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Marcelino Miyares: Una Bitácora Cubana (XLVI)

1 – Siguiendo el agravamiento de la situación general –económica, política, social- de la Isla, las respuestas del Gobierno, y de su cabeza más visible, Miguel Díaz-Canel, son contradictorias, por decir lo menos.

Ana León, en Cubanet, titula: “Díaz-Canel y un silencio que presagia tormentas”. Unas tormentas que al parecer son inevitables; el hombre se ausenta por días, para volver luego y dar declaraciones que nadie comprende. Desde afirmar que “Cuba ha tenido un buen verano” cuando la imparable caída del turismo es uno de los signos más evidentes de los extravíos económicos del régimen; hasta sus esfuerzos para impedir la recesión total. ¿Otro Periodo Especial? ¿Algo incluso peor? Ya nada sorprende de los seguidores-herederos del fidelismo. Veamos un extracto de la nota:

“A pesar de las medidas aplicadas -tope de precios, aumento de salarios, agilización de trámites-, el panorama no pinta bien para el ingeniero, que en una nueva encuesta de la organización peruana Ipsos ha sido calificado como el segundo peor gobernante de América Latina, solo superado por el dictador Nicolás Maduro”.

A medida que la situación empeora, que se le cierran las puertas en el exterior, que salvo algunos líderes trasnochados de la izquierda, ya todos saben quiénes son y lo que son, tratan de sostenerse con uñas al poder, aumentando la represión, que incluso va más allá de los terrenos normales de los opositores políticos, los activistas sociales o el periodismo independiente. Todo ciudadano que emita la más mínima crítica no necesariamente al Gobierno, sino a la situación imperante, es sospechoso de traición a la patria.

 

(…) “Todos son tildados de contrarrevolucionarios: los jóvenes que intentaron salvar Snet, el ala impenitente del colectivo LGBTI, los que hicieron campaña para bajar los precios de Internet, el usuario que denuncia atrocidades en su cuenta de Facebook, y hasta los muchachos que se agarran a puñetazos en la vía pública. El mero hecho de provocar tumultos o defender una causa colectiva desde las redes sociales, ya es asumido como un acto de disidencia que tiene a la policía repartiendo tortazos sin miramientos, y a los esbirros de la Seguridad del Estado mostrando su talante más rufianesco.

No en balde ha caído el velo que mantuvo a la figura de Díaz-Canel entre la duda y la esperanza durante los primeros meses de su mandato. Los que confiaron en que por tratarse de un civil haría las cosas de otra manera, deben sentirse muy decepcionados. Aquí abajo todo ha entrado en erupción”.

Para el ciudadano común es más claro que nunca que “donde el Estado pone la mano, crece la miseria”. (…)

“Los negocios privados están vacíos, con las puertas abiertas de par en par y los dependientes abanicándose en su ocio, tan “pasmaos” como los que mal trabajan en las farmacias y en las TRD; locos por terminar su jornada e irse a casa a fantasear con la vieja Europa, o con esos Estados Unidos que cada día echan más cerrojos, para dolor de los inmigrantes”.

Miguel Díaz-Canel

2 – La conducta de Díaz-Canel es doblemente inquietante, por evasiva a ratos, pero también por la respuesta automática de la represión y de las mismas viejas políticas económicas que muestran que a pesar de ser más joven que sus mentores, es igual de ignorante en los temas de la gestión de una sociedad que, sobre todo en sus grupos más jóvenes, no se resigna a ser simplemente mano de obra esclava barata.

Diario de Cuba, en un editorial “También Díaz-Canel debiera pensar como país”, reafirma la merecida crítica al régimen, luego de unas recientes declaraciones de Díaz-Canel en la prensa oficialista (a ratos pareciera que quiere estar en todo, para al final no estar en nada), que dan a entender que ellos no piensan como país –es decir como una sociedad de ciudadanos iguales ante la ley, con aspiraciones de crecer como personas, con metas y sueños tanto individuales como comunitarios- sino como un régimen donde el partido y sus líderes son los únicos con reales derechos; para el resto, solo deberes. Sigamos el editorial:

La prensa oficialista cubana insiste en que, para superar la actual coyuntura hay que «pensar como país». Mientras tanto, el Gobierno piensa principalmente en cómo mantenerse en el poder, sin importar cuánta felicidad individual tenga que sacrificar para ello.

Las autoridades cubanas no piensan como país, sino como régimen. Cuando Miguel Díaz-Canel denuncia ante las cámaras que tal o más cual vehículo no ha recogido pasajeros en una parada, o cuando anuncia líneas telefónicas de atención al pueblo, lo hace menos por el bienestar de la población que por redoblar la vigilancia y la represión.

Pero si lo que el presidente procura fuera, en primer lugar, el bien del país, tendría que reconocer que este depende de la riqueza económica que su gente sea capaz de crear. Un Díaz-Canel que pensara como país daría pasos en pos de la liberación de las iniciativa e imaginación económicas. Y no solo entre los cubanos residentes en la Isla. Si la exigencia de pensar como país hecha a la población es también requisito para la dirigencia política, el quid de la cuestión estriba, no en ir “más apretaditos”tal como avisara el propio Díaz-Canel, sino en ir cada vez más sueltos y más libres”.

3 – En la Bitácora anterior mencionamos la prohibición del Gobierno a todos sus funcionarios del empleo de términos negativos a la hora de juzgar la realidad coyuntural, en especial no hablar de, ni usar, el término “periodo especial”. Sergio Ramos, en Cubanet, desentraña ese Nuevo al igual que Viejo gran fracaso. Por su claridad e importancia reproducimos la nota casi en su totalidad:

“De nuevo llega a Cuba un nuevo “periodo especial”, o lo que en el buen sentido las ciencias económicas llamaríamos una depresión. Para anunciarlo, la alta cúpula de la dictadura montó otro acostumbrado espectáculo mediático en donde la marioneta en jefe, Miguel Díaz-Canel, dio a conocer una larga lista de productos faltantes, alegadamente provocados por una seria escasez de combustible que limita el transporte de las materias primas, los alimentos y demás productos a las fábricas y al consumidor, siendo, como es de costumbre, el pueblo cubano el más afectado:

Tras el anuncio no podía faltar el demagógico justificante, echando la culpa de todos esos males al gobierno americano, o como dirían los guajiros, “la culpa la tiene el totí”. Nada nuevo.

Pero la realidad de esta nueva depresión económica es otra. Esta crisis, como las anteriores, se debe a un mal intrínseco del modelo sociopolítico y económico imperante en Cuba.  El sistema económico, político y social impuesto en la isla por la dictadura castrista es uno copiado del antiguo modelo comunista de planificación central y de absoluto control social por parte de una minoría (al igual del que imperó en la extinta Unión Soviética). Un modelo caracterizado por la división del pueblo en dos marcadas clases sociales: La minoritaria de los privilegiados del poder y la mayoritaria del oprimido y empobrecido pueblo.

En Cuba salta a la vista la ausencia de libertad para divulgar ideas, para crear empresas y beneficiarse del fruto del emprendimiento. No se puede promover el mercadeo de productos entre la población y el mercado internacional. Hay serias limitaciones para que el consumidor pueda acceder libremente a los productos. Todo ello, sumado al salario miserable que reciben de los trabajadores, genera una desmotivación natural, que deriva en una incapacidad ciudadana para el emprendimiento y el desarrollo económico.

El contraproducente efecto del modelo de planificación centralizada y control estatizado es la improductividad, que genera pobreza y subdesarrollo. Estas, a su vez, fomentan en la población la búsqueda de vías de escape, como la corrupción, la economía subterránea y la fuga de recursos humanos hacia otros países.

La ausencia de libertades económicas -en conjunción con la falta de libertades ciudadanas y la inmovilidad social redunda en la desmotivación en los trabajadores para producir. También desincentiva a los individuos para crear negocios e innovar en materia de agrícola, comercial e industrial, generando el estancamiento y hasta el decrecimiento económico y haciendo que el sistema se torne totalmente ineficiente e improductivo. La consecuencia final es el empobrecimiento del país y, más aún, del ciudadano común.

Como consecuencia del empobrecimiento nacional generado por la improductividad del sistema económico, el país se ve obligado a depender de otras poderosas naciones para el sostenimiento cotidiano de la población. Así, a lo largo de las seis décadas de comunismo en Cuba, hemos visto como la isla ha estado siempre subordinada a otras naciones.

Desde que el tirano Castro impuso el sistema totalitario comunista y entregó la soberanía de Cuba a la URSS, hasta el desplome del llamado campo socialista a finales de la década de los ochenta, Moscú controló la economía y nuestra política, siendo Cuba un país dependiente de dicha potencia mundial. Una vez desaparecida la Unión Soviética, el país entró en una seria crisis económica (primer periodo especial), su primera gran depresión.

Con el posterior advenimiento del chavismo en Venezuela, la dictadura cubana pasó la factura de sus apoyos a cambio del petróleo venezolano; pero con el transcurso del tiempo, en la medida que la dictadura de Nicolás Maduro se arrimaba al modelo comunista, la economía venezolana entró en crisis a causa del mismo mal que achaca intrínsecamente ese modelo económico: improductividad y recesión económica permanente.

Actualmente, a causa del desplome económico en Venezuela, a la dictadura de Maduro se le ha hecho imposible abastecer las necesidades de combustible de Cuba.

En el presente, tras las paredes del Consejo de Estado, la minoritaria casta gobernante busca desesperadamente un nuevo sustentador en China y en Rusia, a cambio de entregar una vez más la soberanía del país. Todo con el egoísta propósito de mantenerse ostentando el poder absoluto para continuar su enriquecimiento, subyugando y explotando al pueblo cubano.

Cuba es un país con potencial de crecimiento, pero bajo las actuales condiciones es imposible que alcance su desarrollo económico, porque el sistémico de “bloqueo” interno lo impide.

Para lograr el progreso y el desarrollo económico en la isla, será necesario un cambio total y radical de las estructuras políticas, sociales y económicas del país hacia un modelo de democrática pluralidad política, donde estén garantizadas plenamente los derechos humanos y políticos para todos los ciudadanos, con una sociedad abierta e inclusiva de todos los cubanos y una economía de libre mercado.

Cabe recordar a Martí cuando decía: “Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro, se hace servir de él. El que quiera ser libre, sea libre en negocios” de ahí que también nos dijera que “Los pueblos de hombres prósperos y laboriosos, son los únicos verdaderamente libres”.

4 – Otro tema específico que muestra la magnitud de la crisis es la “crisis energética”. Pablo Alfonso en su blog, “El Timbeke”, nos indica la realidad de lo que pasa. Racionamiento de combustible, juegos de pelota de día para ahorrar luz, transporte público y de carga más reducidos, limitación del consumo eléctrico en empresas, comercios, todo tipo de servicios, en centros educativos. Ningún sector de la sociedad se escapa de la garra de la escasez de un bien esencial para el funcionamiento normal de un país. ¿Llegarán a Cuba los apagones con la misma intensidad a la que han llegado a Venezuela?

La explicación oficial es la misma de toda la vida: “el bloqueo gringo”.

¿Cuál es la verdad de la crisis que obliga a implementar las actuales medidas? ¿Está almacenando el régimen la mayor cantidad de combustible posible para días peores?

«Esa puede ser una explicación. Otra, son las sanciones económicas de Estados Unidos que suman dificultades financieras a Cuba. Una tercera es parte del legado de Fidel Castro. Se trata de los grupos electrógenos introducidos por Castro para producir electricidad y que son grandes consumidores de diésel.

Bajo la consigna de la Revolución Energética en 2006, Castro desechó las inversiones en las termoeléctricas en favor de los grupos electrógenos, coordinados entre sí y conectados a la red nacional eléctrica. Ese fue uno más de sus planes descabellados que le ha costado al país cientos de millones de dólares. (…)

Cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba (ONEI), indican que en 2018, la electricidad generada por los grupos electrógenos representó un 27,1%. Ese año Cuba importó 1 millón 378 mil toneladas de diésel, una cifra mayor que el millón 165 toneladas importadas de fuel oil, combustible que utilizan las termoeléctricas. Las cifras de la ONEI muestran que en 2017 el consumo de diésel aumentó un 92% en relación con 2016.

Mientras Venezuela garantizaba el suministro de combustible esas cifras no eran un problema energético para Cuba. Pero la situación ha cambiado».

Hace una década Venezuela producía 3.28 millones de barriles de petróleo diarios, mientras que ahora la producción venezolana apenas supera los 732 mil barriles diarios.

Por eso puede afirmarse que la actual crisis energética de Cuba tiene su origen en Caracas y no en Washington. Cuba carece de recursos financieros para adquirir en otros mercados el diésel y fuel oil que necesita.

La dictadura comunista cubana está de nuevo ante la misma coyuntura que se presentó hace un cuarto de siglo. La dependencia de la extinta Unión Soviética provocó el tristemente célebre Período Especial. Bautizado con otro nombre la situación ahora es semejante. ()

El poder real, la élite que gobierna a Cuba desde la cúpula del Partido Comunista, sabe que los días de Nicolás Maduro, están contados, y prepara a sus súbditos para un escenario incierto.

Federica Mogherini, en una rueda de prensa sobre Cuba

5 Luis Cino Álvarez, en su nota “Mogherini y la democracia de partido único” comenta la reciente visita a Cuba de Federica Mogherini, a Dios gracias por muy poco tiempo más la Comisaria Europea para las Relaciones Exteriores.

Se pregunta el periodista el porqué de la “benevolencia” de la socialista italiana con la dictadura enquistada en la Isla; vino a ultimar un acuerdo que determine las relaciones entre la Unión Europea y Cuba. Y al igual que lo ocurrido con la visita de Michelle Bachelet a Venezuela, Mogherini llegó a Cuba en medio de una nueva ola represiva, ante la protesta de UNPACU convocada para el día 8 de septiembre. Como dice el analista, el gobierno ni se inmutó ni intentó disimular la represión. La diplomática tampoco se dio por enterada.

En las palabras de Luis Cino:

“Federica Mogherini ha sido crítica con el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, pero con respecto al régimen castrista es sumamente comprensiva. Al extremo de que ha llegado a definir como “democracia de partido único” a una dictadura de 60 años que no da señales -pese a sus anunciadas intenciones de cambiar todo lo que deba ser cambiado- de aumentar el margen de libertades políticas de sus súbditos.

Siendo italiana, va y los cuentos de los mayores de su familia sobre lo puntuales que eran los trenes bajo el régimen de Mussolini, han logrado convencer a Mogherini de la viabilidad de “las democracias de partido único”.

Cuesta imaginar los motivos de la benevolencia de Mogherini con el régimen. ¿Será que no quiere irritar a los castristas para conseguir que hagan concesiones políticas? Si se tiene en cuenta los resultados del buenismo con estos, es dudoso que lo consiga.

Lo que prima en Mogherini, por encima de consideraciones políticas o de la preocupación por los derechos humanos, son los intereses económicos europeos en Cuba. Más que por hacer que Cuba avance hacia la democracia y el estado de derecho, a Mogherini le preocupan los intereses de los inversores europeos, amenazados por la implementación por el gobierno norteamericano del título III de la Ley Helms-Burton.

En un momento en que la economía cubana está cada vez más deprimida y el régimen pide por señas las inversiones extranjeras, Mogherini, tan pronto llegó a La Habana, declaró que Cuba es “un socio clave” para la Unión Europea.

Mogherini dice que la Unión Europea está firmemente comprometida con el desarrollo de Cuba, pero se hace de la vista gorda con la falta de libertades, la represión y las violaciones de los derechos humanos.

La Alta Representante de la UE debe pronunciarse contra la represión y exigir al régimen castrista que emprenda el camino de la democracia y el estado de derecho y  respete los derechos humanos. De no hacerlo, se hará cómplice de la dictadura y estará negando a los cubanos la posibilidad de exigir y disfrutar de los mismos derechos que los ciudadanos de los países de la Unión Europea”.

 

Marcelino Miyares, Miami, 23 de septiembre de 2019

 

 

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