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Karina Sainz Borgo: Hasta que te desaparezcan

En Venezuela, entre 2014 y 2023, se han registrado más de doscientos casos

7 de los 10 países con más desapariciones forzadas son latinoamericanos -  LatinAmerican Post

 

Su cerveza está a medio beber. De la mía no queda nada. La conversación acabó, hace rato, pero se impone la cortesía. «En Venezuela está todo igual», ha dicho, condescendiente. El reportero controla. El reportero sabe. El reportero habla. Quiere que lo escuche. Eso hago. «A veces los colegas dramatizan», dice. «Yo hago mi trabajo tranquilo», insiste. Bebo el pozo tibio de mi Estrella Galicia. «Sí, tranquilo, hasta que te desaparezcan», pienso con amargura. En Venezuela, entre 2014 y 2023, se han registrado más de doscientos desapariciones forzadas de ciudadanos. Hombres y mujeres incomunicados durante días, semanas o años. Algunos por haber escuchado, otros por haber opinado. Ellas, Ellos. Por preguntar. Sí, eso: preguntar por sus hermanos, o sus padres, o sus madres, o sus hermanas. Retenidas como testigos. Por resistirse, por protestar. Por lo que sea.

Según la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela, los secuestros y capturas por parte de fuerzas vinculadas al Estado son otra forma de violación de los derechos humanos. ¿Adónde van los desaparecidos? ¿Quién se los ha llevado y por qué? ¿Quiénes son?, pienso sin decir palabra. El reportero con el que hablo vive en Venezuela. Informa desde allí. Miro su cerveza a medio beber. Yo pediría una más, pero quiero irme. Tengo suficiente ya. Sus lecciones no me convencen ni gustan. Trabaja bien el reportero. Trabaja tranquilo. Sí. Hasta que lo desaparezcan.

El concepto «desaparecido» surgió con fuerza en América Latina durante el siglo XX, en países como Argentina y Chile. Se utilizó para describir a personas detenidas ilegalmente por el Estado cuyo paradero era ocultado. En Argentina, la Conadep documentó 8.961 casos, aunque se estima que hubo hasta 30.000 desaparecidos. En Chile, se reconocieron más de 3.200 víctimas, incluyendo 1.100 detenidos desaparecidos. Estas prácticas formaron parte de una estrategia represiva más amplia, que involucró a varios países del Cono Sur. Con el tiempo, la desaparición forzada fue reconocida por la ONU como un crimen de lesa humanidad. Este delito no solo implica la detención ilegal, sino la negativa a informar sobre la persona, lo que genera una situación de incertidumbre permanente para sus familiares. ¿Están vivos o muertos? ¿Pueden acogerse, en caso de que exista, a una amnistía?

«¿Adónde van los desaparecidos?/ Busca en el agua y en los matorrales/ ¿Y por qué es que se desaparecen?/ Porque no todos somos iguales/ ¿Y cuándo vuelve el desaparecido?/ Cada vez que los trae el pensamiento/ ¿Cómo se le habla al desaparecido?/ Con la emoción apretando por dentro», escribió Rubén Blades en los versos de una canción del álbum ‘Buscando América’, para denunciar la represión, la impunidad y la violación de derechos humanos perpetrada por las dictaduras militares en Latinoamérica durante las décadas de los 70 y 80. Medio siglo más tarde, mi colega trabaja tranquilo. Sí eso, tranquilo, hasta que mire donde no debe.

 

 

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