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La necesaria confrontación de la negociación

el_ministerio_de_la_confrontacion2Mucho se ha escrito, desde el 6-D, sobre la estrategia, o para otros las tácticas, que deberá seguir la oposición una vez instalada la nueva asamblea este próximo 5-E. En verdad que es relevante la cantidad de artículos de opinión, frases, chistes, consignas que han inundado las redes sociales sobre cuál debería ser el camino, o más concretamente la forma de transitar ese camino, por los 112 diputados, los cuales, sin aún haber tomado la primera decisión, ya han pasado a formar parte de las huellas perdurables de la historia de Venezuela. Ello, entiendo se explica por el profundo deseo de que estemos ante una transición epocal.

Esta prolífica cantidad de opiniones de cómo debe ser el como está irrigada de una gran diversidad de enfoques, pero el que pareciese predominar tiene que ver con la posición de confrontar o negociar, vale decir, quienes plantean esta supuesta dicotomía conciben su desiderátum de una manera maniqueísta. Las razones detrás de esas posiciones, las cuales no son objeto del análisis de este artículo, son seguramente “justificadas” desde el contexto histórico.

Pero quizás lo más importante de esos enfoques o posiciones es el uso que se le da a la palabra confrontar: si el gobierno no entiende la victoria habrá que confrontarlos; con ellos no se puede negociar hay que confrontar; nuestro deseo es la negociación no queremos confrontar; si lo que quieren es pelear pues los confrontaremos; no queremos confrontación, etc. Luego podemos apreciar que quienes conciben con esa usanza del termino confrontar lo hacen como un antónimo de la palabra conciliar, transar, negociar, en otras palabras, entienden la confrontación como un camino distinto, opuesto a la negociación.

 Si revisamos las distintas acepciones encontradas en distintos diccionarios, incluyendo por supuesto el de la RAE, el significado de la palabra confrontar se refiere a: cotejar, carear, inclusive a algunos ya en desuso: como es congeniar o convenir, pero en ningún caso como un sinónimo de pelear, guerrear, luchar, hostilizar, atacar, etc.

Por otra parte tenemos el término negociar, sobre el cual, a diferencia del anterior, hay mayor consenso sobre su uso. Sobre la forma o el arte de negociar hay muchísimo material que leer, o escuchar, que van desde recetas o píldoras milagrosas, tipo “llame ya y recibirá un descuento” hasta modelos o métodos desarrollados por las más reconocidas universidades del mundo, verbigracia, Harvard.

La negociación implica la participación de dos o más personas, entes, países, etc. y la podemos llevar a cabo con nuestros familiares, amigos, empleados, vecinos, pareja, etc. Ella lleva implícito términos como cotejar, comparar, contractar, definir intereses, alternativas, opciones, criterios, relaciones. Todo ello es imposible si no confrontamos nuestros intereses, aspiraciones, deseos, objetivos, con las otras partes involucradas o en conflicto.

Creo que el momento es propicio para conminar a todos los miembros de la próxima asamblea, estrictamente a todos, a concientizar que:

  1. Confrontar no es pelear, ni tampoco excluir.
  2. Una confrontación puede terminar en pelea si no concientizamos el proceso para confrontar, si no nos preparamos espiritual y mentalmente para ello, si no valoramos los intereses del opuesto.
  3. Una vez preparado para confrontar la confrontación es como un préstamo, podemos postergar su pago pero pagaremos más intereses, nos saldrá más costoso.
  4. Es necesario confrontar para negociar, hay que vencer el miedo a confrontar.
  5. Debemos desear de corazón lo mejor para la otra parte, sin atentar contra nuestros objetivos, es la mejor manera de minimizar nuestro ego, llámese ira, envidia, avaricia, descalificación, orgullo, resentimiento, reconocimiento, merecimiento, rencor, venganza, etc.
  6. Las decisiones, aunque se tenga la mayoría calificada, deben ser ecológicas.
  7. La humildad es el reconocimiento de que somos sencillamente conserjes de todos nuestros bienes físicos e intelectuales, y que la mano de Dios, llámese como quiera, está presente en todos los conflictos y sus soluciones.
  8. La humildad es tener la certeza absoluta de que todo pasa por algo y que en el proceso de confrontar no hay víctimas ni victimarios.

Estoy convencido que dentro de la heterogénea minoría hay personas que añoran que la transición sea en paz. Y también tengo certeza que dentro de la heterogénea mayoría hay el deseo que las axiologías cuantitativas no condicionen las cualitativas. No por ser mayoría son más ni por ser minoría son menos, son venezolanos.

PD:

ojo por ojo y el mundo acabará ciego”.

Mahatma Ghandi

Abraham Pineda Bello – Profesor Agregado UCV

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