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Los viajeros más intrépidos

 

Una de las formas más dramáticas de comportamiento estacional en las aves de Norteamérica es la migración: El movimiento regular entre áreas de cría e invernada. Cada año, cientos de millones de aves pertenecientes a unas 300 especies viajan del Hemisferio Norte a Centro y Sudamérica, escapando del invierno boreal por escasez de alimentos; incluyen principalmente paseriformes (reinitas, atrapamoscas, paraulatas)  muchas aves playeras y algunas rapaces.​ A Venezuela llegan 116 de éstas especies y la mayoría de ellas permanece durante toda la invernada.

La migración es distinta de otros tipos de movimientos porque es estacional, predecible y se repite cada año. Ocurre cuando los beneficios de invernar en zonas alejadas superan los costos energéticos y de mortalidad. Pero entonces ¿por qué no residen en esas zonas con clima favorable todo el año? La justificación biológica es que regresan al norte para reproducirse, porque aprovechan los alimentos estacionales abundantes, los días largos y la menor densidad de depredadores y parásitos de nidos de los trópicos.​

 

 

Las migratorias realizan vuelos diurnos o nocturnos; pueden ser largos sin parar sobre océanos, desiertos y montañas, o cortos («saltos» de unos 300 km) con paradas para descansar. Se dividen en planeadoras y no planeadoras. Las planeadoras ascienden en círculos a horas del mediodía en las corrientes térmicas y planean entre éstas con pocos aleteos. Las no planeadoras vuelan de noche porque el aire fresco es menos turbulento y las ayuda a mitigar el calor del vuelo propulsado.​

El combustible ideal para estas aves es la grasa que van acumulando y almacenan bajo la piel distribuida en diversas cavidades con una distribución eficiente del peso; las de corta distancia almacenan entre 15 y 25% y las de larga distancia hasta 50% o más de su peso corporal.​

 

 

Se ha investigado durante mucho tiempo cómo encuentran su camino las aves migratorias a través de vastos espacios geográficos y se sabe que para ello dependen de diversos sentidos y comportamientos.

La Orientación: Es la capacidad del ave de usar una brújula interna para volver a sus sitios específicos de invernada o de cría anualmente. La Brújula solar le permite usar la posición solar en conjunto con su reloj circadiano. La Brújula estelar ofrece una referencia absoluta de las estrellas a cualquier hora. La Brújula Magnética, última verificada experimentalmente, ahora se considera la básica para muchas aves.​

La Navegación: Es la capacidad de encontrar una ubicación geográfica desde un punto de partida conocido y requiere algún tipo de mapa interno. El 75% de migratorias de Norteamérica siguen rutas históricas definidas por costas, montañas y ríos; se cree que usan un campo magnético terrestre como base.​

El icónico B95: Es un Playero Rojizo (Calidris canutus) anillado en 1995 en Tierra del Fuego por Patricia González. Viaja de tundras árticas canadienses al estuario sureño, recorriendo 32.000 km de ida/vuelta anual (de feb-mar a oct-nov). Vuela de noche y para en humedales clave para alimentarse y descansar.​

Apodado «Moonbird» por recorrer la distancia de la Tierra a la Luna en sus viajes. Vivió 18 años, superando las expectativas de su especie, pese a amenazas humanas y cambio climático. Se convirtió en símbolo de resistencia de las aves migratorias y la necesidad de proteger sus hábitats.​

 

 

 

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