DictaduraPolítica

La transición no cae del cielo

La transición política que necesitamos - Analitica.com

La Política no es el arte de lo posible, sino el arte de hacer posible aquello que es necesario. Arte y no ciencia. Pero ¿hay una ciencia política? Claro, pero ese es el estudio de lo político, como la Biología estudia la vida pero no es la vida. Como la ciencia jurídica es el conjunto de disciplinas que estudian, interpretan, sistematizan y ordenan las normas que regulan la conducta humana en sociedad, pero el Derecho, dijo Celso en Roma para siempre, “es el arte de lo bueno y lo justo”.

Hay experiencias que condujeron a sostenidas y hasta ahora no revertidas transiciones del autoritarismo a la democracia. Algunos las pensaron previamente, otros tenían una idea diferente de cómo serían, pero se supo que eran transiciones cuando llegaron a la otra orilla.

Transición dice el Diccionario de nuestra lengua es “Acción o efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto”. Son sinónimos suyos cambio, mudanza, transformación, metamorfosis. Este último resulta particularmente interesante, pues es “Transformación de algo en otra cosa” y a su vez, un sinónimo suyo es conversión. La transición es un proceso, no necesariamente irreversible, pero puede convertirse en tal.

Una de mis lecturas favoritas acerca del tema es el libro de Bittar y Lowenthal, feliz combinación de política y academia, Transiciones Democráticas (John Hopkins University. Baltimore, 2015), cuyo subtítulo es por sí solo un editorial: “Llevando los principios a la práctica”.

Un rasgo clave de las transiciones es su singularidad, no existe una receta ni un modelo “talla única”. Cada caso depende de circunstancias múltiples: históricas, políticas, culturales, económicas, de contexto internacional o una mezcla de todas ellas. Sin embargo, uno puede advertir en ellas ciertos datos comunes. Como la conciencia, no unánime pero si en los actores fundamentales de que el status quo es insostenible. Esas transiciones no eran inevitables y en algunos casos fueron sorprendentes, normalmente en procesos que no han sido fáciles ni rápidos y que requieren, para consolidarse, muchos años de maduración e institucionalización, lo cual amerita esfuerzos insistentes, a prueba de decepciones que nunca faltarán.

Son procesos no eventos, aunque puede haber eventos icónicos. Como la muerte de Franco en España, el asesinato de Benigno Aquino en Filipinas o la derrota humillante del militarismo argentino en Malvinas. Raramente ocurren por colapso económico, aunque así fue en Indonesia.

Pero y lo ha dicho bien el Decano Apitz, las transiciones no caen del cielo, hace falta una presión, tan constante como inteligente para graduarla, por parte de la oposición democrática que mientras más unida esté mejor y de la sociedad con sus aspiraciones represadas o forzosamente pospuestas, en un cuadro general en el cual el liderazgo alternativo tiene que tomar decisiones con la desventaja de una información a veces muy limitada. En este punto, el que los partidos, naturales actores políticos, lleguen debilitados o descreditados es un problema grueso a superar.

En esas circunstancias, evitar el maximalismo requiere más valentía que empuñar principios atractivos pero imprácticos, también organizar coaliciones por definición plurales y todos, desde el poder o fuera de él, crear y proteger espacios de diálogo verdadero, genuino, sin trucos ni maniobras dilatorias.

En el qué hacer se atraviesan pasos estrechos, de muy difícil tránsito por lo resbaladizos y por los precipicios a su vera. Hacer justicia prometió Aylwin en Chile, “en la medida de lo posible”, la justicia transicional puede ser opción. La economía política de la transición varía mucho según el país y el contexto internacional. Fue distinta en los países ex socialistas de Europa central y oriental, en España, en Chile. El necesario control civil de las fuerzas militares, los organismos policiales y de inteligencia suele ser un nudo muy exigente para desatar. Siempre resulta recomendable no empezar por la Constitución. Hay que avanzar en otros campos antes de poder llegar a eso, si hace falta.

¿Difícil? Muy difícil, pero vale la pena. Recordemos el paso uno: la Política no es el arte de lo posible, sino el arte de hacer posible aquello que es necesario.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba