La victoria aplastante de Magyar acaba con el antieuropeísmo de Orbán en Hungría
Tres partidos de derecha ocuparán al completo el Parlamento de Hungría, en el que no habrá un solo diputado de izquierda

Con el 77% de los votos escrutados, el partido opositor Tisza, de Péter Magyar ha obtenido este domingo 138 escaños de los 199 que componen el Parlamento de Hungría, contra los 55 del primer ministro Viktor Orbán. El partido Mi Hazánk, de extrema derecha, sería la tercera y última fuerza en alcanzar la presencia parlamentaria con siete escaños, lo que significa que en el nuevo Parlamento húngaro no habrá ni un solo diputado que represente a partidos de izquierda.
En todo caso, la participación histórica en estos comicios húngaros, del 80%, muy por encima del 73,5 % de las elecciones de 2002, parece haber ayudado a lo que los datos permiten ya avanzar como un cambio de gobierno. Esta seria sin duda la mayoría absoluta que todos los analistas coinciden en advertir que será necesaria para abordar un verdadero desmantelamiento de lo que se ha dado en llamar el «sistema Orbán».
«Somos cautelosos, precavidamente cautelosos», ha dicho Magyar en su primera intervención tras el cierre de las urnas. Cuando pronunciaba estas palabras, el todavía primer ministro Viktor Orbán ya había llamado por teléfono a Magyar «para felicitarnos por nuestra victoria».
«Hungría no es un estado funcional en este momento», advertía el que ya se perfila como el nuevo jefe del gobierno de Hungría sobre la situación de partida de su hipotético ejecutivo. «La gran mayoría del pueblo húngaro ha sentido lo importante y fatídica que era esta elección», proclamó, con gravedad, sobre un escenario provisional levantado en la Plaza Batthyány, donde reconoció que «nos estamos preparando para una provocación». Se refería a las declaraciones del partido del gobierno, Fidesz, sobre acusaciones de fraude y publicación de documentos internos de Tisza que sugerían que no acataría el resultado oficial. «Todos deben estar ahora en paz y serenos, esperemos el resultado, que si es como imaginamos y esperamos, podremos celebrar una gran fiesta húngara«, jugó con su propio apellido, que textualmente se traduce «húngaro».
Unas horas antes, después de depositar su propio voto, Magyar había valorado la trascendencia de estas elecciones señalando que «los húngaros están escribiendo historia, están eligiendo hoy entre Oriente y Occidente«. Se refirió al peligro de fraude electoral, que calificó como «un delito muy grave», e invitó a sus seguidores a dar cuenta de cualquier incidente que presenciasen a través de la página web tisztavalasztas.hu., donde a esa hora ya se habían recibido más de 60 denuncias. »No seremos un país sin consecuencias«, sugirió que su gobierno perseguirá los excesos y corrupción del anterior, aunque garantizó que los diputados de la oposición «tendrán los mismos poderes que los representantes de los partidos gobernantes y, si alguien intenta quitarles estos derechos, será Péter Magyar quien lo impida personalmente».
Planes de gobierno
El político respaldado por el Partido Popular Europeo, procedente del mismo sustrato ideológico del partido de Orbán, Fidesz, y gran admirador suyo durante toda su juventud, aprovechó además para esbozar sus primeras ideas de formación de gobierno, asegurando que no habrá macroministerios, sino ministerios separados de salud, educación y medio ambiente, y que está planeando un Ministerio de Interior que solo se ocupará de las fuerzas del orden. Tiene pensados incluso sus primeros viajes al exterior, que le llevarán a Varsovia, y Bruselas, por este orden. Cuenta con hacerse cargo de un presupuesto «completamente saqueado y vaciado» y de un país totalmente endeudado, por lo que considera muy urgente y una de sus grandes prioridades «volver a traer fondos de la UE a casa», además de la restauración de la libertad de prensa, la libertad académica y de la independencia del poder judicial, además del fortalecimiento de la cooperación del Grupo de Visegrado, con su apertura a Austria y Croacia.
«Ahora es el momento de estar muy tranquilos y muy inteligentes», llamaba también a la serenidad el veterinario y diputado independiente Ákos Hadházy, conocido por su labor como denunciante de casos de corrupción. «No hay elección que no pueda ser estafada por el poder en un régimen híbrido. La única pregunta es si se atreve a hacerlo«, señalaba. También expuso un posible escenario en el que »Lázár, Bohár, Balázs Orbán y los medios de comunicación están asustando con un levantamiento armado de la oposición, la propaganda lleva días hablando del reclutamiento de provocadores ucranianos. Si esto ocurre, hay que hacer hoy dos cosas: uno, jurar no soportar esto, y dos, saber que no vamos a cambiar las elecciones amañadas esta noche, ni mañana, y saber que esto solo puede hacerse pacíficamente, pero con mucha firmeza y persistencia«. Se refería a la publicación, durante la jornada electoral, de un documento interno de Tisza con un plan para las horas posteriores a las elecciones.
Denuncias de compra de votos
Los incidentes registrados en los colegios electorales fueron numerosos. Especialmente en las regiones más deprimidas, se denunciaron casos de compra de votos por parte de Fidesz. En Kerepes, por ejemplo, el presidente del autogobierno romaní local habló de una tarjeta valorada en diez mil forintos entregada a quien vote al candidato de Orbán, que en ese distrito es el ministro Balázs Hankó. Los medios críticos con el gobierno informaban sobre numerosos casos de furgonetas yendo y viviendo a los colegios electorales cargadas de votantes comprados. Algunos de estos votantes no reparaban en reconocer que habían recibido “entradas a una fiesta” o “una lavadora”. Aunque ambos partidos anunciaron por adelantado que todo será investigado, lo aplastante del resultado permite prever que las investigaciones no lleguen a dar la vuelta a la victoria de Magyar.
El el periódico afín al gobierno Origo hizo público un documento filtrado por un exmiembro del partido, Balázs Csercsa, que demostraría que el equipo de Magyar contemplaba una movilización callejera y presión internacional en caso de resultados adversos, que no esperaría al resultado final, sino que se declararía ganador pronto y recibiría al instante reconocimiento de la Comisión Europea y del Gobierno alemán, para «declarar a partir de ese momento que todos los votos que se cuenten posteriormente han sido fraudulentos». Origo denunciaba que se pediría a los seguidores de Tisza que ocupasen edificios públicos y llevasen a cabo manifestaciones violentas en Budapest al estilo del Maidán en Kiev, pero a la luz de los resultados ninguno de estos supuestos planes habría sido necesario.