Ciencia y TecnologíaHistoriaLibros

Los árboles, sabios y tiranos

En El Genio de los Árboles, uno de los libros más provocadores de estos últimos meses, la joven científica británica Harriet Rix revela cómo aprendieron a dominar los elementos y moldear nuestro planeta esos compañeros cotidianos, bien distantes de su estereotipo paciente y bondadoso; tiranos, más bien, y sabios con la malicia adquirida en un combate de 400 millones de años contra una realidad implacable.

Han sido uno de los más grandes elementos de nuestro destino, bloqueando físicamente con su follaje las corrientes de aire, canalizando con sus raíces el curso de las aguas y actuando como  verdaderos arquitectos de otros segmentos de la naturaleza; exploradores ciegos, en la cima de una serie de ajustes y ciclos bioquímicos guiados por hongos y bacterias y sobre todo extremadamente pacientes, movidos al ritmo de cuatro elementos fundamentales: el agua, el aire, las sales y la luz solar.  

La vida de la autora, nacida en Devon, al sudoeste del Reino Unido, ha sido de búsqueda desde la niñez aventurera en una región de bosques majestuosos, inspirada tal vez en antepasados como Francis Drake y Walter Raleigh; estudios de bioquímica en Oxford y un vagabundaje por el Cercano Oriente que le apasionó al punto de aprender árabe y estudiar la historia del imperio otomano, trabajar en el deminaje de terrenos en Turquía y en Iraq, donde la degradación ecológica le impactó hasta interesarse, de regreso a su país -por los trabajos de una abuela dendróloga y un ilustre científico y ambientalista- en colaborar en iniciativas conservacionistas y extender su labor divulgativa al campo audiovisual.

Harriet Rix

Hasta llegar a este libro, merecedor de críticas muy elogiosas, que no insiste en temas ya manidos como la comunicación y la simbiosis entre los árboles y su importancia para el hombre, sino en el proceso evolutivo hasta este mundo de extraordinaria variedad y belleza gracias a su dinamismo y sutileza; en suma, el viriditas o reverdecimiento, concepto adoptado por la autora a Hildegarde de Binge, precursora y santa patrona de la herborística.

No es sólo una historia científica de los árboles sino de reverencia a su impacto en nuestra imaginación, a partir de algo tan elemental como el efecto químico de la polifonía aromática que los especialistas han clasificado como esters, sesquiterpenos o polifenoles, sin comprehender el significado emocional de ese cocktail donde nuestro olfato puede detectar alrededor de un billón de diferentes olores.

Al verlos en apariencia inmóviles, subestimamos su capacidad de adaptación, similar e incluso superior a la del reino animal, para ajustarse con la fotosíntesis a los cambiantes ecosistemas, fabricando estructuras en forma de azúcar, desde que la clorofila evolucionó a bacteria marina para capturar y utilizar la luz solar que hasta entonces achicharraba a las primeras plantas surgidas del agua, produciendo una molécula en forma de corteza que brindase alguna protección.Y después, a medida que se reunían más y más células verdes, su combinación con la celulosa devino indispensable para la formación de troncos, elevar el flujo del agua y oponer una poderosísima coraza el ataque de hongos y  bacterias.

Hubo entonces que adaptarse a la tierra firme y de nuevo incumbió a los árboles la tarea de hacer amable un lugar inhóspito zarandeado por tifones, tormentas eléctricas y movimientos sedimentarios, donde proliferaron los ancestros de arañas y ciempiés mientras el subsuelo ocultaba una danza en que las raíces fueron mezclándose de la manera más caótica para generar bosques responsables de lluvias torrenciales que, al evaporarse, refrescaron los desiertos para que la vida ganase nuevos dominios.

Un proceso que podría calificarse de arrollador de no haber transcurrido en un lapso tan dilatado,  que Harriet Rix sigue con una mezcla de rigor académico y entusiasmo poético para redondear una obra que deja, literalmente, sin aliento, y estimula el respeto por unos seres en el momento más crucial, cuando nuestros intereses y los suyos han llegado a ser uno solo para la supervivencia de la civilización.

 

Varsovia, febrero de 2026.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba