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La pandemia de formas humanas: una lectura cognitiva de Ortega y Gasset en tiempos de covid-19

La deshumanización del arte (1925) de José Ortega y Gasset fue publicada justo después de la pandemia de gripe que mató a millones de sobrevivientes de la primera guerra mundial. Según el autor, una minoría de artistas “jóvenes” decidió entonces dejar las “viejas” formas humanas, omnipresentes en el arte realista y optaron por nuevas formas experimentales, más deshumanizadas.

Casi cien años después estamos viviendo una nueva pandemia que amenaza al género humano, y unas nuevas formas, aparentemente “deshumanizadas” de frenar su avance, entre ellas el distanciamiento social. Siguiendo el modelo propuesto por Ortega: una élite selecta (los científicos) impone las restricciones a las masas, que deberían, según el autor, responder con su rechazo: “Dondequiera que las jóvenes musas se presentan, la masa las cocea” (Ortega y Gasset, 1925).

En tiempos de pandemia, sea cual sea la motivación de cada uno de los ciudadanos, las indicaciones de las autoridades sanitarias serán acatadas, bien por el factor racional de entendimiento, confianza a la ciencia y responsabilidad de no contagiar a los otros o bien por la emoción corporal del miedo a ser contagiado.

Además, existe la rebeldía natural a las órdenes. El aislamiento impone una serie de normas de comportamiento social que pueden ser vistas como deshumanizadas, basadas en evitar el contacto con el otro cuerpo. Aunque las ideas del ensayo de La deshumanización del arte fueron pensadas en el contexto de expresión artística, lo que realmente interesaba al autor era la percepción social de la nueva propuesta deshumanizada, especialmente por parte de la mayoría del público (la masa): “No se trata de que a la mayoría del público no le guste la obra joven y a la minoría sí. Lo que sucede es que la mayoría, la masa no la entiende” (Ortega y Gasset, 1925).

Una emoción predominante en la masa: el temor a ser tocado por lo desconocido, la metáfora del Nobel italiano Elias Canetti (1960) empieza a cobrar en estos días un sentido literal. El contacto físico es la forma real de contagio por covid-19. El viejo dicho latino: homo homini lupus est (el hombre es el lobo para el otro), hoy en día puede ser parafraseado como homo homini virus est (el hombre es el virus para el otro). Una metáfora que explica muy bien el ánimo social en tiempos de pandemia.

La emoción de miedo a ser tocado por el otro, ser contagiado, sigue siendo la preocupación de mucha gente. Para equilibrar esta emoción social de incertidumbre, las autoridades proponen soluciones “racionales” basadas en la disminución de todas las formas de contacto corporal. Estas formas deshumanizadas, como en la obra de Ortega y Gasset, reciben hoy en día un progresivo nivel de descontento social.

Quizás este descontento y rechazo se debe a que el argumento racional, poco a poco pierde su fuerza. La naturaleza humana tiende a buscar y mantener contacto con otros “cuerpos”, especialmente con los “cuerpos” de los seres queridos. La prohibición de este tipo de comportamiento, por la imposición de formas deshumanizadas, pero supuestamente imprescindibles para frenar el avance de la pandemia de covid-19, perturba de forma importante el bienestar emocional de la mayoría. Aunque las formas de comportamiento social, basadas en la restricción del contacto corporal, desafían la postura emocional, a largo plazo resultan altamente provechosas para la sobrevivencia de la especie humana.

De un día al otro el concepto de “cuerpo” de cada uno, anteriormente invisible, aparece como elemento esencial de la compleja red de relaciones sociales y se convierte en el centro de atención. Gracias a la pandemia, los humanos son cada vez más conscientes de sus cuerpos (lavando las manos, cubriendo la cara, evitando el contacto). Junto con la medida de distanciamiento, la medida esencialmente basada en la “deshumanización” de los contactos sociales son las únicas medidas que pueden ejercer los ciudadanos por sí mismos, y según los últimos estudios parecen resultar eficaces para frenar la expansión del virus de la covid-19. ¿Pero si en verdad y por la analogía a la obra de Ortega, esta nueva tendencia deshumanizada, de limitar el contacto corporal, se enfrenta con la resistencia por parte de la “mayoría” de los ciudadanos?

Según recientes estudios cognitivos, el cuerpo humano, el sistema que permite entender el mundo y actuar en él, mantiene un equilibrio dinámico entre su dimensión “racional”, controlada parcialmente por las partes más evolucionadas del cerebro como el neocórtex (la estructura responsable de las operaciones como el cálculo o toma de decisiones conscientes, entre otras) y su base fisiológica de la dimensión “emocional”, controlada parcialmente por las partes más reptilianas, más viejas en sentido evolutivo (la estructura responsable de las emociones y reacciones corporales involuntarias, entre otras). La emoción reptiliana de Elias Canetti (1960), del miedo a ser tocado por el otro, enfrenta un equilibrio racional en la deshumanización de las relaciones sociales, en distanciamiento.

Sin embargo, las normas impuestas por las autoridades son un desafío complejo para el cuerpo. El cuerpo humano, según Patricia Churchland (2011), con todos sus órganos, emociones y pensamientos, está diseñado a todo lo opuesto de las condiciones exigidas por las autoridades sanitarias. Las exigencias que someten el cuerpo a un estado de permanente estrés somático. Hablando en el lenguaje de Ortega, la minoría selecta, las autoridades, analógicamente a la minoría selecta de los artistas jóvenes, imponen una propuesta deshumanizada, novedosa, que a la vez provoca rechazo social. Y aunque más deshumanizadas parecen las indicaciones contra el contagio, la humanidad entera, en estos momentos es sujeto de un experimento, y de ella depende qué valor le da a estas medidas. ¿Hace el esfuerzo, en nombre de la apuesta de Pascal: por si acaso o más bien deja que cada cuerpo dicte sus propias reglas?

Las reglas generales dictadas por las necesidades del cuerpo, fue lo que puso en duda Ortega y Gasset. El arte “joven”, aunque deshumanizado, fue la reacción a la “pandemia” del cuerpo humano en el mundo del arte realista. Analógicamente a la “pandemia” las formas demasiado humanas, demasiado corporales del comportamiento social que hoy en día, según las autoridades sanitarias, promueven la propagación del virus. La forma deshumanizada del comportamiento social resultará provechosa para la sobrevivencia de la especie humana. Una paradoja bien entendida por el autor español de La deshumanización del arte (1925) y digna de ser recordada en estos tiempos difíciles.

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  • Canetti, Elias. 1977. Masa y Poder.: Horst Vogel, Barcelona: Muchnik Ed.
  • Canetti, Elías. 1960. Masse und Macht. Hamburg: Claassen Verlag GmbH.
  • Churchland, Patricia. 2002. Brain Wise – Studies in Neurophilosophy. Cambridge, Massachusetts: The MIT Press.
  • Ortega y Gasset, José. 1925 (2007). La Deshumanización del Arte y otros ensayos de estética. Madrid: Espasa Calpe, S.A.

 

*Michal Góral: Doctor Europeo en Filología Moderna (con la tesis sobre Modelos Cognitivos en el texto de La Deshumanización del Arte de José Ortega y Gasset) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canarias y licenciado en Ciencias de la Cultura por la Universidad de Varsovia.

 

 

 

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