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La difícil salida de las vacas sagradas

La situación de colapso del vestuario azulgrana ha sido muy frecuente en los grandes equipos

En el verano de 1964, siendo el Madrid campeón de Liga y subcampeón de la Copa de Europa, Santiago Bernabéu dejó durante un par de días aquella amada barca en la que pasaba sus veranos en Santa Pola para viajar a Madrid y concertar una cita en su despacho con Di Stéfano. La temporada había sido buena, pero el rendimiento de la estrella blanca estaba ya en mínimos: 17 goles en 34 partidos. Miguel Muñoz no lo dudó. En su lista de bajas estaba Alfredo y a Bernabéu no le tembló el pulso. Tras once años gloriosos en los que hizo del Madrid el mejor club de mundo, sería vendido. Sí o sí. Se necesitaban caras nuevas, jóvenes y frescas.

Y así fue. La productividad antes que el sentimentalismo.

«El concepto que tenía don Santiago Bernabéu no estaba desencaminado. Los presidentes se juegan su pescuezo y su patrimonio. Si vas de cara con los jugadores, aunque les cueste, al final acabarán aceptando que hay ciclos que empiezan y que se acaban. Es verdad que para los futbolistas es duro de aceptar. Yo mismo, con 33 años, me retiré porque me di cuenta que ya no me daba el cuerpo para más», explica a ABC Alfonso Pérez, uno de los grandes delanteros españoles de la década de los noventa.

El 2-8 ante el Bayern, que ha provocado la crisis deportiva e institucional más grave del Barcelona de sus últimos quince años, confirmó lo que estas últimas temporadas venía tapando Messi, pero ya ni eso. El Barça necesita una urgente renovación de la plantilla que lleva tiempo postergando y que ahora le ha explotado en la cara: «En el mundo del fútbol una cosa es lo que se ve en televisión, y otra es lo que hay dentro. Los dirigentes mandan sobre personas, no dirigen máquinas. Dirigen personal imprescindible para que funcione bien su equipo, y es muy complicado que estos mandatarios, en un momento dado, tengan la valentía de prescindir de algunos de estos jugadores que llevan años dando satisfacciones y títulos que, como consecuencia, hacen que el dirigente sea exitoso y siga en su silla. Es una disyuntiva muy difícil», explica Josep María Minguella, uno de los mejores agentes de la historia del fútbol, que entre otros logros trajo a Messi al Barcelona.

Minguella recuerda cómo en sus inicios, en la década de los setenta, el entonces entrenador del Barcelona, el inglés Vic Buckingham, le desveló el secreto de un gran club para reciclarse sobre el verde: «Decía que en un equipo ganador tenía que fichar cada año a uno o dos jugadores mejores de los que ya tenía en una plantilla ganadora. Esto producía impacto en el vestuario ya que esos fichajes venían a ocupar la posición de uno de los que están allí y esto generaba o ganas de superación o ganas de irse al ver que iban a perder el sitio. De este modo, poco a poco se iban haciendo los cambios en la plantilla. Pero si lo dejas pasar, sucede como en el Milán o en el United, que acabas teniendo a tus mejores jugadores con una edad avanzada y sueldos elevados y, al final, esto se paga».

«El jugador que ha sido clave en un ciclo de éxito parece que se apropia de ciertos derechos para que, llegado los treinta y pico, sea menos accesible el hecho de pensar que tiene más cerca no seguir en el club. Si encima hablamos de un club mediático, más complicado», reflexiona Quique Estebaranz, que vivió en primera persona el ocaso del Barça de Cruyff: «La mayor dificultad es escoger en qué momento y de qué manera el dirigente debe tomar estas decisiones y comunicarlas directamente a los implicados. Y muchos acaban echándose atrás y pensando “pero cómo no le vamos a renovar si ha sido la leche”. Pues sí, efectivamente, lo ha sido. Ya no lo es».

Ese error genera otro. Es una bola perversa. Planificas mal a nivel deportivo e hipotecas las cuentas del club: «Cada renovación es más cara, porque uno siempre amplía contratos por cantidades mayores, y eso daña las finanzas. El día que quieras quitarte al jugador de encima, será viejo y será muy caro», explica Minguella, que se identifica mucho con la época de Nuñez: «Sí, fue muy discutido, pero fue ejemplar. En su mandato, fichó a Maradona, Schuster, Stoichkov, RonaldoRomarioRivaldo o Laudrup, además de un buen número de jugadores españoles de clase media y alta. A los extranjeros los vendió todos, y la mayoría por más dinero del que se gastó al comprarlos».

La gestión de Santiago Bernabéu y Nuñez cumplía con la máxima de Vic Buckingham. Verano tras verano hay que mover el avispero, porque de no cambiar nada, incluso cuando se está encima de la ola el peligro de caída está ahí: «No por simpatía o por lo que has dado al club tienes que renovar a seis jugadores con 32-33 años. Eso es un grave error y debilitas mucho al equipo. Incluso aunque te llames Messi, que lógicamente camino de los 35 no puede rendir como cuando tenía 25. Las renovaciones a ciertas edades deben ser excepcionales, sobre todo en los clubes de élite», explica Alfonso.

Para De la Red, lo adecuado sería ir caso por caso, profundizando en cada uno de ellos: «Quién dice quién vale y por qué. El criterio del fútbol es diferente al de una empresa normal en la que te piden unos resultados y tienes que llegar a ellos sí o si. En el fútbol hay muchos más criterios. No es solo meter goles, dar asistencias o ganar títulos. Sencillamente, a lo mejor es que hay jugadores que están mejor que tú, pero eso no quiere decir que estés acabado». El exfutbolista blanco ejemplifica su razonamiento con Busquets: «Lleva dos temporadas a un nivel mucho más bajo del que le vimos a lo largo de su carrera, pero eso le ha pasado a muchos jugadores y luego han demostrado que sí valían. Mira Benzema, Modric y Kroos en el Madrid. Ahora bien, si has tomado la decisión de cambiar a Busquets, hay que plantearse si hay sustituto en el mercado que mejore sus prestaciones, si se puede abordar su fichaje y si se puede sacar dinero por Busquets. Y a lo mejor no es así. Hay que individualizar cada salida y no volverse loco», sentencia.

 

 

 

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