas de ningún tipo, la holandesa, gran estrella de la final). Valga señalar que Alex Morgan o Megan Rapinoe, máximas estrellas gringas, tienen cada una más premios con su selección nacional que las dos grandes estrellas masculinas actuales, Cristiano Ronaldo y Messi, con sus selecciones, juntos.

 

Una selección de goles de Morgan y Rapinoe con el equipo nacional.

Al concluir la final, el estadio estalló en un grito que todos los directivos de fútbol del mundo tuvieron que oír: Equal Pay! (Salario igual). Porque mientras las gringas ganan premios y baten récords, sus pares varones, que ganan mucha más pasta, se hunden en la mediocridad: el mismo 7 de julio perdieron contra México la final de la Copa Dorada de la CONCACAF, jugando en casa, en Chicago. En los mundiales no han logrado un resultado significativo, y su torneo profesional es simplemente un cementerio donde abundan viejos elefantes futbolísticos que juegan allí para ganarse unos realitos finales antes del retiro. El hecho es que ya es hora de que el fútbol femenino en todos los países deje de ser ninguneado por los burócratas del deporte.

Procter & Gamble, uno de los patrocinadores oficiales del fútbol en los EEUU, ha hecho un gesto significativo, donando $500.000 a la asociación de jugadoras, y urgiendo a la federación a ubicarse “en el lado correcto de la historia”, en un aviso de página entera en el New York Times, donde anuncia su apoyo total a las mejoras salariales, afirmando asimismo que “la desigualdad es más que un problema de salarios y deportistas; tiene que ver fundamentalmente con valores”.

Un breve resumen de la final, EEUU 2 – Holanda 0:

 

Megan Rapinoe, la máxima estrella del Mundial, y capitana gringa, es además gran líder de la insurrección general a favor de los derechos de las deportistas, y la bestia negra de Donald Trump, quien no le perdona no solo su condición de lesbiana, sino el haber afirmado que de ganar no irían a la Casa Blanca. Rapinoe, mientras, le ha tomado la medida, y se lo vacila una y otra vez. Las campeonas fueron a Nueva York, donde recibieron el tratamiento que se merecen: desfile por el Cañón de los Héroes (Broadway en dirección sur, hacia la alcaldía), donde solo han sido homenajeados gentes como la tripulación del Apolo 11, o el equipo de béisbol favorito de la ciudad, los Yankees, con sus 27 campeonatos en la  Major League Baseball (MLB).

El Mundial de fútbol femenil es ya el segundo torneo de la FIFA más visto en el planeta, solo superado por el Mundial masculino.

Lo cierto es que, como acertadamente dice mi querido amigo Ricardo Bada, ante la crítica de que el fútbol femenino no tiene la “fuerza” del masculino: es harto probable que carezca de fuerza… bruta. Pero no de fortaleza. Y además, viendo desempeñarse a estas cuatro semifinalistas uno recupera la alegría de ver jugar fútbol y no balonmano con los pies, que es lo que mayormente se ve ahora en los equipos masculinos”.

Los mejores goles de un inolvidable mundial:

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