Marcos Villasmil – Copei: 80 años
COPEI, el instrumento partidista demócrata-cristiano de Venezuela cumple 8 décadas de su fundación, el 13 de enero de 1946.
Es bueno recordar algunos hechos y consideraciones que destacan la presencia del partido desde sus inicios, incluyendo su lucha contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y su época de mayor contribución al progreso y avance en libertad, durante los reconocidos 40 años del periodo 1958-1998, donde dos ilustres demócrata-cristianos, Rafael Caldera y Luis Herrera Campíns, ejercieron la presidencia de la República.
La legitimidad de COPEI, como partido DC, derivó en primer lugar de ser una comunidad de ideas, un proyecto cultural-político. A ella, se unían otras legitimidades, quizá no jurídico-formales, pero necesarias: su capacidad de dar respuesta racional y programática a los problemas nacionales; la presencia cualitativa en el mundo de la cultura y de la ciencia; la posibilidad de engranaje permanente con las instituciones plurales de la sociedad. Un instrumento civilizador, como fue la hermosa gesta que se expresara institucional y programáticamente, primero en el llamado Pacto de Puntofijo, y luego en la Constitución de 1961.
En tal sentido, es indudable el aporte demócrata-cristiano a los avances y logros de nuestro país.
Así como puede señalarse que no hay república civil sin el espíritu del Pacto de Puntofijo, del mismo modo no sería exagerado afirmar que no podría haber habido Pacto de Puntofijo sin democracia cristiana, es decir, sin COPEI. Y en ese momento COPEI estuvo a la altura de los retos planteados. Y fue un COPEI fundado y dirigido por jóvenes, sin los cuales no hubiera sido posible la creación de un instrumento politico demócrata-cristiano en nuestra tierra.
El gran liderazgo fundador de la democracia venezolana tenía no sólo dotes políticas, sino también intelectuales. Y en el caso de COPEI se partía de los grandes aportes del pensamiento social del cristianismo, de la doctrina social de la iglesia católica.
Sus esfuerzos, de décadas, no fueron labor de meros pragmáticos aspirantes al poder. Y es que ellos, desde el comienzo, lo tuvieron claro: Esos jóvenes, alejados de las dos modas ideológicas predominantes a mediados del siglo pasado, la marxista y la liberal, simultáneamente a la creación y desarrollo de instrumentos partidistas, elaboraron doctrina. Debatieron. Pensaron su país. Soñaron con una sociedad mejor, democrática, pluralista, republicana.
Lucha por el poder, sí. Pero también lucha por la verdad democrática y republicana; con una lealtad permanente a los valores republicanos y democráticos, incluso más allá de nuestras fronteras. Los Gobiernos demócrata-cristianos impulsaron una política internacional de apoyo a las luchas democráticas continentales, por encima de ideologías, y asimismo, de rechazo permanente a todo tipo de totalitarismo, fuera de derecha o de izquierda.
Un reto fundamental de la democracia cristiana hoy es hacer llegar un mensaje humanista cristiano a toda la sociedad venezolana, en especial a los jóvenes. Un mensaje centrado en reales formas de participación, y en una economía generadora de riqueza distribuida con justicia social y respeto a los derechos humanos de todos, con el claro objetivo de derrotar la pobreza, por vía del triunfo de la solidaridad entre y con las personas, así como de la generación de riqueza, y no del paternalismo estatal.
Una fortaleza es, sin duda alguna, la vigencia de la doctrina, de la visión del mundo.
El relanzamiento del humanismo cristiano en Venezuela (y en América Latina), debería hacerse partiendo del reconocimiento de los cambios culturales, tecnológicos, económicos y sociales que afectan a la sociedad del siglo XXI, sin duda alguna, pero también desde la hermosa historia de la constitución de las democracias que plenaron la región, en donde el humanismo cristiano hizo aportes concretos y en muchos casos decisivos.
Otra fortaleza que se puede perfectamente asumir es que, gracias a nuestro pensamiento y a nuestra doctrina, estamos en una posición privilegiada a la hora de establecer diagnósticos y correctivos a las causas reales de la actual crisis geopolítica mundial, siempre desde las filas defensoras de la libertad. Dentro de la libertad es factible reconocer la dignidad del trabajo y de los trabajadores; dentro de la libertad es asumible un Estado solidario y subsidiario, que fortalezca y promueva una sociedad como comunidad solidaria de personas al servicio del bien nacional y general. Nada como el pensamiento humanista cristiano para identificar y señalar los caminos diferenciados y diferenciadores entre libertad y libertinaje, entre persona e individuo, entre federalismo y centralismo, entre solidaridad y paternalismo.
Lo anterior podrá lograrse entendiendo que el reto de un humanista cristiano es siempre actuar con base en ideas; la acción debe seguir al pensamiento, y no viceversa.
De lo anterior se deduce asimismo que el trabajo de formación y preparación de los jóvenes es prioritario. En ellos hay que promover la discusión de ideas, recordando que el mensaje humanista cristiano es planetario. Para la DC, la tarea política siempre ha sido labor pedagógica.
Para ello, obviamente habrá que pensar en cuál será el instrumento partidista adecuado. Aceptemos, de forma autocrítica, que la convivencia, desde hace muchos años, ha dado paso a una mera sobrevivencia de siglas y símbolos, y poco más.
Al igual que buena parte del sistema partidista nacional, por razones harto conocidas, COPEI, como comunidad de ideales y de principios, tiene años viviendo un proceso más de resistencia que de existencia.
Al verse un partido político disminuido en sus funciones de captación, de movilización, de convocatoria, de formación, de debate, y perder por ende legitimación, disminuye asimismo su fuerza como instrumento generador de una determinada conciencia colectiva. Del mismo modo, su presencia en el escenario público, con propuestas, ideas u opciones de políticas públicas se desvanece, actuándose casi siempre de manera reactiva.
Por supuesto, como sucede en toda organización compleja, la democracia cristiana sigue manteniendo liderazgos individuales –militantes o no de COPEI- que todavía siguen siendo reconocidos por la opinión pública. Pero el hecho es que Venezuela necesita una democracia cristiana capaz de liderar, junto al resto de la institucionalidad democrática, el renacer nacional, y con un liderazgo que justifique su existencia en términos de bien común general. Con una nueva forma de liderar mediante el debate fructífero y dialógico, que recree vínculos, y restablezca significaciones comunes.
Los jóvenes dirigentes demócrata-cristianos del futuro, deben unirse con los jóvenes dirigentes de otros partidos democráticos, y construir su propio Puntofijo. Su modelo de sociedad democrática, que incorpore todos los avances y logros por demás evidentes en otras sociedades mejor ordenadas y organizadas.
Y respetuosos de nuestra historia, tengamos siempre como Norte el espíritu del COPEI fundacional, el de 1946.
