
El pasado dos de febrero el chavismo cumplió 27 años en el poder, equiparándose así con el mismo tiempo que el gomecismo lo ejerció durante el siglo pasado.
Pero no llega hasta allí esa coincidencia. El historiador Freddy Millán Borges señala otras semejanzas al destacar que ambos “representan dos regímenes autoritarios prolongados en la historia venezolana, ambos dependientes del petróleo y marcados por la represión política. Ambos se presentaron al país vía golpe militar y usaron reformas constitucionales para perpetuarse, aunque difieren en ideología y contexto económico”, sin olvidar “a las fuerzas armadas como su soporte fundamental”.
(“Gomecismo y Chavismo: 27 años de poder en la Historia Republicana de Venezuela”, InfoTV24H).
Al analizar sucintamente ambos regímenes, como resulta lógico en un breve artículo de opinión, se pueden detectar importantes semejanzas -ya mencionadas por Millán Borges- y diferencias, especialmente en sus resultados y también en la mentalidad de sus jefes.
El general Juan Vicente Gómez derrocó a su compadre, el también general Cipriano Castro, en 1908. Hubo entonces una breve ilusión en algunos sectores de que se podría avanzar en el camino del progreso y la democracia. Ya se sabe que lo que vino después fue una profundización de las prácticas dictatoriales más primitivas y criminales en manos de Gómez -con opositores muertos, presos y exiliados-, quien, a su vez, se hizo aprobar varias Constituciones a su medida para “reelegirse” perpetuamente, teniendo como soporte esencial al establecimiento militar en medio de una situación de profundo atraso económico y social. En aquellos 27 años, Venezuela era un océano de pobreza e ignorancia, un país con apenas dos universidades, pocos liceos y muy escasas escuelas.
En contraste con lo anterior, algunos historiadores han resaltado como aspectos positivos de la dictadura de Gómez el inicio de la explotación petrolera, el pago de la deuda externa, la incipiente modernización del Estado venezolano y de las Fuerzas Armadas y la liquidación del ciclo recurrente de las guerras civiles y de los caudillismos regionales, entre otros asuntos importantes.
El gomecismo, como tal, murió con su jefe el 17 de diciembre de 1935. Lo sobrevivió, sin embargo, la llamada “hegemonía andina”, aunque, en rigor, debería ser denominada “la hegemonía tachirense”, y esta se extendió ininterrumpidamente hasta el 18 de octubre de 1945. La continuaron los generales Eleazar López Contreras, entre 1936 y 1941, e Isaías Medina Angarita, entre 1941 y 1945. Hubo entonces una tímida apertura democrática ya que los causahabientes del gomecismo no incurrieron en la tentación de continuar aquella larga dictadura, entre otras cosas porque el país que despertó entonces tal vez no se los hubiera permitido y porque tanto López como Medina eran militares civilistas, tal como lo demostraron en sus respectivos mandatos.
No ha ocurrido lo mismo con el chavismo. Desde sus inicios en 1999, aquel movimiento estuvo dirigido hacia una inocultable deriva autoritaria, semitotalitaria y militarista, autocalificándose como “una revolución pacífica, pero armada”, aprobando una Constitución presidencialista y centralista, contentiva de la reelección presidencial indefinida y de una exagerada influencia del estamento militar, en contradicción con las modernas Cartas Magnas de 1947 y 1961, creando poderosos mecanismos de control social mediante el clientelismo y múltiples alianzas con socios internacionales inescrupulosos.
Mientras tanto, la estatización creciente de empresas privadas y las expropiaciones exageradas ahuyentaron a los inversionistas extranjeros y asustaron a los pocos inversionistas nacionales, todo lo cual supuso el inicio de una creciente debilidad de la economía nacional en manos del sector privado.
Muerto su jefe, este ya había designado un sucesor en sus últimos días, quien continuó sus prácticas autoritarias y semitotalitarias, arreciando sus políticas represivas a partir de 2013 con un saldo lamentable de desaparecidos, muertos y heridos, así como miles de presos políticos e interminables prácticas fraudulentas desconocedoras de la voluntad popular.
Igualmente continuó sus erráticas políticas económicas y financieras, con hiperinflación y escasez; la destrucción del salario de los trabajadores y del sistema educativo; la ruina de nuestra otrora poderosa industria petrolera debido a prácticas corruptas y saqueadoras, así como de las demás empresas del Estado; la paralización del aparato productivo nacional, tanto industrial como agropecuario; y el empobrecimiento acelerado de los venezolanos. Este dantesco cuadro político, económico y social produjo una migración masiva de compatriotas nunca vista antes en Venezuela y pocas veces acontecida en el plano internacional.
Y es que, a diferencia de la dictadura gomecista, de la que historiadores y estudiosos han destacado con posterioridad sus logros y aciertos, no parece que ocurrirá lo mismo con el chavismo cuyos resultados no evidencian nada positivo y constructivo, sino todo lo contrario.
A este respecto, el historiador Freddy Millán Borges señala en su ensayo ya citado que “el chavismo ha demostrado características de un Sistema Complejo Adaptativo (SCA) con una fuerte orientación al poder, mutando constantemente para sobrevivir (…) Sus líderes, instituciones y bases sociales actúan como agentes que coevolucionan, adaptándose a crisis económicas, sanciones y oposición mediante estrategias pragmáticas”.
Pero, aun así, parecen estar llegando al final de su ya larga estadía en el poder, luego de 27 años y no obstante sus características “camaleónicas”, para decirlo utilizando el lenguaje llano de nuestro pueblo. Ahora mismo obedecen al pie de la letra las órdenes de Washington intentando ganar tiempo y tratando de prolongar así su permanencia en el poder. No les va a resultar tan fácil, vistas las actuales circunstancias.
