Laura Fernández, la presidenta electa que tendrá que lidiar con la escalada de violencia en Costa Rica
La oficialista ganó este domingo las elecciones en primera vuelta al obtener el 48,5% de los votos; entre sus retos, devolver la seguridad a Costa Rica

Laura Fernández celebra su victoria tras conocer los resultados de las elecciones en Costa Rica –
Después de tres elecciones consecutivas, una candidata ha vuelto a ganar la Presidencia de Costa Rica en la primera vuelta, con el 48,5% de los votos, superando el umbral del 40%. Y después de 12 años, una mujer ha resultado electa por segunda vez para dirigir el rumbo del país centroamericano, la democracia más estable de Latinoamérica. Con estos dos hitos, comenzará la era de Laura Fernández Delgado, del Partido Pueblo Soberano, electa para el periodo 2026-2030, acompañada de dos vicepresidentes: Francisco Gamboa Soto y Douglas Soto Campos.
El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), además de oficializar los resultados y proclamar como ganadora a la candidata del oficialismo, ha revelado otros datos que calificaron de positivos, como un 70% de participación, que dista mucho de lo datos de 2022, cuando el abstencionismo alcanzó hasta el 40%.
Con Fernández, la derecha moderada también se asienta cómodamente en el país, asegurando cuatro años más de un gobierno conservador que parece seguir la tendencia continental de América, aunque con una derecha que a todas luces promete ser menos potente que la de Javier Milei en Argentina, la de Donald Trump en Estados Unidos o la de Daniel Noboa en Ecuador.
Menos carismática y menos polémica
Con 39 años, la presidente electa es licenciada en Ciencias Políticas y docente universitaria, y saltó al mundo político cuando fungió como ministra de la Presidencia y de Planificación y Política Económica del Gobierno de Rodrigo Chaves, el popular presidente quien finalmente confió en ella para continuar con el proyecto del ‘rodriguismo’, como suelen llamarle en Costa Rica al popular movimiento que se ha formado en torno a la figura del presidente saliente. Fernández ha sido clara: buscará que su mandato sea una continuidad del que llevó a cabo presidente, pero sabe bien que eso no bastará para que su gobierno dé resultados.
Menos carismática y, a su vez, menos polémica, de Fernández se espera que desempeñe un rol ‘más presidencialista’ que el de su antecesor, experto en saltarse las formalidades y en despotricar contra sus adversarios en público y en privado. A Fernández también se la evaluará por las medidas que implemente contra las principales preocupaciones de la Costa Rica de hoy, entre ellas, la creciente ola de violencia que ha aumentado la cifra de homicidios a preocupantes números históricos.
El 2025 fue el tercer año más violento registrado en Costa Rica, con una tasa de homicidios de 16.7 por cada 100 mil habitantes —superando a Nicaragua y Guatemala, por ejemplo—, muchos de ellos atribuidos por el Gobierno al narcotráfico y enfrentamientos entre bandas delictivas. A Fernández le corresponderá analizar la estrategia en materia de seguridad que se definió en 2022, cuando Chaves asumió el gobierno con la política ‘Costa Rica Segura Plus 2023-2030’ y que incluye giros parecidos al método salvadoreño de su par, Nayib Bukele, como la construcción de prisiones modernas y de máxima seguridad, así como la suspensión de las garantías individuales en algunas zonas del país para recuperar el control.
El 2025 fue el tercer año más violento registrado en Costa Rica, con una tasa de homicidios de 16.7 por cada 100 mil habitantes
Aunque se presentó como la candidata del «continuismo», Fernández no recibe un país sencillo de gobernar. Con una polarización creciente, deberá corregir rumbos y forjar nuevas alianzas para lograr un gobierno que trascienda incluso más que el de Chaves, porque, ahora sí, gobernará con un partido que tendrá mayoría legislativa, aunque insuficiente para imponer, de un tajo, un proyecto político hegemónico.
Parlamento oficialista
A la Asamblea Legislativa, pieza clave para asegurar cualquier tipo de gobernabilidad en el país, han entrado nuevos partidos y también, han salido otros cuantos. De los 57 escaños, el Partido Pueblo Soberano ha conseguido la fracción oficialista más grande desde los años 80 con 31 diputados. No fueron los 40 diputados que su principal líder parlamentaria, la diputada Pilas Cisneros, había prometido que conseguirían, pero de todas maneras, es un resultado envidiable para la oposición. Fernández y su partido dominarán la dinámica parlamentaria y necesitan solo nueve votos más para asegurarse el control legislativo y la implementación, sin barreras, de la agenda que marque el Ejecutivo.
El antecedente más cercano de una mayoría en la Asamblea, se remonta a 1982, cuando el socialdemócrata Partido Liberación Nacional, con el presidente Luis Alberto Monge, logró una fracción de 33 diputados. Desde ese gobierno, ninguna agrupación política había logrado superar el tope máximo de 29 curules. Hasta ahora.
De los 57 escaños, el Partido Pueblo Soberano ha conseguido la fracción oficialista más grande desde los años 80 con 31 diputados
La oposición se reparte los 26 escaños restantes, de los cuales 18 serán para el socialdemócrata Liberación Nacional, quien ya funge como el indiscutible líder de oposición y principal representante de la izquierda del país. Con siete escaños, se le sumará el Frente Amplio, un aliado seguro, por lo menos desde la perspectiva ideológica. El partido socialista, a pesar de ser una facción pequeña, será vital para bloquear o agilizar la agenda legislativa. Los últimos dos escaños se reparten entre dos partidos que han tenido uno de sus peores resultados electorales; la Unidad Social Cristiana, que en su momento representó la derecha del país; y la Agenda Ciudadana, una coalición de partidos de izquierdas.
