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José Ignacio Hernández: Alberto Adriani, el Estado y el petróleo

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Hace ochenta años, en la  madrugada del 10 de agosto de 1936, murió Alberto Adriani. Ocupaba entonces el cargo de Ministro de Hacienda del Gobierno de Eleazar López Contreras.

1936, para Adriani, fue un año decisivo: desde el Gobierno de López Contreras, Adriani pudo poner en práctica las ideas que desde muy joven había comenzado a trabajar en torno al Estado venezolano. Como bien resumió Simón Alberto Consalvi: 1936 fue el primero, el único, de su beligerancia como gran figura de la política y de la escena venezolana.

Alberto Adriani, afirmó Mariano Picón-Salas, estaba destinado a ser en Venezuela “el gran estadista creador, el hombre que lleva su verdad y su destino definitivo por sobre toda otra contingencia“. Un destino que se truncó hace ochenta años.

Un hombre de pensamiento y de acción

Alberto Adriani nació en Zea, estado Mérida, en 1898. Nació, por ello, en la época que Inés Quintero ha llamado, y con razón, el ocaso de una estirpe. Fue el fin de la Venezuela fragmentada por los caudillos, y el inicio de la Venezuela como país unificado y centralizado.

Fue también la época de la dictadura gomecista. Adriani comprendió —y lo hizo muy bien— que Gómez era un producto social, y que por ello, para cambiar a Venezuela, era necesario cambiar las ideas y pensamientos sobre Venezuela. Algo que no podía hacerse en el país. En 1921 decide por ello abandonar sus estudios de Derecho para marchar a Ginebra, donde trabajó en la delegación venezolana en la Sociedad de las Naciones. Luego se graduó en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociología de la Universidad de Ginebra. De allí emprendió camino a Londres y luego a Washington. En Estados Unidos pudo presenciar los efectos de la crisis de 1929.

Superado los treinta años, y con el temor de que ya el tiempo para la acción en Venezuela había pasado, Adriani regresó a Zea. En el Alto Escalante se interna en la Venezuela agrícola, sin abandonar nunca su constante pasión por pensar a la Venezuela que puede ser.

En diciembre de 1935 muere Gómez, y con ello renacen muchas esperanzas. Una de las primeras medidas adoptadas por el Gobierno de López Contreras, en el sector cafetalero, impulsó a Adriani a escribir  un largo telegrama crítico. Con talante democrático, el Gobierno comprende que quien critica sus medidas no persigue atacarlo, sino contribuir a la causa común. Así que el Presidente López Contreras decide llamar a Adriani, quien llega a Caracas en los últimos días de 1935.

En apenas ocho meses de 1936, Adriani desarrolla una carrera veloz. Es designado Ministro del recién creado Ministerio de Agricultura y Cría. Pocos menos de dos meses fueron suficientes para fundar sólidas instituciones en el sector que perduran hasta nuestros días. En abril de 1936 es designado Ministro de Hacienda, con lo cual, el Presidente López Contreras le asignó la primera responsabilidad en un área en la cual venía trabajando desde sus juventud en Zea.

Muy breve fue el paso de Adriani por el Ministerio de Hacienda, por su repentina muerte en agosto de 1936. Breve el tiempo, grande la labor: Adriani sentó las bases de la modernización del sistema tributario, insistiendo en la necesidad de implementar impuestos directos y progresivos, como el impuesto sobre la renta. No creo exagerar al decir que la base del sistema tributario venezolano actual es, principalmente, obra de Adriani.

El Estado en el pensamiento de Alberto Adriani

Si algo definió a Adriani fue su pasión por pensar a Venezuela. Pensamientos que quedaron recogidos en innumerables cuadernos y diversos escritos, que han sido luego recogidos en diversas recopilaciones.

Como bien explica Luis Xavier Grisanti en la biografía sobre Adriani publicada en la Colección Biblioteca Biográfica de El Nacional y la Fundación Bancaribe, Adriani partió de la necesidad de modificar sustancialmente el rol del Estado en la economía: de un Estado basado el dejar pasar y dejar hacer, Adriani propuso un Estado con mayores responsabilidades en la economía. Por ello, se mostró a favor de una “economía orgánica, que somete a un plan armónico todos los factores de producción”.

El rol del Estado venezolano en la economía había sido predominante liberal, en el sentido que no se asumió como cometido estatal la intervención pública en la economía, ni para planificar y regular, ni para gestionar directamente actividades empresariales. Este rol comienza a cambiar en el régimen de Gómez. No se trató de un cambio de pensamiento, sino de un cambio impulsado por el notable incremento de los ingresos nacionales como consecuencia de la renta petrolera. Esto permite explicar por qué en los últimos años del régimen de Gómez fueron creadas las primeras empresas públicas, lo que marcó en cierta manera el fin de una época.

Pero la propuesta de cambio de Adriani no se basó en determinada coyuntura. Por el contrario, Adriani apostó por un cambio estructural del rol del Estado en la economía, apoyando un Estado fuerte que asumiera la planificación y dirección de la economía.

El rol del Estado en la economía, para Adriani, no implicaba sustituir a la iniciativa privada. Tampoco propuso el crecimiento indisciplinado del Estado. Lo advirtió con gran claridad: “el Estado fuerte no significa gobierno tiránico o arbitrario, que nunca aseguró la continuidad de ningún esfuerzo social ni la concordia”. También dijo: “una política económica debe responder a la necesidad de resguardar los intereses colectivos, estimulando a la vez las energías privadas”.

La intervención del Estado en la economía, por ello, debía responder a la idea del plan económico. No postuló Adriani una planificación central vinculante -propia de regímenes totalitarios- sino una planificación orientada a organizar la economía hacia la satisfacción de necesidades colectivas. De allí, por ejemplo, su insistencia en crear un “Banco Central independiente”.

El petróleo y Adriani

Alberto Adriani también analizó el impacto del petróleo en el Estado. Lo hizo, sin embargo, desde su visión de una economía agrícola. Por ello, en sus primeras reflexiones sobre el tema —1927— Adriani señaló que el auge de las industrias extractivas era pasajera, pese a lo cual, tal auge estaba ocasionando la decadencia de nuestra agricultura.  Dos años después reiteró su idea: la industria petrolera es precaria. Es, desde un punto de vista económico, “una provincia extranjera enclavada en el territorio nacional, y ejerce una influencia relativamente insignificante en la prosperidad económica de nuestro pueblo“. La conclusión no podía ser más enfática: “no insistimos más en el petróleo“.

¿Erró Adriani en su diagnóstico? Depende del punto del vista que se asuma. No hay duda de que la apreciación de Adriani en torno a la precariedad de la industria petrolera y su influencia “relativamente insignificante” no se corresponde con la formación del Petro-Estado en las décadas siguientes.

Pero creo que es posible otra lectura. Cuando Adriani afirmaba que no podía insistirse más en el petróleo, estaba consciente de que la industria petrolera no era consecuencia del esfuerzo productivo. Por ello su insistencia en el café y en general en la agricultura, como actividades económicas productivas que debían responder a la iniciativa privada, bajo la dirección del Estado.

De allí que Armando Rojas ha señalado que Adriani inspiró la idea de Uslar de “sembrar el petróleo”, sobre la cual reflexioné aquí en Prodavinci. De hecho, Uslar trabajaba en el Ministerio de Agricultura y Cría cuando publicó el célebre editorial en el diario Ahora.

Fue por lo anterior que Adriani cuestionó, en 1931, el uso dado a los ingresos petroleros del Estado. Se preguntaba, así, si tales ingresos se habían convertido en reservas o en inversiones útiles. La respuesta era negativa. Para explicar ello, Adriani realizó una crítica que bien puede explicar nuestra realidad actual, sobre el uso dado a la riqueza petrolera:

“Pero, en general, puede afirmarse que fue mucho mayor la parte que se empleó en consumo inmediato y en inversiones, más propias para aumentar los gastos futuros que la futura productividad del país. Muchos de los beneficiados fueron los constructores de lujosas mansiones, los pródigos viajeros de los viajes de placer, los consumidores de automóviles, vitrolas, licores, sedas, prendas, perfumes y otros artículos de lujo”.

 Adriani criticó la economía  de consumo derivada del uso indebido de la renta petrolera. Una crítica, casi no es preciso señalarlo, de plena vigencia en nuestros días.

Repensando al Petro-Estado

Hoy, sigue vigente esta idea de Adriani: es necesario diseñar “un programa que señale la ruta durante un largo espacio de tiempo”, todo lo cual debe ser consecuencia de un previo y cabal estudio. Hace falta en Venezuela, como en 1936, un programa económico que se base en el esfuerzo productivo, y no el aprovechamiento parasitario de la renta petrolera.

El desempeño de la economía venezolana avanzado el siglo XX tomó rumbos muy distintas a los queridos por Adriani. La consigna fue el estatismo petrolero, lo que agravó la dependencia de nuestra economía al petróleo y al abandono de todo esfuerzo productivo.

Con el modelo del socialismo del siglo XXI tales vicios se agravaron. Aprovechando el auge de los ingresos petroleros, y con la falsa consigna de la “siembra petrolera”, el Gobierno destinó los cuantiosos ingresos petroleros a ampliar el estatismo en la economía y a fortalecer al Petro-Estado.

¿Quién se benefició de esos grandes ingresos petroleros? La respuesta nos la da Adriani: se beneficiaron los “constructores de lujosas mansiones” y los “pródigos viajeros” con el cupo CADIVI. Se beneficiaron también las empresas de maletín y las arbitrarias expropiaciones. Se beneficiaron, en fin, los importadores de productos fantasmas, en mal estado o que, en todo caso, arruinaron la producción local.

En 1931 Adriani escribía: “es necesario que nos preparemos en los años prósperos, en los años de las vacas gordas”. Hoy Venezuela sufre años de vacas flacas, en el medio de una crisis impulsada, sin duda, por el derroche de la riqueza petrolera en la época de las vacas gordas.

 Adriani insistió en la necesidad de diseñar un programa económico para la Venezuela post-petrolera. En eso estamos todavía. Y como bien recordó Alberto Adriani: “pereunt et imputantur”, o sea, “las horas pasan y se nos cargan en cuenta”.

José Ignacio Hernández G.  José Ignacio Hernández es abogado venezolano, Doctor en Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de la UCV y UCAB. Puedes seguirlo en Twitter en@ignandez

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