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La última advertencia de Merkel

Scholz y Macron harían bien en tomar nota del método con el que la líder alemana ha tratado con Putin durante 16 años

Al mismo tiempo que se anunciaba la formación de un gobierno tripartito en Berlín, Angela Merkel se despedía con una última advertencia. En una reunión con el primer ministro polaco, los dos dirigentes llamaban la atención sobre el peligro de ignorar la amenaza que supone Rusia para el conjunto de Europa. Además de estar detrás de las crisis de Ucrania y Bielorrusia, todavía de resultado incierto, Vladimir Putin presiona sin tapujos cada invierno con su descarnada diplomacia del gas. Podría además estar preparando nuevos movimientos para dirigir la emigración desde Afganistán hacia la frontera europea.

El antiguo oficial de la KGB centra su política exterior en dividir y debilitar a sus vecinos occidentales. Lo hemos comprobado en España con las revelaciones recientes sobre la intervención rusa a favor del independentismo catalán más radical. Putin vive de la nostalgia, cuando su país era una superpotencia y jugaba en la primera división mundial. Trata de compensar las evidentes carencias de sus paupérrimas políticas domésticas con la proyección exterior de un nacionalismo agresivo. Ha encontrado en los ciberataques y en el control sobre la oferta del gas, cada vez más esencial para hacer posible la transición energética, dos instrumentos favoritos.

Angela Merkel no tiene por ahora un sucesor en la UE con un capital político internacional desarrollado. Pero tanto el nuevo canciller Olaf Scholz como el presidente francés Emmanuel Macron harían bien en tomar nota del método con el que la líder alemana ha tratado con Putin durante dieciséis años. Se trata de una combinación paciente de cooperación y de freno, reuniones y sanciones. Las cumbres cara a cara con el zar ruso le dan la visibilidad internacional que anhela. Las sanciones económicas le recuerdan que la UE habla también con el lenguaje del poder. Esta por ver quién en la Europa pos-Merkel es capaz de liderar esta estrategia de palo y zanahoria, que requiere un alto grado de unidad. La otra variable en una exitosa contención de Rusia es la coordinación con la Casa Blanca, donde cada día Joe Biden se inclina más por endurecer su política hacia Moscú.

 

 

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