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La nueva guerra de Trump

«Cuando comience el saqueo, comenzará el tiroteo», escribía el pasado jueves Donald Trump, refiriéndose a que si las protestas en Minneápolis (por la muerte del afroamericano George Floyd a manos de la policía) se intensifican, asumiría el control mediante la Guardia Nacional. Este tuit ha sido censurado por Twitter por posible incitación o exaltación de la violencia. Twitter no se amilana. El miércoles Trump firmó una orden ejecutiva para «defender la libertad de expresión ante empresas que toman decisiones editoriales injustas». Una nueva declaración verbal de guerra (esta vez contra las plataformas digitales), como es habitual en su mandato: las palabras como munición bélica, las redes como armas. Precisamente, después de que Twitter, el martes, indicara como falso —por primera vez— un mensaje del presidente, desatando su cólera. Analicemos las consecuencias que esta nueva guerra digital de Trump puede tener.

Twitter es el medio de comunicación por excelencia del propio Trump. Es a través de esta red como comunica la mayoría de sus reflexiones o pensamientos, casi siempre insultos o descalificaciones. Twitter se convirtió durante la campaña en su propio medio de comunicación, «saltándose» a la prensa manipuladora, algo que ha mantenido durante su presidencia. Esta desintermediación le permite llegar directamente a sus seguidores. Y su praxis comunicativa, a través de este estilo propio y la hiperconectividad permanente, le da réditos mediáticos y políticos.

Twitter también necesita a Trump, en una relación simbiótica. Así, la guerra no debe ser total. Según un estudio del 2017, sin Trump, Twitter podría perder casi una quinta parte de su valor. De ahí las declaraciones recientes, oportunistas y dóciles, de Mark Zuckerberg diciendo que las redes deben ser neutrales y no censurar a nada ni a nadie. Porque una ley contra las redes sociales no atañe sólo a Twitter, sino a un negocio multimillonario que quiere seguir siéndolo.

Cortina de humo. Finalmente, en medio de una pandemia que ha superado los 100.000 fallecidos en Estados Unidos, este tema le sirve a Trump de vía de escape para no hablar de su fracaso. Todo es útil para desviar la conversación sobre su actuación durante esta crisis sanitaria. La semana pasada era China, o el Obamagate, ahora lo está siendo Minneápolis y, desde ayer, Twitter. La culpa es siempre de los demás. Y Trump es un candidato que necesita bronca verbal y fango digital: por eso ha publicado ya casi 50.000 tuits.

 

 

 

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