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Los hutíes de Yemen entran en la guerra con sus primeros ataque contra Israel y amenazan el mar Rojo

Aliado de Irán, este grupo chií conforma el llamado «eje de la resistencia» junto a Hizbolá y Hamás y controla partes de su país desde las que puede poner en peligro el transporte marítimo global

Simpatizantes de los hutíes, en una imagen de 2024

                           Simpatizantes de los hutíes, en una imagen de 2024. (AFP

 

La guerra lanzada hace un mes por Benjamin Netanyahu y Donald Trump contra Irán se ha extendido a Yemen. Los rebeldes hutíes confirmaron este sábado el lanzamiento de sus primeros dos ataques contra Israel desde el inicio de la contienda y su portavoz militar, Yahya Saree, adelantó que sus represalias continuarán «hasta que cese la agresión en todos los frentes de la resistencia», que se extiende a Irak y el Líbano. Los israelíes interceptaron los misiles y no causaron daños. A última hora de la tarde, un dron lanzado desde Yemen fue interceptado en Eilat.

Si el cierre de Ormuz no era ya suficiente problema para la economía mundial, la entrada en escena de los hutíes amenaza directamente a la seguridad de la ruta marítima por el mar Rojo, vía principal para la mercancía que llega de Asia a Europa.

En 2023, poco después del inicio de la guerra de Gaza tras el atentado de Hamás del 7 de octubre, los rebeldes yemeníes comenzaron a lanzar drones y misiles contra Israel y contra buques en el mar Rojo que se dirigían al canal de Suez. Sus ataques obligaron a las navieras a evitar el paso por la zona y rodear el extremo sur de África, un desvío de miles de kilómetros y varios días de trayecto que aumenta los costes y plazos de manera considerable. Estados Unidos atacó cientos de objetivos en Yemen y el año pasado alcanzaron una especie de acuerdo de alto el fuego que se ha respetado hasta ahora. Israel también ha ejecutado en estos dos últimos años duros bombardeos contra el principal aeropuerto del país y sus puertos.

Los hutíes son en realidad zaidíes, una confesión derivada del chiismo que literalmente se traduce como ‘partidarios de Dios’, aunque se les conoce como hutíes por el clan que lidera al grupo desde 2004. Su gran modelo a seguir es la milicia libanesa de Hizbolá y su eslogan es: «Muerte a Estados Unidos, muerte a Israel, maldice a los judíos y victoria para el Islam». Los chiíes son apenas un tercio de los 24 millones de yemeníes, donde la mayoría es suní, lo que sirve para replicar el esquema de lucha sectaria que se produce a lo largo de toda la región con la parte chií apoyada por Irán y la suní por los países del Golfo.

La guerra se extiende y el único esfuerzo de mediación que se ha visto hasta ahora ha sido por parte de Pakistán, encargado de hacer de intermediario en el cruce de mensajes entre Washington y Teherán. Islamabad acoge conversaciones con los ministros de Exteriores de Arabia Saudí, Turquía y Egipto, en un nuevo intento de reforzar la mediación. El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, mantuvo además «amplias conversaciones» con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, para analizar la situación. Pezehskian advirtió a Sharif del plan «perverso» de Israel para extender la guerra por toda la región.

Trump combina los movimientos diplomáticos con el envío de refuerzos, y responsables militares citados por ‘The New York Times’ informaron de la llegada a Oriente Próximo de 2.500 efectivos de la 31ª Unidad Expedicionaria de Marines.

Guerra asimétrica

Irán sigue apostando por la guerra asimétrica para hacer frente a la superioridad de Estados Unidos e Israel y mantiene cerrado el estrecho de Ormuz para barcos de países considerados enemigos. El primer ministro de Tailandia, Anutin Charnvirakul, aseguró haber alcanzado un acuerdo con Teherán para cruzar el estrecho y se sumó a la lista de «amigos» junto a Bangladés, China, India, Irak, Malasia, Pakistán y Rusia. «Se ha alcanzado un acuerdo para permitir que los petroleros tailandeses transiten de forma segura por el estrecho de Ormuz», anunció Charnvirakul con el objetivo de aliviar la grave crisis energética que sufre un país que depende del petróleo del Golfo.

Además de activar a sus aliados hutíes, los iraníes lanzaron drones contra el aeropuerto internacional de Kuwait, dañando su radar, y el puerto de Salalah, en Omán. Baréin y Emiratos Árabes Unidos interceptaron decenas de drones y misiles y funcionarios estadounidenses afirmaron que 12 soldados resultaron heridos el viernes, dos de ellos de gravedad, en un ataque contra una base militar en Arabia Saudí. En este ataque, los iraníes también causaron daños importantes en al menos dos aviones militares.

Israelíes y estadounidenses intensificaron las operaciones tal y como adelantó el ministro de Defensa, Israel Katz. 24 horas después de bombardear las dos mayores acerías del país y dos plantas nucleares, las bombas alcanzaron los terrenos de la central nuclear de Bushehr, al sur del país. Este ataque, el tercero en diez días, no causó daños, según el Organismo Internacional de Energía Atómica, que fue informado del ataque por Irán. La lista de objetivos se extendió también a universidades y destrozaron la Universidad de Ciencia y Tecnología en Teherán. La extensión de ataques a fábricas y zonas civiles deja a los iraníes presos entre un régimen cada vez más en manos del sector duro y unos bombardeos terroríficos de Trump y Netanyahu.

 

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