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¿Hay alguien al mando en el PP?

Ya se percibe un Extremadura II, es decir, un adelanto electoral ideado para lanzar al PP y frenar a Vox que, probablemente, solo logrará disparar a Vox y frenar al PP

La migración, un asunto espinoso en la relación entre PP y Vox

 

Andan PP y Vox a la gresca en redes sociales, como si estuvieran en una convención de ‘influencers’ terraplanistas o, peor aún, en una de esas asambleas de extrema izquierda, con sus facciones, su rencor de clases y sus piolets. De Vox no nos sorprende: su etiqueta en redes siempre ha rozado la marginalidad. Pero del PP, sí. Un partido de estado -aunque empezamos a dudarlo- no es un grupillo de raperos lanzando ‘beef’. Más tarde hemos visto que Azcón ha invitado a Vito Quiles a su cierre de campaña. Quiles fue candidato a las elecciones europeas por otro partido, el de Alvise. Partido que se presenta también en Aragón. Y ahí lo hemos comprendido todo: el nivel de pánico que se intuye es enorme. Ya se percibe un Extremadura II, es decir, un adelanto electoral ideado para lanzar al PP y frenar a Vox que, probablemente, solo logrará disparar a Vox y frenar al PP. Pero se percibe también una pérdida de orientación en la elección de las compañías, algo que debilita la autoridad de la dirección y que transmite una enorme frivolidad al tratar de normalizar por la vía de los hechos comportamientos del todo disonantes con lo que el PP es y representa. Y que, por supuesto, causa perplejidad y rechazo en las bases al comprobar que las personas que hay al mando unen las siglas a cualquier cosa que dicho invitado pueda hacer o decir en un futuro.

Ester Muñoz afirmaba el jueves en esas mismas redes que «la gente está votando gobiernos de derechas» y que, por lo tanto, no se entendería que «con cifras del 50-55 por ciento de voto alguien se dedique a egos partidistas o personales». No es cierto. El voto a la derecha en Extremadura fue del 43 por ciento. Lo que resta no fue el voto a la derecha sino al populismo, que es a lo que parte de España lleva votando veinte años, primero a Podemos y ahora a Vox. Y es frustrante que sigan con el engaño de la suma de la derecha. ¿Dónde está esa suma en Extremadura? ¿Por qué no hay gobierno si hay suma? ¿Son conscientes de que vamos a repeticiones electorales generalizadas precisamente porque no hay suma? ¿Qué más tiene que hacer Vox para que el PP se dé cuenta de que no son sus socios sino sus rivales? ¿Qué niveles de ingenuidad hay que tener para esperar honestidad de un partido cuyo único objetivo es dividir al PP, destruirle y finalmente sustituirle?

Si Vox quiere ayudar a acabar con el sanchismo debería trabajar para que se produzca la alternativa y no para evitarla. Eso implica aceptar que será el PP el que lidere el cambio. Pero es complicado ver como alternativa al populismo a quien elige a Quiles para cerrar su campaña. Es hora de que el PP comprenda que no se puede exigir lealtad a quien ha nacido para devorarte. Y que la confrontación que se espera con Vox no es táctica sino ideológica, es decir, no contra las redes de Vox sino contra su política populista, algo que incluye a Quiles. Y solo después hablaremos de la cruzada de Vox contra la democracia liberal, la Constitución, la Monarquía y la Iglesia. Es decir, contra la derecha y contra España.

Andan PP y Vox a la gresca en redes sociales, como si estuvieran en una convención de ‘influencers’ terraplanistas o, peor aún, en una de esas asambleas de extrema izquierda, con sus facciones, su rencor de clases y sus piolets. De Vox no nos sorprende: su etiqueta en redes siempre ha rozado la marginalidad. Pero del PP, sí. Un partido de estado -aunque empezamos a dudarlo- no es un grupillo de raperos lanzando ‘beef’. Más tarde hemos visto que Azcón ha invitado a Vito Quiles a su cierre de campaña. Quiles fue candidato a las elecciones europeas por otro partido, el de Alvise. Partido que se presenta también en Aragón. Y ahí lo hemos comprendido todo: el nivel de pánico que se intuye es enorme. Ya se percibe un Extremadura II, es decir, un adelanto electoral ideado para lanzar al PP y frenar a Vox que, probablemente, solo logrará disparar a Vox y frenar al PP. Pero se percibe también una pérdida de orientación en la elección de las compañías, algo que debilita la autoridad de la dirección y que transmite una enorme frivolidad al tratar de normalizar por la vía de los hechos comportamientos del todo disonantes con lo que el PP es y representa. Y que, por supuesto, causa perplejidad y rechazo en las bases al comprobar que las personas que hay al mando unen las siglas a cualquier cosa que dicho invitado pueda hacer o decir en un futuro.

Ester Muñoz afirmaba el jueves en esas mismas redes que «la gente está votando gobiernos de derechas» y que, por lo tanto, no se entendería que «con cifras del 50-55 por ciento de voto alguien se dedique a egos partidistas o personales». No es cierto. El voto a la derecha en Extremadura fue del 43 por ciento. Lo que resta no fue el voto a la derecha sino al populismo, que es a lo que parte de España lleva votando veinte años, primero a Podemos y ahora a Vox. Y es frustrante que sigan con el engaño de la suma de la derecha. ¿Dónde está esa suma en Extremadura? ¿Por qué no hay gobierno si hay suma? ¿Son conscientes de que vamos a repeticiones electorales generalizadas precisamente porque no hay suma? ¿Qué más tiene que hacer Vox para que el PP se dé cuenta de que no son sus socios sino sus rivales? ¿Qué niveles de ingenuidad hay que tener para esperar honestidad de un partido cuyo único objetivo es dividir al PP, destruirle y finalmente sustituirle?

Si Vox quiere ayudar a acabar con el sanchismo debería trabajar para que se produzca la alternativa y no para evitarla. Eso implica aceptar que será el PP el que lidere el cambio. Pero es complicado ver como alternativa al populismo a quien elige a Quiles para cerrar su campaña. Es hora de que el PP comprenda que no se puede exigir lealtad a quien ha nacido para devorarte. Y que la confrontación que se espera con Vox no es táctica sino ideológica, es decir, no contra las redes de Vox sino contra su política populista, algo que incluye a Quiles. Y solo después hablaremos de la cruzada de Vox contra la democracia liberal, la Constitución, la Monarquía y la Iglesia. Es decir, contra la derecha y contra España.

 

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