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Leni Riefenstahl, entre su fascinación por Hitler y su propia ambición asesina

El lado más oscuro de la cineasta, a la luz - Una investigación de Nina Gladitz

 

Día 20 de abril de 1938, 49 cumpleaños de Adolf Hitler. En el Ufa Palast de Berlín tiene lugar el estreno de Olympia, documental filmado por Leni Riefenstahl. De la fachada del cine cuelga una esvástica gigante. Al evento asisten las principales celebridades del Tercer Reich.

 

alternative textLa gran demostración del poder nazi. Un momento del rodaje de El triunfo de la voluntad, filmación del congreso del Partido Nacional-socialista en Núremberg, en 1934, con Leni junto a la gran águila de piedra del antiguo estadio de la ciudad.

En la enorme pantalla aparecen imágenes en blanco y negro de las ruinas de Olimpia, restos de estatuas, columnas y templos, artísticamente difuminados y envueltos en niebla; todo, acompañado por música de compositores del Romanticismo tardío. Aparecen cuerpos musculosos, lanzadores de jabalina y peso, jóvenes bailando, mujeres desnudas… son imágenes rodadas y montadas por Willy Zielke, un brillante cineasta ausente en la sala cuyo nombre fue borrado de los títulos de crédito nada más terminar la gala de estreno por orden de Leni Riefenstahl.

Mientras sus bellas escenas clásicas recibían el aplauso del público, el cineasta Willy Zielke se encontraba recluido en una institución para alcohólicos y marginados en Baviera. Riefenstahl había modificado y mutilado sus imágenes de Olympia y el desquiciado Zielke se había precipitado en una espiral de desequilibrio que finalmente lo llevaría a ingresar en un psiquiátrico.

Riefenstahl usó a gitanos como figurantes. Cuando acabó el rodaje, los mandaron a Auschwitz, a la cámara de gas

La tragedia de Zielke, la historia de una víctima de Riefenstahl prácticamente desconocida, aparece ahora documentada en un completo estudio de la también cineasta Nina Gladitz, que arroja una oscura sombra sobre la figura de la directora alemana más famosa de todos los tiempos. La investigación de Gladitz, recogida en un libro, se basa en materiales de diferentes archivos que ilustran con detalle la complicidad de Riefenstahl con el régimen nazi, así como el comportamiento cruel e inhumano que mostró con algunos compañeros de profesión.

Leni Riefenstahl (1902-2003) rodó tres filmes propagandísticos sobre los grandes actos de masas del partido nazi; entre ellos, El triunfo de la voluntad y Olympia, el documental sobre los Juegos Olímpicos de 1936. Y, ya durante la guerra, rodó Tiefland, película que el propio Hitler financió con unos seis millones de marcos.

Una más en el círculo selecto del nazismo

Riefenstahl formaba parte del círculo más selecto del Berlín nazi, aparecía en actos junto con Hitler y Goebbels, escribía cartas de alabanza a «mi Führer» y servía como rostro visible del régimen nacionalsocialista. «Es la única de las estrellas que nos entiende», escribió Goebbels en 1933.

 

alternative textPrestigio innato. Innovadora y creativa, mantuvo su prestigio ante la guerra. De hecho, El triunfo de la voluntad sigue siendo considerada la mejor película de propaganda de la historia.

 

A pesar de este pasado, la cineasta disfrutó de un sorprendente renacimiento en la recta final del siglo XX. En sus Memorias, publicadas en 1987, se presentó como artista apolítica, una creadora que no compartía las ideas de los nazis. La crítica cinematográfica alabó su talento como directora y el movimiento feminista la aplaudió como mujer independiente. Años después rodó una película submarina que fue todo un éxito y publicó un libro de fotografías sobre los nubas africanos.

La historia que cuenta hoy Nina Gladitz es distinta. En 1982, el canal público alemán Westdeutsche Rundfunk emitió su documental Tiempo de silencio y de oscuridad, un primer gran ajuste de cuentas con el mito Riefenstahl. En él, los miembros de una familia gitana hablan con Gladitz sobre sus experiencias al servicio de la cineasta.

Según la investigadora Nina Gladitz, «Leni Riefenstahl estaba poseída por una ambición asesina» y al tanto del holocausto

Riefenstahl usó a los gitanos internados en el campo de los gitanos de Maxglan, junto a Salzburgo, como figurantes en el rodaje de Tiefland. La acción de la película se desarrollaba en España, y la directora necesitaba actores que tuvieran un aspecto meridional. Años más tarde, la directora afirmó que la totalidad de los figurantes sobrevivió a la contienda. También aseguró que «después de la guerra había vuelto a ver a todos los gitanos que participaron en Tiefland».

Era mentira. Los descendientes de aquellos gitanos vertieron graves acusaciones contra Riefenstahl en el documental de Gladitz de 1982. Entre ellas, que trató a los figurantes como si fueran sus siervos, que la mayor parte fueron devueltos al campo de concentración cuando terminó el rodaje y que desde allí los enviaron a Auschwitz, donde murieron en las cámaras de gas. En su nuevo libro, Nina Gladitz prueba que más de 40 de los 53 gitanos de Maxglan fueron asesinados por los nazis.

Al llegar los aliados, la directora quemó gran cantidad de material. Se cree que eran escenas de la destrucción del gueto judío

Riefenstahl demandó a Gladitz. En 1987, un Tribunal Superior de Justicia de Karlsruhe falló en contra de la directora en tres de los cuatro puntos en litigio, pero eso no impidió que se autoproclamara ganadora del juicio y siguiera cultivando su imagen de leyenda del cine. En 2002, con motivo del 100 cumpleaños de Riefenstahl, muchos medios publicaron elogios a la cineasta, en los que su cercanía a los nazis se trataba como un pecado venial.

Gladitz presenta ahora muchos datos hasta ahora desconocidos sobre la falta de escrúpulos con la que se utilizó a los gitanos en el rodaje de Tiefland. También demuestra que Riefenstahl, a diferencia de lo que ella siempre sostuvo, estaba al tanto del Holocausto. Y destapa un comportamiento deplorable de la directora con colegas del cine.

Riefenstahl, en opinión de Gladitz, estaba poseída por una «ambición asesina». Se encargó de eliminar de los créditos de la película La luz azul el nombre de Béla Balázs, un judío húngaro, y aparecer como directora en solitario. Y se portó especialmente mal con el cineasta Willy Zielke. Boicoteó su película La bestia de acero, de 1935, para que fuera prohibida. Pero a él le aseguró que había apelado a Goebbels para que levantara la prohibición. Willy Zielke era uno de los cámaras de su equipo durante el rodaje de El triunfo de la voluntad, filme sobre el congreso del partido nazi de 1934 en Núremberg.

 

alternative textLoco por Leni. Según Nina Gladitz, Riefenstahl se aprovechó del trabajo del operador de cámara Willy Zielke, que acabó ingresado en un psiquiátrico.

 

También lo contrató para Olympia y le dio carta blanca para filmar las primeras imágenes del documental. Al firmar el contrato, Zielke había pasado por alto que Riefenstahl se reservaba el derecho de modificar el prólogo si lo creía conveniente. Y la cineasta hizo un uso muy generoso de esta prerrogativa, con lo que acabó volviendo loco –literalmente– a Zielke.

El cineasta fue internado en un psiquiátrico contra su voluntad y diagnosticado –erróneamente– de esquizofrenia. Comenzó un periplo de centro en centro que se prolongó durante años. Apenas ingresado en el sanatorio psiquiátrico de Haar, cerca de Múnich, Riefenstahl visitó al director de la institución. La conversación aparece recogida en sus memorias: «Debe recibir el mejor tratamiento. Yo me hago cargo de los costes».

Pero en los documentos del sanatorio no hay constancia de estas palabras. De lo que sí dejó constancia la esposa de Zielke es de que Leni Riefenstahl apareció por esos días en su casa de Múnich y se llevó todas las fotos que los compañeros habían tomado en el rodaje de Olympia.

En el gran libro de fotografías de Riefenstahl sobre la belleza en la competición olímpica publicado en 1937 figuran 30 instantáneas del propio Willy Zielke. Solo en la primera edición se mencionaba que el volumen también incluía fotos suyas, en las siguientes su nombre desapareció de los créditos. Riefenstahl se había apropiado de su obra. Siguió vendiendo con su nombre fotos de Zielke hasta el final de su vida, incluso las firmaba en persona.

 

alternative textExplotación gitana. En Tiefland, Leni empleó a 51 gitanos como extras. Los trajo de un campo de prisioneros cerca de Salzburgo y tras el rodaje fueron deportados a Auschwitz.

 

El diagnóstico de esquizofrenia de Zielke acabó teniendo consecuencias fatales. Uno de los llamados Tribunales Especiales de Salud Hereditaria, muy activos durante la época, ordenó su esterilización forzosa. La orden se llevó a cabo en 1937. Zielke escribió en sus memorias: «Yo rodé el prólogo de Olympia, y ahora pertenezco a la escoria de la humanidad». Y más adelante anotó: «Me llevan al quirófano. Me atan con fuerza. Noto cómo palpan mis partes […] de una forma desagradable y vergonzante. Me ponen anestesia local. Apenas hace efecto. Noto el corte en ambos lados, un tirón, un dolor terrible».

Según las investigaciones de Nina Gladitz, a los pocos días de la operación, Riefenstahl recogió a Zielke y lo llevó a Berlín para el montaje de Olympia, a pesar de la oposición del cineasta.

Zielke también estuvo muy cerca de ser víctima del programa de eutanasia nazi. En el marco de la llamada Aktion T4, más de dos mil personas con discapacidades físicas o mentales fueron recluidas a la fuerza y asesinadas solo en el sanatorio de Haar. Según Gladitz, Zielke evitó este destino gracias a Riefenstahl. La directora movió todos los resortes a su alcance para salvarlo, aunque lo hizo únicamente por su propio interés: necesitaba a Zielke para su siguiente proyecto, Tiefland.

 

alternative textTalento y longevidad.Dirigió, protagonizó y escribió el guión de su primera película, La luz azul. Después de la guerra filmó documentales sobre los Nuba y sobre el mundo submarino. Murió en 2003 a los 101 años.

Zielke fue incapacitado y tenía un tutor legal, un familiar de su madre. Aquello permitía a la directora de cine controlar a Zielke a su antojo. Empezó a pagar al tutor para que lo llevara allí donde ella lo necesitaba, por lo general a Berlín, para trabajar en el montaje de Tiefland. En el Archivo Regional de Dessau se encuentra el listado en el que el tutor anotaba las acciones que emprendía como custodio de Zielke, y en todas las páginas el nombre de Riefenstahl figura varias veces.

Willy Zielke nunca habló sobre lo que opinaba de su trabajo en Tiefland. La trama –un terrateniente español oprime brutalmente a sus campesinos hasta que uno de ellos lo asesina en defensa propia– sería años más tarde interpretada por los fans de Riefenstahl como una velada ruptura de la directora con Adolf Hitler, como un llamamiento al tiranicidio, una interpretación bastante aventurada a la que ni siquiera la propia Riefenstahl se acogió tras la guerra.

Leni no solo se encargó de la dirección de la cinta, también interpretó uno de los papeles protagonistas. Para la escena clave obligó a Zielke a ejercer de cámara una última vez. Cuando finalizó el rodaje, quedaban miles de metros de película por montar. Según las notas del tutor de Zielke, el 22 de octubre de 1944 viajaron por indicaciones de Riefenstahl a Kitzbühel, en el Tirol, donde la directora había alquilado un lujoso chalé equipado con todo lo necesario para realizar el montaje.

Willy Zielke se convirtió así en un «prisionero personal» de Riefenstahl, en palabras de Nina Gladitz. Como persona bajo tutela que era, solo podía salir de la casa con el permiso expreso de la cineasta, e incluso tuvo que entregarle sus cupones de racionamiento.

Escenas de la destrucción de un gueto judío

La guerra estaba teminando. Poco antes de la llegada de las tropas estadounidenses, la directora quemó grandes cantidades de material en el jardín de su chalé. Según un dosier de los servicios de inteligencia franceses al que Gladitz ha tenido acceso, aquel material incluiría escenas grabadas para una película hasta ahora desconocida sobre la destrucción de un gueto judío y que Riefenstahl tuvo que rodar por encargo directo de Hitler. Nadie sabe con certeza si esa película llegó a existir.

Tras la guerra, Leni Riefenstahl –persona de confianza del dictador– pasó por el pertinente proceso de desnazificación y solo fue clasificada como ‘simpatizante’. Tiefland no llegó a los cines alemanes hasta 1954. Casi todas las escenas en las que aparecían los figurantes procedentes del campo de los gitanos habían sido eliminadas previamente.

El cineasta Willy Zielke fue declarado mentalmente sano. Durante los años cincuenta, Zielke rodó películas menores, y solo pudo salir adelante gracias a la ayuda de los servicios sociales. En 1987, dos años antes de su muerte, recibió una indemnización de más de cinco mil marcos por la esterilización forzosa y por el viacrucis que sufrió en las instituciones psiquiátricas del régimen nazi.

 

 

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